Wendolin Kramer, de Laura Fernández

“¿De veras existen los detectives?”

El deseo de ser superheroína que puebla las mentes de las chicas de hoy es un gran avance de las nenas frente al deseo de ser princesa. Una chica superheroica sale más barata que una príncipa y además se bajan las bragas con supervelocidad y es todo así de raudo y emocionante. Luego las puedes tirar por la ventana porque dicen que vuelan. Estoy totalmente a favor de las superheroinas.

Esto de follar con chicas que se ponen máscaras también es algo a favor de lo que estoy mucho. Por no hablar de esas capas que puede uno amortizar a base de mamadas misteriosas o desayunos preparados por una vez sin robarnos la camisa como en los años noventa sino con la capa volandera detrás de las tostadas y el frufrú de la cafetera. Era amor.

Wendolin Kramer (etc) es el título que Laura Fernández le ha puesto a su novela de tebeo, con tebeo, por tebeo o para tebeo. La portada y todo del libro es tope totalis y me ha gustado mucho.

Dentro vienen diálogos.

Pero paremos en portada para analizar en un tristrás esto de los nombres de los autores contemporáneos. Yo creo que la postmodernidad es tan confusa que mucha gente cree que se puede ser escritor apellidándose: Laura Fernández, Pablo Sánchez o Pablo Guitérrez. Como alguien apellidándose Fdez Schez o Grrez gane algún día el premio Príncipe de Asturias de las Letras lo voy a flipar en putos colores. De toda la vida de Dios los escritores empezaban por escribirse sus propios nombres rumbosos; y los pintores; y los directores de cine: no hubo Francisco Pérez ni Pablo Ruiz ni Fernando Rodríguez; hubo segundos apellidos o apellidos inventados al cruzar las puertas y luego hijos que heredaban ese apellido adelantado adelantándolo todavía más que se había quedado en el puto tercer puesto; esto último es muy de vergüenza ajena, y jonás.

A mí este libro evidentemente no me puede gustar a mansalva. Los tebeos mira no. Pero en siendo mujer Laura Fernández no nos da el coñazo prescrito para la literatura femenina o escrita por mujeres, y eso es algo que hemos de celebrar o, al menos, reconocer.

La novela no sé de qué va: creo que es en Barcelona y a lo mejor en 1989, pero es que yo no me entero nunca de las putas tramas. Hay muchos diálogos y parecen traducidos del inglés o inspirados en una serie de televisión indie: nadie en Barcelona -ni siquiera en Barcelona- dice nunca “maldita vez” “maldita crisis” ni “maldito” nada. Da igual.

Es un libro simpático. La simpatía no es una virtud literaria. De hecho, la simpatía es una mierda. Me lío. Que sí. Las chicas ya no quieren ser princesas; y vuelan.

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