G80-Poesía, La educación física, de Pablo Fidalgo

Toda la juventud
que creíste destruir ayer por la noche
ya está de nuevo despertando.

He visto por ahí que cuando reseñas un poemario tienes que citarlo todo el tiempo.

Precisamente el principal motivo para no leer el 99% de los poemarios son las citas que sacan de ellos en las reseñas.

Mi vida es la única historia de superación
que he comprendido.

De Pablo Fidalgo (1984) ya hemos hablado aquí al hilo de sus teatros tristes; ahora ha escrito un poemario, empeño si cabe más delirante.

estoy hecho demasiado deprisa.

Me ha gustado mucho durante un largo rato. El volumen nos viene con contundencia: no son 30 páginas, no son cuatro versos paralíticos, no; es todo un señor libro bien dispuesto, con su sombrero, sus zapatos, el brillo de la hebilla y los botones en el ojal juicioso. Una cosa seria, vamos. El tema del poemario parece ser la “juventud”, pero no entonada con euforia, sino desde una nostalgia agradable: la nostalgia por venir, la mirada sobre sí mismo que el autor prevé para luego, cuando se dé cuenta de que fue joven y ya no. Esto lo hacía bastante José Hierro. El poemario, sin embargo, tiene más una impronta mediterránea que cazallera, concretamente parece Kavafis bastante bien versionado. Se fabrica una atmósfera y se acentúa y se reincide y al final cansa un poco tanta melancolía entrañable; pero Kavafis también cansa.

Podemos apagar la luz, tocarnos el pelo,
decir lo que pensamos o no decirlo,
dormir un poco mientras ellas
preguntan por qué tenemos que hacer esto
si nosotros no somos así.

Me ha interesado mucho el exilio de adjetivos y la exclusión nominal de su estilo: como vemos en los versos de arriba, se trabaja sobre el verbo, sobre acciones externas e internas: casi no se adjetiva ni se nombra. No se busca el fulgor momentáneo (un verso restallante) sino un brillo continuado, una democracia en lo atractivo; una larga marcha de versos vencedores, sin plusmarca.

La educación física es uno de los mejores poemarios que vais a encontrar por ahí.

Hoy no hay chistes: tengo un frío de la hostia.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.