Love and obstacles, by Aleksandar Hemon

Leer en inglés lo hace uno más lento porque anda siempre preguntándose si no será eso que lee tan bueno porque lo está entendiendo mal. Hemon escribe en inglés porque era de Bosnia, y en Bosnia no sé si hay un idioma, pero desde luego no hay dos lectores.

Lo de Hemon va como lo de Nabokov o este otro húngaro, Vicenzcy, que se pusieron a escribir en inglés y les salieron bestsellers o, cuando menos, libros que funcionaban por todo el mundo. Nabokov, antes de darse cuenta de que las zorritas son más sexies con monosílabos, había escrito un montón de novelas en ruso, y algunos cuentos, pero fue ponerse con el inglés y darse cuenta de que salían las obras maestras ellas solas, a nada que llamabas a los marines del diccionario.

Es con Nabokov con quien más vecindad tiene el bosnio Hemon, porque ambos parecen haber aprendido en los libros el inglés que utilizan, y su escritura viene saturada de vocabulario y hasta de una cierta tendencia a gastarse todas las palabras que han comprado con la moneda del esfuerzo. Hay muchos objetos en el libro de Hemon, y no porque a Hemon los objetos en sí le importen o aporten nada a su historia, sino porque necesita nombrarlos para sentir que no escribe las frases que puede (restricción del conocimiento) sino la frases que le da la gana.

Las historias de Hemon son bastante divertidas, un punto perversas y siempre bosnias, con guerra y niños. También hay bastantes ganas de follar y un chaval lleva consigo una píldora del día después para invitar al coito a la primera que pase. Pero no pasa ninguna.

Lo que me queda a mí de todo esto es esa vuelta a Nabokov. O sea sé, y en España ya no, ese gusto por la música del idioma. Lolila arranca palatal y pautada, con ese Lolita, light of my life, fire of my lions. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps... Esto, de hacerlo en España, le conseguiría a uno el sambenito del sonajero, que se inventó Marsé para gente que escribía mejor que él, y que tanto éxito tiene aún entre toda la gente que, verdaderamente, no tiene ni puta idea de escribir. ¡Sonajero! The tip of the tongue taking a trip of three steps...

Pero a llamar prosa sonajero a la prosa de Nabokov no nos atrevemos. Uy.

Y es que la aliteración en lengua heredada, me he dado cuenta con Hemon, es una aliteración esencialmente gráfica, de uno que ha leído y no de uno que ha escuchado sonar las palabras. Al igual que Nabokov, Hemon suele poner consecutivamente palabras que empiezan con la misma letra, o incluso sílaba, pero luego no siempre sale el sonajero porque no se pronuncia igual la T en una que en otra palabra. Con lo que esta escritura es una escritura muda, de amanuense que concibe su idioma como inexistente fuera de la página donde lo consigna.

Así, escribe Hemon: “ever eager to tease me to tears” o “dazed by the danger” o “she also hated America and Americans, their provincialism, their stupid, rootless culture of cheeseburguer and cheap entertainment“.

Buuu: ¡sonajero! And you can tell everybody this is your sonajero, it may be quite simple, by now that it´s done, I hope you dont mind… 








Fuck you.

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