Zumbido, de Juan Sebastián Cárdenas

De Perú a Colombia, en un vuelo cordial por la literatura de nuestros hermanos panchitos latinoamericanos.

Si ayer recogíamos las excelencias de ese gran maricón escritor que es Jaime Bayly, en su estupenda novela sobre putas amor, asesinatos aleatorios, amistad y violaciones de vírgenes lechos nupciales, hoy viajamos a ese país de mierda llamado Colombia, nación que no sólo importa cocaína maravillosa café torrefacto, sino que también nos trae a putos escritores para que quiten a los escritores españoles sitio en donde publicar enriquecer nuestra cultura.

Publica 451 editores, que ha despedido a toda la plantilla empresa modélica de prometedor futuro.

De: Google Hijos de Puta Censores
A: Juan Mal-herido
Asunto: Supervisión
Estimado Juan, vas muy bien. La enmienda que notamos en tu blog está siendo muy apreciada por nuestro jefe de correción política, Sr. D. Querubín Uribe. (Nota por favor que es colombiano y tienes tu gran chance de ver retirado el FILTRO que te hemos puesto.)
Saludos,

Amamos a Juan Sebastián Cárdenas. Que haya venido a quitarnos las becas de la Residencia de Estudiantes aportar esa nueva voz, esquinada, metálica, moderna, y que critica el panorama literaria español después de que le publicamos y le damos becas, qué huevos por fin nos regale esta interesante novela, titulada Zumbido.

De que coño va esta novela. Va de un menda señor cuya hermana la palma fallece en el hospital y decide irse con otra puta a pasear su desdicha por la ciudad para celebrarlo y encuentra a una zorra mujer de la que se hace amigo porque se la quiere tirar y con la que deambula en coche un buen rato hasta que llegan a un motel, donde duermen, antes de acudir sin follar a un tabernáculo de pirados subnormales celíacos maricones sudacas ciudadanos que adoran a dioses imcomprensibles al calor de unos cánticos procedentes de una cinta de casette de mierda que se ha borrado y sólo emite zumbidos.

La fratría literaria de esta novela la encontramos en JG Ballard, el cine de Cronenberg y toda esa tradición distópica que surge de encender una televisión en una trama de Kafka: eso es la distopia.

Nuestro hermano colombiano escribe muy bien, aunque sin crear estilo, y genera en las primeras páginas una atmósfera irrespirable de gran potencia, pero en medio de la puta novela empieza uno a sospechar que se le están colando ideas y cuentitos que no sabía dónde empotrar el autor, que deriva en una sucesión de grotescas (casi buñuelianas) escenas viscerales (literalmente), del cuerpo y para el cuerpo, para culminar en un cierre del relato algo decepcionante muy imaginativo y que da sobrada muestra de lo oportuno que es traer a un colombiano a nuestra patria a robarnos las becas y las chicas.

Me cago en la puta madre de google.

Un libro apreciable magistral, con una prosa existencialista contenida y un imaginario  psicópata solidaridario con los problemas reales de los sudacas latinoamericanos y los más desfavorecidos la gentuza.

Amor. Amor.

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