Pudor y dignidad, de Dag Solstad

Tardar 140 páginas en volver andando a casa es síntoma de gran literatura. Pudor y dignidad, Dag Solstad, Noruega, Oslo, siete manzanas a pie.

El prota es un profe de insti que da lite. Hasta en este blog hay recortes: gonista, sor, tuto, tura: haced una revolución sufija.

El maestro enseña Ibsen, su obra El pato salvaje, con la que, extrañamente, ningún alumno se da por aludido. Además ese día, después de 25 años de creer que entiende la obra, el profesor entiende de verdad la obra, lo que no sirve de nada frente a los chicos, que ya se marchan de clase al oír la campana salvífica. Entonces el profesor sale al patio, saca su paraguas porque llueve o como que llueve, no lo puede abrir, lo estampa contra el suelo, se corta las manos con las varillas, llama puta a una alumna (que ahora sí se da por aludida) e inicia el camino de vuelta a casa sabiendo que la ha jodido y que su vida profesional profesoral ha terminado, y su matrimonio como que tal.

A partir de ahí, Thomas Bernhard. Solstad impide la llegada del personaje a su casa mediante algunas digresiones biográficas y morales: el prota está casado con la mujer de su mejor amigo, que trajo a su hija con ella; el gonista, por su parte, odia la realidad mediática de Noruega, y no es capaz de entender la jerarquía de las noticias. “Me niego a considerarme antidemocrático“, afirma su mente noruega. En la página 87 se repiten 400 veces las palabras “amor muerto“. En la página 117 se repiten 400 veces las palabras “esclavos de las deudas“; el final mismo de la novela es una repetición de palabras anteriores y, normalmente, todo nos lo cuenta Solstad como mínimo 7 veces.

Si esto no es gran literatura, desde luego lo parece.

Porque 140 páginas algo espesas al principio, sirven para siluetear la odisea del hombre moderno, o al menos del hombre noruego, que vuelve a Penélope sin otra aventura que contar que la de haber derrotado a un  paraguas a la puerta de un colegio, y haber llamado “puta” a una muchacha. Eso basta para darnos por acabados.

“Pudor” y “dignidad”, entendemos que hay que tomarlo como ironía.

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