G80-Narrativa, El centro del frío, de Salvador Galán Moreu

Lo que ha ganado Salvador Galán Moreu es un problema: el premio Caja Madrid de Novela 2010. Es un problema confuso, porque son 15mil euros de problema y además le publica Lengua de Trapo y ahora vengo yo a sembrar su nombre en cabeza de lectores exigentes o, cuando menos, onanistas: la de la foto las merece [zeugma complejo].

Ya quisiera tanto Inem y tanto escribidor tener problemas de 15mil los euros, inconvenientes llamados premio y obstáculos con tu nombre impreso. Pero aquí el problema no es de subsistencia de un cuerpo y una familia, de una hipoteca apandadora, sino de subsistencia de una vocación: la literaria.

Salvador Galán Moreu ha hecho un libro apreciablemente bien escrito, erizado de qwerty, post-bolañista, que no sé de qué va. Esto de que los autores nacidos en los 80 escriban libros que no sé de que van es sumamente ofensivo. Dime qué. Dime viejo.

Pero por viejo es que puedo aproar el post hacia el consejo, y con rima.

Pasa que Salvador lo tiene, ahora y con 15mil, más difícil que nunca, y alguien tiene que decírselo. Ganar un premio es siempre antiliterario y putón. Ganar un premio de primeras es arder demasiado y, va dicho, confundirse. Lo más confundidor que hay para un escritor es creerse que ya es escritor, y estos premios un poco de mierda han acabado con todas las vocaciones -como diría Chandler- de “hombres mucho mejores que yo”.  Detrás de un premio hay muchas cosas, pero no hay nunca amor a la literatura. El convocante no tiene (Ayuntamiento, Banco, Diputación) ni puta idea de literatura, y por eso pone tanto dinero en ella. Hacer creer que escribir era esto (15mil euros) a la juventud es peor que darles drogas en el recreo. Toda España está minado con estos premios de mierda que quitan farolas al paseo del pueblo y un par de comidas a los alguaciles. Nada perfora más la literatura española que venir subvencionada por unos señores que no leen. El presupuesto armamentístico de España es una gran idea comparado con el presupuesto en domesticar a los escritores.

El único compromiso de los escritores es no dejar que los domestiquen.

Y el único camino de Salvador a partir de ahora es escribir para arreglar su éxito.

La literatura va de ganar, solamente, respeto.

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.