Suites imperiales, de Bret Easton Ellis

Como Gore Vidal y Truman Capote, Bret Easton Ellis triunfó con 23 años. Todos estos maricas escribieron enseguida una novela que enseguida vendió mucho y dejó el camino libre para seguir escribiendo desde un éxito que nunca se etiquetó, como hacemos en España, de promisorio. En USA no hay promesas ni dilaciones del reconocimiento: la juventud mueve el país y un tipo de 25 años es ahora el puto amo. De eso va el Imperio.

La primera novela, la de Ellis, era Menos que cero, un bocado de realismo sucio bajo el auspicio de Elvis Costello y las snuff movies. Luego Aménabar hizo una película sobre esto y José Ángel Mañas una novela de pijos de Pozuelo, que tomaban coca por los mismos agujeros que los personajes de Ellis pero que nos quedaba demasiado a mano como para ir a ver la película, tan tonta como malvestida.

Ellis hizo algunos libros más sobre universitarios ricos que se la pasan follando y metiéndose farla mientras les terminan de imprimir las tarjetas de visita. Ya impresas, Ellis escribió American Psycho, donde las tarjetas tenían barnices marfileños o ahuesados y se iban dejando por sobre los cadáveres de los mendigos, los niños, las putas violadas con una percha y los rivales vestidos con trajes de Armani. Años 90, Reagan, los yuppis y todos esas cintas de vídeo devueltas al videoclub tarde y sin rebobinar. American Psycho, una novela terminal, cima absoluta de la depravación y de lo que la literatura puede hacer si no la escribe un español, que lo más hardcore que se le ocurre narrar es que un tipo no se acuerda del cumpleaños de su puta madre.

Bret fue acusado de machista tras American Psycho, lo que le llevó a confesar (sic) su mariconería. Así que tanto follar con mujeres espectaculares era pura imaginación. Sin embargo, era imposible distinguir la imaginación de un marica de la de un machista, porque en realidad tanto un gay como un hetero no han hecho a las mujeres casi nada de lo se les pasa por la cabeza, que es ilegal o lleva mucho tiempo.

Bret vino con más toneladas de genio en Glamourama, su novela más funny y donde ya empezaba a darse cuenta de que él molaba mucho y que podía autoficcionarse y mezclar como nadie realidad y ficción a la vista de que su realidad era bastante más cojonuda que la realidad de cualquier otro escritor de provincias (aka: del resto del mundo.)

La cosa se intensificó con Lunar Park, una en conclusión puta mierda de novela que empezaba muy bien: recopilando todas las primeras frases de todos sus libros para luego cagarla imitando una novela de Stephen King, con peluches asesinos o no sé qué horrores de ToysRus.

Y finalmente llega Dormitorios imperiales, subyugantemente traducida como Suites imperiales para que no parezca que va de Sarkozy. Bret vuelve aquí a los personajes de Menos que cero, y lo que parece un refrito de novelista sin ideas se revela como su mejor libro desde Glamourama, con esa misma capacidad camusiana para desasosegar, inquietar, irritar y estomagar.

No me cansaré de decir cómo echo de menos novelas y escritores como estos en España, y hasta en la literatura escrita en español, donde quien no habla del macramé aburridísimo de su corazón lo hace de los potitos soporíferos de las clases oprimidas (que han visto por la tele desde sus becas en Brown), todo ello pensado y prensado para que se les conceda otra beca y un blog en un periódico de Madrid.

Bret Easton Ellis es el mejor escritor estadounidense desde Don Delillo.

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