El disco que casi acaba con Los planetas, de Nando Cruz

Lengua de Trapo sigue empeñada en parecer una editorial moderna, cuando todo el mundo sabe que su sede editorial está en Madrid. Lo último son estos libros sobre conjuntos pop.

En España, desde que Franco nos puso la tele, a un grupo de idiotas tocando las maracas se le denomina “conjunto”. Nadie en su sano juicio se tomó nunca en serio a los “conjuntos” que daban “recitales”. Era todo muy matemático y un punto payaso.

La música española es un producto nacional de consumo interno: no va a ningún lado. En realidad, la música española, pop y rock y rap, es un subtitulado acústico de la música de verdad, que obviamente se hace en inglés y con ropa que realmente mola. Así las cosas, admiro a los músicos españoles porque sus intenciones artísticas son patéticas, tienen el techo muy bajo y nunca han escuchado una canción suya sonar en un bar que no quede debajo mismito de su casa.

Pero ahí siguen.

El caso es que Una semana en el motor de un autobús fue el tercer disco de Los Planetas, allá por 1997. Parece que esto es muy interesante y Nando Cruz ha hablado con todos los implicados en tamaña anécdota para que sepamos al detalle cómo se grabó un disco y qué le dijo el cantante al batería cuando le trajo Fanta y no a su hermana.

La crónica de la grabación está escrita a la pata la llana y como que Los Planetas son los putos Beatles. Realmente acabamos sabiendo, tras la lectura, más cosas de los integrantes de Los Planetas de lo que nunca hubiéramos creído que era necesario saber sobre una persona de Granada.

Básicamente Los Planetas estaban todo el día en las drogas y las canciones que se les ocurrían iban de drogas y de que estaban haciendo un disco y tomando drogas a la vez. Es todo enormemente complejo. Nando Cruz da a entender que parir este disco fue como parir la Crítica de la razón pura de Kant, pero un poco menos pura.

También se localizan con gran honestidad los mecanismos de composición de los músicos españoles, que consisten básicamente en ver cómo lo han hecho en San Francisco, copiarlo y dar por sentado que nadie se va a dar cuenta, porque Manolo Escobar no nos deja ver el soul.

Parece que grabar este disco no acabó con Los Planetas ni acabó con la música española ni acabó con nada. La música es lo que tiene, que le puedes dar al play otra vez y pensar que mereció la pena.

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