Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino

Tarde o temprano un escritor que no toma el autobús hace volar a sus personajes.

Eso, por supuesto, es mucho mejor que no tomar el autobús y escribir sobre gente que sí lo toma, transido de piedad o socialismo a mano tonta.

Evidentemente la literatura de Italo Calvino es la literatura del hombre feliz, del origen burgués y de las nulas preocupaciones cotidianas. Leer Si una noche de invierno un viajero es leer el tiempo del que dispone un señor para sus tonterías.

Con todo y como lo vean, Calvino me mola.

Si una noche de invierno un viajero1979, se lee mucho mejor en este 2011 de arrobas y ratones, porque su propuesta se aviene a nuestra prisa y su fragmentación facilita el picoteo intelectual, que es lo que nos ha tocado hacer ahora que no tenemos que pensar el largo de las velas, encendidas.

O dicho más en plata: la novela de Calvino está llena de novelas, pero sólo de sus comienzos, que se entreveran con la deriva de un Lector zarandeado, apelado y vuelto a apalear, y es sólo ahora cuando podemos hacer lo que en tiempos de Calvino, y hasta en los años 90, no podía hacerse sin acarrear culpa, esto es, saltarse todas esas novelas principiadas, hojearlas como mucho, darlas por hecho por el hecho de la tinta.

El problema, el coñazo, de las novelas con novela dentro es que la novela de dentro es siempre una puta mierda. Pero el autor tiene que mostrar la novela de dentro para poder armar la verosimilitud del artificio. Siendo todo letras y al mismo precio, producto único, parece que hay que leerlo todo o nos estamos cargando la obra: pues no, Si una noche no hay que leerla toda, del mismo modo que podemos saltarnos las descripciones de Flaubert o El curioso impertinente, allá incrustado y pegajoso desde el siglo XVII.

Si ya es insufrible leer un libro de cuentos, imaginad leer un libro de escritores con menos talento todavía, pues ni existen y son Calvino construyendo la grasa de su obra.

Si una noche, obviada la pasteurización, se redefine hoy en día como el gran homenaje al libro, al papel, al libro y al papel, al peso de leer y a todo el sudor de leer: comprar el libro, cargarlo, perderlo, buscarlo, devolverlo, cambiarlo, terminarlo, empezarlo: miles de aventuras diminutas que se están perdiendo (sin lloros) y que serán incomprensibles para los nietos de los nietos de los gilipollas que los tengan.

Un libro mayor, apolítico, vibrador; la papiroflexia explicada al futuro.

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