Artefactos importantes, de Leanne Hapton

Más mierda, Marx.

Parte uno de la base que es la frase: lo nuevo me mola. Lo nuevo me mola y lo original o distinto me atrae y estoy a tope con ello.

Artefactos importantes suena distinto y su factura lo es: novela en forma de catálogo, catálogo de objetos, a través de los cuales preténdese contar una historia de dos que rompen, o sea, una historia de amor.

El amor es un género literario inventado en el siglo XVIII. Antes no había amor sino que la gente follaba sin darse tanta puta importancia.

Así, el amor que destilan las fotos y sus pies en este libro es muy de convencer. La pareja, que parece inventada y real al mismo tiempo, queda, objeto tras objeto, libro tras libro y calcetín tras calcetín, como una ikeacouple, montada a toda prisa y sin más dificultades que reseguir con el dedo las instrucciones de un horóscopo cualquiera de Marie Claire.

Que se querían, cojones. Que sufrían por la luz. Que obviamente tenían cedés de Bob Dylan y libros de Virginia Woolf; y libros de poesía cojones.

Y ropa de marca.

Y que se acabó el amor pero no por nada, sino porque todo lo que se creó en el siglo XVIII suele dar problemas doscientos años después, que los japoneses no son tan chinos.

lector: Se queda corto el post. Métete con Perec.

Sí, Perec tiene mucho que ver con este inventario de vida. Perec es seguramente el autor más absurdo del siglo XX: todas las ideas que tenía eran buenas; pero no para hacer libros.

lector: Ok.

juan: A tus pies.

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