Cuentos completos, de Lydia Davis

Sí, al mogollón. Cuando un poeta acumula en un sólo volumen sus versos y consigue por fin un libro de más de 64 páginas debe sentir ese placer y esa dignidad que sentimos todos al echar cuentas una tarde del total de las  tías que nos hemos follado. Para los cuentistas, igual.

El novelista, sin embargo, no puede hacer lo mismo porque en su carrera bibliográfica se apelotonan muchas tías/títulos de los que ya ni se acuerda. Y si se acordara, se avergonzaría.

Entonces vienen poetas y cuentistas, relatadores, con todo su amor amontonado y un título tan anodino como su vida sexual: completo.

Lo completo persigue establecer los límites de un talento, y por eso da como pena que los autores que ven en vida sus Obras Completas no se mueran enseguida, que es lo que deberían hacer, y no otro libro, pie suelto de sus últimos gases creativos.

Lydia Davis ha visto publicado en castellano este curso este Cuentos completos (Seix Barral, 28 euros) en edición antañona y antigua, deliciosa. Sólo le falta la cintita marcapáginas incorporada para sentirnos como esos lectores antiguos que arrastraban por la superficie de las cosas la colita de los libros.

Se reúnen 5 títulos de Lydia y medio millar de relatos: algunos son de una sola frase o de un sólo párrafo: microrrelatos habemus.

El conjunto me ha empachado un poco, pero leídos remansadamente hemos de reconocer el gran descubrimiento que supone esta autora, una americana que deja atrás el cuento-escena de mi marido se me divorcia y yo me veo gorda en su sonrisa infiel en favor de cuentos imaginativos, desconcertantes, que van muchos también de mujeres divorciadas y solas pero que tienen ya otros problemas mucho más narrativos. También hay cuentos-aporía bastantes y cuentos-tuit en abundancia y cuentos-epigrama cada tanto.

Lo más importante de este libro es entender que los libros de cuentos no necesariamente tienen que ser un coñazo, que el cuento abierto seguido de otro cuento abierto y del mismo tono, y ahora uno cortito y ahora uno de 20 págs., hace del volumen de cuentos un tránsito agradable, frente a la habitual gimnasia carcelaria de leer 12 cuentos perfectos y predecibles y extenuantes.

Como sigo siendo el rey, me lo han regalado. Con corazones a bic, [suspirito].

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.