Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued

Así a lo tonto y sin tener ni puta idea, parece que los escritores argentinos vienen adscribiéndose a una de estas dos avenidas corrientes: o intelecual refitolero con subrayados en todas las páginas de la obra completa de Foucault o (2) escritores de verdad. Busqued es uno de verdad.

Los escritores de verdad no son mejores que los intelectuales que escriben novelas, pero ofrecen una obra sin altivez y donde se folla y se violenta al personal. Van de la vida donde los otros van de la eterna pirueta de una inteligencia echada a perder. La literatura nunca necesitó de inteligencia, sólo de un rato por las tardes y un poco de honestidad.

Bajo este sol tremendo es la primera novela de Carlos Busqued, y en ella el partido se juega suciamente y pidiendo la hora. Empieza muriendo madre y hermano y acaba muriendo otro y otro, y, entre medias, también los perros; y un bebé. Esta mataduría viene sincopada de secuestros y documentales tipo La 2, donde siempre salen animales con tentáculos o trompas porque aquí todo es muy viril y fábula del falo y manda el man.

La cosa remember a primera sangre al existencialismo de Camus, esa forma de ver la vida como si fuera un documental de plantas que crecen, así se te ahorquen los vecinos. También suena todo esto a las novelas de Esther García Llovet, al narcoLladró de Yuri Herrera (pero sin tanta sofisticación) y a Bolaño en una que otra frase de relleno. “Tomó un café”, por ejemplo.

Lo agradable para uno, que aún disfruta del castellano que adulteran los países conquistados, es todo ese batallón de vocabulario nosési porteño, toda esa sintaxis demencial e iluminadora, esos “soga y broches” para los municipales “cuerda y pinzas”, y ese sintagma fascinante que ha sido para mí “tramos de cables”. 

Los cables de desperdicio se llaman “trozos de cable” en España. Trozos. No tramos. Tramos tienen las cosas pero no cuando se recortan o se destrozan o se subdividen. Un cacho de cable no es un tramo de cable del mismo modo que mi polla no es un tramo de mi cuerpo: es un trozo.

Del tramo al trozo hay toda una civilización confundiendo sus ideas con las cosas reales, proponiendo que un tramo es lo mismo que un trozo porque en mi cabeza de ese cable larguísimo sólo percibo medio metro, y no el cable de punta a cabo, por lo que un cable que sólo mide 20 centímetros es un tramo del cable platónico que en alguna parte era y fue: putos argentinos.

Tramo y trozo es un ensayo que todos tenemos pendiente.

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