Diario, de Katherine Mansfield

A lo mejor es este Diario, de Katherine Mansfield, el peor libro que he leído en mi vida. Que sea lo puto peor parece abocarme a uno de esos post brillantísimos a los que les tengo acostumbrados, llenos de las putas mujeres no saben escribir y de las neozelandesas sólo valen pa chupar pollas y de, no sé, los cuentistas ni siquiera son capaces de hacer bien un simple y anodino y jodido diario.

Pues no. Pereza me da.

Porque es lo de siempre la siembra. A)Cuentas algo que no tiene interés y B)Lo cuentas sin la menor gracia. Kate dice que sueña con tener una casa junto a su marido, y afirma sentirse “vieja” a los 25 años: y la solapa dice (!!): “[este diario] es una muestra de su incomparable mundo interior”. ¡Incomparable! ¡Mundo interior! Córtenme la yugular con la revista Hola, por favor.

[Este chiste se me cayó del párrafo anterior: Una redacción escolar da más gusto de suspender porque al menos le puedes dar a la niña con la regla en el culito.]

Así que dejemos NewCilan y pensemos en la editorial. Sí. Hubo una vez una editorial llamada Ediciones del Cotal. Prueba de ello es ese fósil múltiple de su catálogo, esparcido por bibliotecas y casas de la abuela. Eran libros encantadoramente feos (ver aquí), donde fui llevaba tilde y las solapas bisel: qué kistch. La verdad es que no sé si esta editorial cerró, pero imagino que sí. Y ónde andará el editor y sus trabajadores, ónde sus sueños de petarla y de forrarse, ónde ondea ahora su orgullo.

Ay.

Cuando las editoriales cierran, todos sus autores dejan un poco de ser autores; se convierten en desgraciados. Son como parados que encima no valen para nada, ¿que oficio es ser poeta?

Ahora que todo se hunde, agarren bien fuerte sus libros de editorial pequeña, porque en el futuro nadie se creerá que en España hubo una industria editorial decente si no les presentamos algunas pruebas.

Algunos fósiles.

Papel.

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