Rosas, restos de alas, de Pablo Gutiérrez (prólogo)

Pablo Gutiérrez ni es escritor ni es na. ¿Pues no va y dice en el prólogo que ha puesto a la reedición de su primera novela que: “En la primavera de 2007 decidí que no volvería a escribir”? ¿Qué clase de escritor, de amante de las letras, de minero del numen, considera nunca en su puta vida la posibilidad de dejar de fracasar? Sólo uno que no es escritor ni es na.

Los escritores de verdad (esto es: los que dejan comentarios anónimos en los blogs, los que tienen sus propias bitácoras pontificales, los que no leen nunca nada publicado antes de la invención del compás; los que perdonan la vida al novelista lo primero de todo al levantarse cada uno de sus días ágrafos; los que no han publicado ni una puta cosa en toda su pavisosa vida), lo escritores de verdad, repito, saben mejor que nadie (una raya, por favor) que un escritor auténtico, que ama la escritura y el cuerpo serrano del idioma, nunca deja de intentarlo; NUNCA; aunque no le publiquen, aunque para sí mismo sus propias producciones esforzadas resulten finalmente una lectura indigesta, aunque las horas empleadas en sudar la camiseta del talento pesen cada día (que ya tenemos 30) y se vuelvan en tu contra como sentencias de muerte. No. Eso ni es un escritor, ni es na.

Pablo Gutiérrez explica que, antes de esta su primera obra, se dejó los huevos en una Gran Novela imposible, y que le falló tanto el cálculo de la felicidad que no veía más que restas y divisiones, la raíz cuadrada del perdedor.

Esto sólo lo entienden los escritores (todos) que han publicado finalmente, tras un agotador camino de Santiago donde cada posta es un cagarse en Santiago y en lo lejos que queda la fumarola celestial, y esos putos gallegos que te aplauden al pisar lo santo de la novela acabada y en escaparate.

Los que nunca han hecho nada, ni tienen puta idea de lo que es escribir, es decir, los escritores de verdad, esto no lo entienden. Para ellos, PG ni es escritor ni es na.

Parece que PG se dio la última chance una vez y dijo: voy a intentarlo de nuevo. Y ese ir a intentarlo de nuevo es antes (!) de verse publicado, de verse gratinado, y de verse premiado por el mejor premio del mundo: el Ojo Crítico (sólo lo reciben genios). Esto es: todo eso fue antes de que leer a Pablo Gutiérrez nos gustara tanto, y qué mono es, y cuándo sale lo próximo.

Si lo próximo no lo espera nadie, no se escribe para continuar (una trayectoria); se escribe para conculcar (una caída).

Pablo afirma haber escrito Rosas, restos de alas en 15 días. ¡Eso ni es un escritor ni es na! Hay que escribir durante 3 años, coño, o 10, y sin prisas, y apacentando cada página con la hierba fresca de la juventud, perdida por amor al arte, que publicar es lo de menos: como saben todos esos escritores de verdad y de mierda, que nunca escribieron.

De modo que no lean a Pablo Gutiérrez, que ni es un escritor ni es na.

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