lo más importante es saber atravesar el fuego, de Charles Bukowski

Bukowski fue muchas cosas en su vida, pero nunca fue un hijo de puta que vivía de una beca. Fue cartero, fue vagabundo, fue menos que nada; pero nunca fue un hijo de puta que vivía de una beca.

Ahora ahí fuera no hay más que escritores y quieroserescritores que, principalmente, quieren que les paguen por intentarlo. Son, claramente, escritores de mierda o quieroserescritores de mierda, gente que no tiene cojones o gente que no tiene talento. Tienen becas. Tienen cenas de fin de beca y tienen un formulario a medio rellenar para la beca siguiente.

Se dicen, sí, escritores. Porque les dan becas para escribir, pero luego ni siquiera escriben sino que están dedicados a tiempo completo a conseguir su siguiente beca, que no es, en definitiva, una beca para escribir, sino una beca para buscarse otra beca.

Bukowski fue muchas cosas en su vida, pero nunca fue un hijo de puta antisistema que vivía del dinero del gobierno de los Estados Unidos. Un escritor -incluso un escritor de mierda- es mucho más escritor que un becado en la medida en la que se está jugando la vida para ser escritor, en la medida en la que su apuesta por escribir es una apuesta contra todo. Contra las becas del gobierno y contra el gobierno de las becas y contra el sentido común de dedicarse a cosas de mayor provecho.

El caso es que lo más importante es saber atravesar el fuego es un libro excepcional. Se dice poesía pero es más bien un diario llevado durante dos décadas que resulta difícil de “citar” porque su fuerza aumenta pasando páginas, acumulando pequeños detalles recurrentes de la vida de un señor que fue muchas cosas en su vida, pero nunca un hijo de puta con una beca; y no hay lírica y es todo desencanto.

Habría mucho que decir sobre este libro inmenso, que no se escribió con beca, sino con vino y libertad y días de independencia, pero no me pagan lo suficiente para escribir ni una puta palabra más.

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