El paraíso perdido, de John Milton

Porque, ¿quién, ni aún con lenguaje de ángeles,
pudiera relatar estas hazañas,
que levantaran la imaginación
a tal altura de poder divino?

Puesto que dioses parecían, firmes
o en acción, estatura, movimiento
y armas, prestos para disputarse
el Imperio de los cielos. 

Se embistieron por su maligna influencia
con feroz oposición en la mitad
de los cielos, y al entrar en combate,
confundidas, trepidaron sus esferas.

Le partió por la mitad; más aquí
no se detuvo, y con un ágil giro
del revés le penetró hondamente
y le hendió todo el costado derecho.

Más pronto se curó;
pues los espíritus, cuya vital
esencia todas sus partes anima
y no es como la del frágil hombre
no pueden morir sino por aniquilación
y transforman sus miembros como quieren,
adoptando el color y la figura 
así como el tamaño que les place,
y una constitución sutil y densa. 

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