El cielo a medio hacer, de Tomas Tranströmer

El sueco Tomas Tranströmer ha ganado el premio Nobel de Literatura que dan en Suecia, un país donde todo el mundo paga sus impuestos y que, por tanto, cuando se premia a sí mismo parece que el galardonado se lo merecía el doble. Qué van a pensar estos putos españoles si premiamos a un sueco: dicen siempre en las deliberaciones finales allí en Suecia. Pensarán lo peor -suele apuntar la becaria-: que somos como ellos.

Estigma ibérico y pig y a pillar.

Me he hecho con esta antología de toda la obra del bardo boreal editada por Nórdica y prologada por Carlos Pardo, en un ejercicio -ese prólogo- de frankzapatismo inverso. Si el gincho con guitarra este hizo famosa la frase “escribir sobre música es como bailar de arquitectura” (si la piensas un poco te das cuenta de la gilipollez que es) la intro de Carlos Pardo viene a decirnos que “poetizar sobre poesía es como explicar una canción tocándola”. Y así, obvio, no se entiende ni la aurora.

¿Puede explicarse la poesía -sobre todo a los que no participan en concursos de poesía (aka “poetas”)-? Debería. Pero explicar la lírica poniéndose líricos deja las explicaciones en el mismo lugar que las bragas de los viernes: nadie sabe dónde.

Dónde están las bragas de los viernes.

Así que como eso de que “el poema, como un cuadro de Vermeer, será una pared más, pero una en la que se apoya el cielo”, no me dice nada sobre por qué Tomas merecía el premio Nobel, he tenido que leerme el libro.

O los libros acortados de Tomas.

“Parado frente a la ventana abierta, / en un primer piso, / me estaba afeitando una mañana./ Encendí la maquinilla./ Comenzó a zumbar.”

Deslumbrante.

Yo a Tranströmer, por estas poesías, lo he visto básicamente cándido, con esa candidez vasca de la vaca y la gaviota, del arbolito y las olas de la mar. Los poetas cándidos, o sea, felices, feéricos y panteicos, no hay quien los aguante.

Tranströmer, eso sí, tiene puntería para la metáfora y la comparativa: “[barcos] como juguetes de nuestra infancia que se han hecho gigantes y nos acusan por lo que nunca fuimos” o “el mar ha terminado de leerlos [los nombres de los barcos]”.

Pero he tenido que llegar a la biografía del poeta que -incomprensiblemente- viene a mitad de libro para entender por qué le han dado el premio Nobel, no específicamente el de Literatura, pero era el que quedaba.

Dicen: “…[la señora Tranströmer] trabajaba como enfermera en un centro de refugiados de Suecia. Allí, los Tranströmer conocieron a familias uruguayas y chilenas que llegaban en los años 70 para rehabilitarse [sic] de las torturas recibidas en sus propios países”. (biografía de T. T., pag. 206)

Ahhhhhhhhhhhhhhh, migo.

“Tranströmer es un poeta realmente leído en su país. Las ediciones de sus poemas se agotan continuamente y ha estado en el tope [sic] de las ventas del mes” (pag. 205)

Ahhhhhhhhhhhhhhhh, migo.

Ah.

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