Poesía completa, de Idea Vilariño

Uruguay tiene algo de Irlanda literaria del cono sur, por la calidad ocasional de muchos de sus narradores, que emergen de a poquito como pequeñas cimas de la literatura en castellano del siglo XX. Esta predisposición seudoentusiasta por la literatura uruguaya no le ha evitado a uno ruborizarse, abochornarse, indignarse y, finalmente, llorar ante la insoportable sucesión de memeces que conforman la poesía completa de Idea Vilariño.

Empieza lo completo con unos dizque poemas escritos a los veinte años donde la poeta parece sufrir mucho y así en general. El dolor del poeta. Que le den por el culo al dolor del poeta. 
Desde esos brotes verdes bibliográficos Idea Vilariño parece particularmente interesada en no utilizar nunca más allá de 56 palabras concretas del diccionario, siendo “luz” la más fatigada, hasta límites que ciegan el entendimiento y hacen subir las facturas eléctricas de la paciencia. La luz de Idea no nos cuesta un ojo de la cara; nos cuesta los dos. 
Luego su trayectora pareció recibir algún consejo (en concreto: Idea, déjalo que no tienes puta idea o haz por lo menos intentos de que no se te note), lo que desembocó en que no se le notara, con versos tan ininteligibles como estos: “La noche cubre mundo ahonda todo / desde tu valle espanto al magdalena.” Yo creo que leyó en diagonal algunos poemas de César Vallejo en Trilce y le dio un aire genialoide. 
Luego, uf, la cosa es que no pongamos comas, y desde Cielo cielo en adelante no puso comas y sus poemas eran un irrespirable vahído de monja en la noche. Una cosa realmente submarina en inteligencia y sensibilidad, como hundir la cabeza en un plato muy hondo de sopitas evidentes. 
Luego viene un poemario llamado Poemas de amor, dedicado a Juan Carlos Onetti, y el poema “Ya no”, que de aquella hasta se deja leer sin sonrojo
Y luego ya lo de siempre, el huso (sí, con hache) y abuso de cuatro verbos, reiterados y desdoblados, y vueltos a convocar, y todo para laminar lugares comunes hasta el día del juicio y proponer que cualquier gilipollez es poesía porque me sale de los huevos: “Escribo / pienso / leo / traduzco veinte páginas / escucho las noticias / escribo / escribo / leo. / Dónde estás. / Dónde estás. “
A mí esta señora me da vergüenza ajena.
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