Acceso no autorizado, de Belén Gopegui

La obra de Belén Gopegui se bajó de la limusina lírica cuando el concepto de “lo real” pasó por su casa montado en bicicleta. Lo real era a pedales y no admitía el combustible de la metáfora ni de la música. Su prosa se volvió entonces (La conquista del aire) de pedernal y bordillo, altamente ajena al lenguaje literario que estimamos concerniente a toda obra literaria.

Si en La conquista del aire el intruso semántico era crediticio, bancario, y en El padre de Blancanieves bioenergético, en Acceso no autorizado es la computa y la Red la que pone sus manos en la piel lindísima de la literatura.

Asina, la obra última y gruesa de Gopegui está voluntariamente alejada de lo bien escrito, del subrayado estudiantil y de la escritura como construcción de un ente bello. Se escribe para el mensaje. Conculcando a Wilde, se busca la utilidad imposible de la obra de arte, su función en la mecánica de una sociedad donde todo lo que no funciona no puede nunca molestar.

Acceso no autorizado, sin duda alguna la mejor novela de Gopegui desde Lo real, que es a su vez su mejor novela nunca, es, a vuelta de lectura, una biblia negra del PSOE, el libro oscuro de la izquierda fiduciaria y meretriz que ha manoseado el poder político durante amplios periodos de la historia de este país. España.

La protagonista es una vicepresidenta reciente y defenestrada que va viendo venir la ventana según se le cuece la culpa de no estar a la altura de sus propias principios electorales. Os la voy a contar entera porque me da la gana.

Acceso no autorizado se divide en tres partes. Narra un narrador omnisciente que incide de continuo en el estilo indirecto libre que, sin marcas tipográficas, se vuelve verbo directo para oír pensar a los personajes. La primera parte nos muestra a la vice en su computa atendiendo las preguntas sin mayúsculas de un hácker. En este diálogo se nos introduce en la trama ficcional de libro, que no es otra que la labor pirata de unos expertos informáticos que fueron contratados para pinchar móviles y que ahora parece que van a acabar en la trena. La ficción real va del PSOE hundiendo España y no sabiendo cómo justificar la S de sus siglas. Parece que la vice es de buena entraña y que hemos de comprender que “lo real” obliga a tomar decisiones contrarias a la propia querencia ejecutiva.

La segunda parte corea personajes y ficciona un poco más, haciendo que militantes socialistas míticos y ex esposas y hackers y ministros en activo dancen al compás de una música de corrupción y factores humanos fatalísimos, como el haber follado anteriormente.

La tercera y last parte concluye con el destino, también fatal y en prensa, de la vice, que se ve preterida por su negativa a apoyar la conversión de las cajas de ahorros en bancos de dar dinero a quien ya lo tiene mayormente.

Hay un montón de diálogos para consumar el mensaje. La obra va, en cierto sentido minúsculamente, del aquí y el ahora de un partido polícito, el PSOE, y de cómo se ha llegado al “desmantelamiento del estado de bienestar”, justamente cuando mandaban los que nos iban a dar a todos unos cientos de euros porque sí, y la Ley de Dependencia.

La obra, en lo genérico, es un relato real o ficción periodística que cada lector ha de tomar en grados de verosimilitud distintos, pues no nos es posible colegir si lo que escribe la Gopegui es la realidad que conoce por fuentes directas -en la propia bio de la autora se cuenta que escribió un guión con González-Sinde, ministra en estos momentos, y en los anteriores- o si todo es una hipótesis de enorme acierto intuitivo (saber que en los consejos de ministros hay para cada uno un portátil que apartan cuando llegan para poner sus cuadernos y folios pretecnológicos, por ejemplo).

En cualquier caso, Acceso no autorizado arriesga socialmente a su autora al tematizar asuntos que señalan directamente a un partido -ligado a la autora en la bio por la ministra ya dicha- y a un grupo de comunicación -presente en el paratexto mediante cita de un crítico de El País- al que se mete en la trama al suponer -o prever- que Telefónica va a comprar su ruina a precio elevado para salvarlo in extremis, todo lo cual hace prever que esta novela es particularmente incómoda.

Y es que, en algún punto, podemos pensar que esta novela está escrita para Felipe González. Y que, cuando Felipe González la lea, los demás podremos saber si hay otra verdad o algún matiz no escrito, si algo se le escapa a la autora o si su obra, en cambio, ha diagnosticado “el aquí y ahora” de un partido, de una sociedad y de un cauce de hechos que implacablemente nos llevan al más estrepitoso de los fracasos.

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