Los chicos están bien (5)

Los chicos escriben su primera novela siempre igual y siempre como Henry Miller escribía sus primeras novelas, es decir, como si lo supieran todo y estuvieran de vuelta de todas las grandes mentiras de la vida y de todas las grandes verdades de la literatura, porque algunos libros han leído, que no eran para tanto, y algunos años han vivido, que eran para muchísimo: una novela, nada menos.

Tengo y he tenido sobre mi puta mesa varias novelas cuatro cinco de chicos y de primerizos, en editoriales impensables y misterioras que (el “cuatro” “cinco” lo he puesto a posta, listos, descolocado) no sabe uno qué clientes tienen, qué patrocinios, qué huevos, qué dineros y qué propósitos de hundirse en septiembre o hace cinco minutos.

Libros de Bohodón Ediciones, de Baile del sol, de Bubok, de Papel de Fumar Ediciones, de Editorial Delirio: ¿quién coño os lee, quién coño os compra, a quién le importáis ni tanto así; cómo habéis llegado a mis manos y, mayormente, qué coño voy a hacer con vosotros mecagoenlaputa?

La gente, cuando te da o envía sus libros, debería darte o enviarte, colateral, un metro cuadrado de vivienda, o al menos un centímetro cuadrado, para justificar su espacio en el mundo y su peso en tu piso, que ya se quiebra en sus pilares por la gravidez de tanto libro remitido y tanta puta manía de querer ser leído y guardado; y posteado.

Pues son los chicos los que a renglón seguido correlaciono, sin mayor demora:

David Pérez Vega. David escribe el blog llamado Desde la ciudad sin cines, donde sólo salen argentinos y un poco Bolaño, y otra vez un argentino. Acantilados de Howth es su primera novela publicada. Trata de un tipo que estuvo en Irlanda porque su autor estuvo en Irlanda y uno siempre cree que de eso se puede hacer una novela. No, si se puede. La obra cojea sin embargo de que estar en Irlanda se torna categoría literaria, y no anécdota, y el autor nos narra Irlanda como si las peculiaridades de los putos irlandeses nos importaran más que el corazón de David. No, el corazón del autor, su intimidad, siempre nos resultarán más interesantes que toda Irlanda junta, porque las calles de Dublín y sus bares y sus modos de servir las copas vienen ya en las guías de viaje y la literatura no cuaja bien con el dato turístico, así lo escriba uno con esforzado afán. Asina, lo mejor de esta novela son las reflexiones del personaje, sus cosas más privadas y sus casos más nuestros, desarrollados en Madrid y sin necesidad de informar de cómo se tiran las cañas en Madrid, ni de dónde queda el bar. La novela tiene un escritura centrada y correcta y sobria, y un vuelo puntual en algunas páginas, de querencia bolañesca, pero le falta desmelene y una estructura de mecánica más natural. Todo llegará. El autor nació en 1974.

Mario Crespo. Mario nació en 1979, en Zamora. Eso ya da para muchas novelas. Zamora. Nacer en Zamora es casi necesariamente delictivo. Como P. Vega, Mario se fue a Londres y, en efecto, tiene muchas cosas que contarnos. No en vano la novela la ha titulado LS6 y tal. La de Crespo es algo más moderna (en todo sentido) que Acantilados de Howth, y ahí tenemos fragmentación diarística y las referencias culturales y actualísimas de una prosa, asimismo, en pleno apogeo solipsista. Mario Crespo escribe sobre él como quien edita un periódico del yo y espera que alguien recorte algunos anuncios por palabras. Es una novela que uno ha leído doscientasmil veces, la clásica primera novela, la clásica obra del tío.

Raúl Quirós. Lo de Raúl no es novela sino relatos y arrebatos tipográficos. Hay dibujos, códigos de barras, numerales, cardinales, logos de windows, faxes y un monigote que cae página a página desde lo alto del margen a lo bajo del margen, detalle que me ha parecido niño y encantador. La obra, claro, se titula Un hombre cae de un edificio, y viene impresa espantosamente por Bubok y enviada en una caja igualita que la de Amazon. Además, en primera línea figura el sello Creative Commons que da fe de la inocencia de su autor: 1980, y de las ganas que tiene de que no le tomen en serio. ¡Es broma, Raúl! Pero, hazme caso, concéntrate en los textos y no en el favor que nos haces regalándolos. El caso es que Cortázar y postmodernidad llenan este libro a partes iguales y se ven buenas ideas y ejecuciones quizá mejorables, sobretot por la textura literaria, algo floja. Podéis ver el libro y todo el rollo aquí: Un hombre cae de un edificio.

Julio Fuertes. Finalmente También traemos al blog a Julio, cuya novela La legendaria rebelión de los fumadores he acabado de leer hace 39 minutos y cuya pequeñez no justificaba hacer un post si no era en compañía de otros chicos con iguales méritos pero que no me han dejado entrar en sus casas. ¿Cómo es la casa de Julio Fuertes? Como su novela, es decir, con 88 páginas y algunas sillas plegables. Y una guitarra. Otra guitarra. 10 ejemplares del puto Tao Lin. Jeff Buckley y algunas puertas cerradas. ¿Cómo es la casa de Julio Fuertes, repito? Como su novela, es decir, con Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez y otros amigos viniendo a tomar unas cervezas, y unos seudónimos. ¡Se creía que no lo íbamos a notar, el tío! Cuando alguien encabeza su puta novela con la gilipollez de “todo es inventado, si se parece a la realidad, ups, es casual” es que su libro le ha salido más autobiográfico que el abono transporte. ¿De qué va esta novela? Ni de Irlanda ni de Londres, va de la polla de Julio Fuertes. ¿Tan interesante cree Julio Fuertes que es el destino turístico de su polla? Sí, tan interesante cree que es. Sale Juliette, sale Greta, sale otra que ahora no encuentro y sale Bolaño, claro, y todo porque Julio, 1989, ya cree que puede concluir cosas de la vida sin esperar a concluir la carrera. ¡Y hace bien! La nouvelle no está mal, no es una puta mierda, y apunta maneras mayormente por la honestidad de la voz y la insinuación de una estructura, técnicamente dispuesta al trantrán de las leyendas amenazantes que figuran en las cajetillas de cigarrillos y narrativamente hilvanada por la expectativa de una revolución de fumadores que asoma su insolencia cada tanto y al final del todo, en un cierre apreciablemente acertado. Está escrita entre Bukowski y gmail, lo que siempre nos hará reinvidicar a Bukowski. El prota tiene un ego de haberle dado al Me gusta de sus propias ocurrencias en Facebook durante toda la tarde. A lo mejor hay un buen escritor aquí. Veremos.

yVíctor Balcells Matas. Que tenía también este por ahí, Yo mataré monstruos por ti. Formato CD con foto naked del autor en cubierta y fascinante data de impresión: “Esta primera reimpresión se terminó en los taleres de Iberoprinter, en Salamanca, un mes de noviembre de 2010“. Es sabido que, en Salamanca, los años tienen varios meses de noviembre…, sobre todo 2010. Víctor es sobrino, dígamoslo cuanto antes, de Enrique Vila-Matas, que le regala una memorable medalla en la contra: “Todo lo hace como un pájaro en plena tempestad. No se agarra a ninguna rama, sigue la tempestad.” Son cuentos y son variados. Haylos juveniles y personales, de autobiografía casi constatable; y haylos de probatura, que si uno clásico, que si otro monologal, que si otro histórico, que si fábula, férula y fémina (cada cuál, su techné). También vemos una prosa de andar por casa, pero por una casa recién limpiada, alfabética. Me vale.

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