1Q84-3, de Haruki Murakami

La continuidad de las novelas en otras novelas que uno no puede leer a renglón seguido, sino cuando el traductor de turno termina de copiarlas del francés, tiene sus riesgos y, cómo no, la desaconsejo. Hacer una novela de 400 pags. y luego tener al personal tres o cuatro años (incluso tres o cuatro meses) -incluso tres o cuatro días- maniatado de ojos y expectativo por un trozo de cartoné presupone mucha petulancia.

Murakami o Tusquets o el traductor no nos han hecho esperar mil años para ver este trozo de 1q84, pero sí tantos meses que uno apenas recuerda dónde dejó el volumen anterior (tomos 1 y 2), por lo que opina uno que quizá sería guay poner un resumen de lo que pasó en los anteriores capítulos y, así, de paso, se explica al lector incauto que una vez pasó algo en 1q84.

Porque en el 3 tomo no pasa la mierda; nada.

Recuerdo el personaje de Amoame, la superkiller medio lesbiana que mató al líder de la secta y huyó. Y dices: qué fue de ella, la encontrarán (?), la violarán mucho (?). Pues abres 3 tomo de 1q84 y te encuentras a Amoame durante 300 páginas metida en una habitación. 300 páginas. Y nosotros preocupados por ti, hija mía, y estabas en tu dormitorio leyendo a Proust (verídico).

La verdad es que he leído casi todo en diagonal y, al menos en diagonal, no se folla nada. De hecho el tomo 3 tiene ese halo epifánico de cuando las personajas se quedan preñadas y hay que prestarles mucha atención y cariño: 300 putas páginas de bombonut nipón.

Todo esto para concluir que a Haruki-kun no le han dado el Nobel porque iba antes un vecino de la Academia sueca que dicen que escribe boberías boreales.

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