Vidas acerbas, de Pierre Drieu La Rochelle

Siendo nazi y suicida no se puede ser mal escritor. Kit kat Mansfield escribió un diario para hacernos ver que su alma era como la sección de perfumes del número pasado de Marie Claire: obviamente era una buena chica; obviamente no tenía nada que contar. Era, encima, neozelandesa, esto es, la zeta equivocada.

Pierre Drieu La Rochelle eligió la zeta esvástica, y traicionó a Francia, lo que es, claramente, mucho traicionar (vamos, ni punto de comparación con traicionar a Liechtenstein o a cualquier otro país intransitivo) y antes de que lo ahorcaran o guillotinaran o pegaran un montón de tiros en su pecho verjurado, se mató muy a su sabor.

Historias acerbas reúne 5 nouvelles de este angelito. Son extremadamente excepcionales, extremadamente antisemitas y extremadamente machistas. Yo de pequeño quería ser controversial.

Pierre no es muy buen escritor porque escriba muy bien (“…época en la que los arquitectos poseían todavía un residuo de grandeza en la punta de sus compases”) sino porque utiliza la escritura para expandir su honestidad. Francia tiene una literatura cojonuda porque, a diferencia de España, no la hacen catequistas, santurrones, progres ni salvadores de la Humanidad. La hacen pecadores.

“Me he aburrido con la mayoría de las mujeres, salvo con aquellas a las que sólo he visto una o dos horas, desnudas, en una cama. Las mujeres son aburridas porque hablan.”
Sólo puede entenderse la fijación y delación pro nazi de Pierre en que el nazismo debió parecerle sexy: estaba más interesado en las mujeres que en cualquier otra categoría kantiana. “Una conquista sexual es una conquista social”. 
Muy grande, muy sucio.
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