Las hortensias, de Felisberto Hernández

La verdad es que el título de esta nouvelle es totalmente repugnante. Hortensias. Las hortensias. Hortensia: parece una mezcla de hortera y sostén. Hortensia.

Y el autor se llama Felisberto. Alegría.

Hernández.

1949.




Era pianista, uruguayo. Lo segundo explica que no hiciera mucho ruido. En argentina nadie necesita un piano.

Se supone que es un gran cuentista así como ignoradillo. Obviamente si no lo conocía yo algo de ignorado tiene que tener, que por cada autor bonaerense que me suena busco siempre uno en Uruguay para que se me baje la hinchazón refleja.

Las hortensias es perfecta, pero no como es perfecta a juicio de Borges La invención de Morel. Es perfecta en el sentido de que follan.

Con muñecas.

Horacio y María tienen un casoplón y una fábrica al lado que hace ruidos; hace ruidos en la primera frase de la novela y a lo largo de sus páginas y también en la última frase de la novela. El ruido es para acompañar a los maniquíes (muñecas) que Horacio suaviza y María apuñala. Horacio les mete la polla a las muñecas y María los cuchillos. Un tal Facundo o Faustino se los arregla, los manis, las muñes.

La prosa parece hecha ayer. Esto de que algunas prosas no caduquen sino que reverdezcan según las va uno leyendo es un gran enigma fotosintético.

“Ella y María fueron al comedor y se pusieron a conversar como si abrieran las puertas de dos jaulas, una frente a la otra, y entreveraran los pájaros; ya estaban acostumbradas a conversar y escucharse al mismo tiempo.”

Las hortensias, qué asco de título para una nouvelle que debió llamarse Las muñecas y acabar pupitreando todos los tinteros del mañana.

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