Perversiones y ternuras, de Deborah Vukusic

Me echo de menos a mí mismo, esa maldad, esa suciedad, esos chistes sin el más puto sentido; esos enemigos de los martes, de los jueves; esas putitas indignadas porque las llamo putitas dignas; esos comentarios torturantes; ese tener a Nacho Vigalondo de provocador aficionado; esa impunidad de mi sombra con mi silueta, me cago en la puta madre de dios.

Ya está bien. Déjenme ser, putos recomendadores, putos compradores del libro, putos autores llorones, putos mediocres de mierda con libros que no gustan a nadie, pero nadie lo puede decir.

Qué coñazo me sois, y me hacéis.

Deborah Vukusic, por las bravas, es seguramente la escritora más sexy de España. Me encanta en camiseta. Mírenla.

Su nombre no es de después de la coca, inventado, sino que es de verdad, porque en Croacia van de coca cuando bautizan. Qué nombre de equipo de música japonés, i love it too.

Es poeta, Deborah, o sea, apenas ni algo. Escribe tonterías y le da la intro, como dice esta (link). Su poética es una erótica postfeminista que está muy vista y la rima va a mi prima. Es lo de soy tía y digo que follo y que me gusta que te corras en mi cara y que me des por el culo y tu polla, oh, me gusta, métemela, cabrón. Esa es su poética.

Hemos visto tantas tontas hablando de su coño para acabar abrazando el acerico con forma de corazón…

Que nos daba pereza o miedo o grima, la nueva provocadora de los cojones.

Pero me ha gustado mucho estas Perversiones y ternuras. Miren aquí:

mamada en el despacho/ polvo en mesa
manchados mis morritos con tu leche

Tonterías calientes parecen, en efecto. Miren esto:

violadores a mí,
violadores del mundo, uníos

Más tonterías. Miren la última:

me sentaré en el sofá
encenderé un cigarrillo
y ordenaré
cómo quiero que te la folles

Son ya demasiadas para ser tonterías. Y al final, gracias a dios, me he creído tanto polvo, tanto sexo, tantas ganas de romperse contra el placer. Si la literatura, y más esa puta mierda que es la poesía, obedece siempre a criterios subjetivos, a argumentaciones delirantes y, de hecho, humeantes, y a la trampa irresoluble que tienden los “conocedores“, sólo nos queda el núcleo duro de la creación, lo germinal, que es la sacra intuición de pensar que quien escribe escribe porque cree en lo que hace, y que es reconocible más allá de la retórica y la poética, casi químicamente detectable.

A mí me parece que Vukusic habla de follar con muchas ganas. Y que eso es bastante.

Y sobre todo bastante más que tantas sacristanas con el romanticismo a medio cocer, podridito.

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