Estrella roja, de Alexander Bogdánov

Tú mismo, al ser un revolucionario ruso, debes entendernos mejor de lo que lo haría la mayoría.
Habíamos oído hablar del arte soviético como un arte dirigido desde el gobierno y basado en tres principios fundamentales (esto lo hemos leído en Contra la censura, de Coetzee):
1. Entusiasmo partidista. (partiinost)
2. Conciencia ideológica. (marodnost)
3. Conciencia de clase proletaria. (ideimost)
Habíamos oído que todo arte “experimental” era burgués, porque no lo entendía la mujer que pelaba patatas ni su hijo subnormal.
Habíamos oído que en Rusia se escribían novelas “socialistas” que comprendía todo el mundo y aleccionaban al tiempo que entretenían.
Habíamos oído todo esto pero sólo ahora, con esta novela de pacotilla que nos trae Nevsky Prospects, hemos entendido el concepto.

Empieza la historia vivaz y directa, de prosas campechanas, con un tipo que pierde novia y gana un curro: un señor le invita a unirse a la cosa de los viajes interplanetarios, que hay que salir un poco de Rusia, tron. El tipo acepta el trabajo, porque así son los rusos: curiosetes.
Sigue que el tipo que va ofreciento trabajos interestelares a solteros socialistas se quita una “máscara” y resulta ser un marciano, más feo que su puta madre. Tendrás que acostumbrarte a lo feo que soy, va que le dice. Y así son los rusos: se acostumbran.

Vuelan vuelan por los éteres un rato, en la nave espacial marciana, que está llena de marcianos. El jefe marciano explica un poco algunas palancas y magnetismos, y asoma un Spock pajillero por algunas compuertas. Guay.

Hasta ahí, parece una novela juvenil, para después de la nocilla.
Sin embargo, de que llegan a Marte, empiezan a caer los recados del catecismo, y nos damos cuenta de que esto no es una novela steampunk ni pollas en vodka: es un jodido catálogo del Ikea comunista, con la literatura convertida en llave Allen.
Pues llegan a Marte (planeta rojo) y las plantas son todas rojas y enseguida cada capítulo va pa un tema: educación, arte, fábrica, ropa, género, gobierno… En Marte, mira tú, son socialistas, y todo es de la puta madre de fetén. El prota se maravilla de lo bien que va un planeta comunisto, que nadie lleva zapatillas de marca ni inteligencia: son todos idiotas por igual.
Luego hay un poco de amor, que los soviéticos también se aburren de la tele.
El jefe marciano se llama Menni. Sí, Menni.

Una de las novelas más imbéciles que he leído en mi vida. Socialismo de pizarrita, paternalista; en el capítulo 7 prohíben fumar en los bares.

Normal que cayeran.

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