Knockemstiff, de Donald Ray Pollock

“Yo nunca se la había metido a una persona de verdad, y cuando empecé a correrme me pareció que todo lo que había vivido hasta entonces dejaba de tener importancia. Los años de penuria y de soledad salieron fluyendo de mí y se pusieron a burbujear dentro de aquella niña como un manantial que brotara de la ladera de una colina.” (El hoyo de dinamita, pag. 59).

A la cárcel. Todos a la cárcel. El editor, el traductor, el prologuista; todos a la puta cárcel.


No traten de hacer esto en casa. Es ilegal.



Resulta inadmisible que un señor haga uso de su libertad de imprenta para emponzoñar España con 290 páginas de tan pésimo gusto y tan barriobajeras tonalidades. Donald Ray Pollock es un pedazo de hijo de puta y su libro un Mein Kampf del siglo XXI. En esta infecta colección de relatos se violan niñas(!) y, lo que es peor, ¡se violan muñecas de niñas! También se llama “puta” y “zorra” a cada mujer que sale, se bebe y se fuma y se consumen anfetaminas; se vomita y se sangra en cada página; no se respeta a los padres ni al gobierno, ni los límites de velocidad de Ohio. La violencia es festiva y los cuentos no concluyen en la reinserción o salvación o redención de sus asquerosos personajes. Todo es dolor.

¿Eso es la literatura, amigos, dolor? ¿Por qué? ¿Qué pasa con el amor? ¿Qué pasa con la Igualdad? ¿Qué pasa, cojones, con saltar a la comba una tarde de abril? ¿Es que eso no interesa? Pues no, saltar a la comba una tarde de abril no interesa; de eso no se atreven a escribir; no se atreven a escribir sobre lo que está pasando realmente en la calle. 

¡Está todo el mundo saltando a la comba, coño!


“-Bueno, no es que sea gran cosa, pero está claro que sabe abrirse de piernas.
-Sí -dijo Wimpy en tono burlón-. Su problema es más bien cerrarlas.
Clarence tiró la botella vacía a la hierba.
-¿Qué edad tiene? -preguntó con un eructo.
-Quince.” (Manteca, pág. 143).
Lo llaman male fiction, a esto. Narra un hombre y es siempre un pedazo de machote que no sabe ni cómo se enciende la aspiradora ni qué diferencia hay entre pasar ese electroméstico por la moqueta y hacer una caricia a su pareja mientras ven Harry Potter 6, comiendo putas magdalenas.
Hubo un tiempo en que yo era como ellos. Por eso sé de lo que hablo. La vida del machote es muy divertida y parece que tienes la polla más grande, pero, amigos, debemos entender que alguien tiene que pasear a las zorritas de la mano por los parques sin humo de la ciudad. Alguien tiene que sacar el carrito del niño del maletero del coche. Y alguien tiene que pedir los mcmeals infantiles adecuados.

Responsabilidad. Sí, un poco de responsabilidad.

“Yo no podía parar de pensar en el bebé de aquella tipa y de preguntarme quién lo estaría cuidando mientras Frankie y yo intentábamos matar a su madre a polvos.” (Píldoras, pág. 108)

Knockemstiff es un pueblo real de Ohio donde vivió el cabronazo del autor. Me pregunto si no le han puesto una calle allí, y en la calle un cadalso, y en el cadalso una guillotina y dentro su puta cabeza de hijo bastardo de Knockemstiff.

Porque ahora todos sabemos la verdad: knockemstiffianos, ¡estáis como una puta cabra!

Me vale madre que Donald diga en sus agradecimientos finales: “En primer lugar me gustaría aclarar que, a pesar de que los relatos de este libro fueron inspirados por un lugar real -Knockemstiff, Ohio-, todos los personajes que aparecen son ficticios.”

JAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJAJ

Y añade: “Yo crecí en la hondonada, y mi familia y nuestros vecinos eran buena gente que nunca dudó en ayudar a nadie en caso de necesidad.”

JAJAJAJJAJAJAJAJAJAAJAJAJAJAJ, pero que hijodelagranputa.

En fin, si quieren machismo, homofobia, pederastia, violencia gratuita, depravación y obscenidad, este es su libro.

Pero, ¿quién va a querer algo así?

“Escucha, a las chicas no les importa cuántas flexiones de brazos puedas hacer. Lo único que quieren es colocarse y llevar flores en el pelo. Y tal vez robar un coche.”

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