Vidas elevadas, de Miguel Baquero; La memoria del gintonic, de Antonio Báez

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Yimmy Yayo, un tío de puta madre -supongo.

Yo creo que por cada escritor frustrado hay, al menos, dos editoriales. Esto nos lleva a silogismos complejos: si por cada escritor frustrado hay 2 editoriales que publican a escritores no frustrados ¿de dónde salen tantos escritores frustrados, tantas editoriales? ¡Aquí publica hasta mi puta madre! Yo creo que publicar se ha vuelto más fácil que leer.

Este post va de dos cosas, libros al margen: one)about los libros que me mandan, y duo)about las más mínimas editoriales nuevas.

Vamos con one.

Anagrama no me manda libros nunca. Alfaguara, nunca. No se los pido, pero no por eso pueden mirar para otro lado: Tusquets me los manda, Mondadori me los manda: os están ganando por la mano vocálica, aaaa y aaaa.

Lo que sí que me mandan mogollón son libros así sin futuro, inencontrables, publicados en sitios raros (no sé, Oviedo), por editoriales estrambóticas, por autores que casi siempre dan clase en un colegio; de literatura. Yo quiero que me mande libros Vargas Llosa, joder; incluso que me mande sus bragas Natalie Portman: -Eva, deja de mandarme tus bragas, por favor.- Pero no.

Lo malo de estos envíos es que, cuando busco superficies lisas competentes sobre las mesas de mi casa para pintarme las rayas 20×15 no encuentro puto sitio y, ays, veo llegado el momento de tirar algo a la basura; y lo primero que hay que tirar a la basura, es sabido, son los libros.

La vida, amigos, es así de dura.

Dicho lo cual otra cosa pascual: casi nunca va uno y saca un libro aquí porque se lo han enviado; “mandar” es sinónimo de “enviar” y también de hacerme hacer lo que os pinta de los cojones. No te voy a sacar en el blog, majo.

Pero la gota horada la piedra no por su fuerza sino por su constancia y constantemente llueven libros que no necesito y que ni siquiera me compran en las de lance, zeúgma complejo o algo; y alguno al final sale en el blog. En resumen: me doy cuenta de que salen en el blog los autores que me escriben mails honestos. Soy como una zorra (soy una zorra): si me dices quieres follar es más fácil follar que si me dices que si quiero ir al cine contigo.

Una cosa insoportable de los mails de te mando mi libro es cuando imitan mi estilo y me vienen con juan cabrón he hecho un puto libro a ver si tienes cojones de sacarme: por favor, no pretendas meterle una canasta a Michael Jordan con un gurruño de celulosa, majo2.

No empece esto que digo para que los libros todos me los hojee, que a alguien hay que plagiar y a Borges dan ganas pero, luego, dan hostias con dama por copietearlo; sí.

Y duo. Parece que hace poco han salido dos sellos editoriales de aúpa; de aúpa nominal: uno se llama Eutelequia y de él hablamos con el libro de Patxi Irurzun, que lógicamente me debe un buen par de hostias. El otro sello se llama Talentura. Creo que ha quedado claro ya con suficiencia la nula pretensión comercial de sus fundadores: con esos nombres no les queda más remedio que publicar gran literatura.

Y de Talentura me leí hace unos meses Vidas elevadas, de Miguel Baquero, de la que hay que decir: pues es una novela bufa siglo XX con trama de poeta fracasado y casinos de pueblo que, mayormente, entretiene y da un buen meneo a los faldones barrocos del idioma. Una cosa Orejudo/Reigana que leí con agrado pero que no pretende -espero- pasar a la historia de nada. Y ahora me he leído La memoria del gin-tonic de Antonio Báez, que también tiene mayormente un buen gusto idiomático, sin barroquismos pero con ese barroquismo en realidad que es la sencillez, y que va de una vieja bastante salida que se apunta a un taller para escribir una novela sobre una vieja que se apunta a un taller y esa es la novela que leemos. Le sobran dos prólogos (tiene dos prólogos). Le falta algo de armadura, porque hacia la mitad se me deshace el interés por el qué viene luego y eso, en novela, como que no.

Y eso era la misa de hoy.

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