Hacerse el muerto, de Andrés Neuman

Empezar a escribir con cuentos ya debo de haber dicho mil veces que es un error si uno quiere en realidad escribir novelas, porque para conseguir hacer una cosa lo mejor es fracasar haciendo esa cosa y no fracasar -o, lo que es peor, triunfar– haciendo la cosa contraria. Díganme si su amigo marica no triunfó con las pollas de primeras y se quedó en ellas, perdiéndose para siempre la carne opuesta: todo mi respeto para los maricas. Todo.

Neuman no sabe uno si empezó haciendo poemas o haciendo cuentos; o haciendo novelas. El caso es que después de hacer éstas ha decidido nuevamente hacerse el cuento.

Hacerse el cuento después de escribir una novela de 600 páginas (El viajero del siglo) es como tomar el cercanías después de adormecerse en un vuelo trasatlántico; o como hacerse unas pajas después de follarse a Shakira -por quedar más malherido.

Regularmente la gente no vuelve al cuento, porque hay menos dinero y Shakira no te hace tanto caso. Volver al cuento en un autor es o una cobardía o una admirable temeridad.

Todo esto era la introducción.

El libro de Neuman está muy bien. El autor argentino cuando le conviene y español cuando nos conviene a nosotros, tiene un estilo cinceladito de frase corta, exacta y eufónica. Su escritura en este libro remember a veces a Borges y a veces a Cortázar, y abunda en la sentencia psicofilosófica subrayable. Su escritura es siempre excelente.

Lo mejor es la primera parte, donde agavilla 5 o 7 cuentos relativos a morirse mucho o poco, o falsamente fallecer, que se benefician de la impresión lectora de estar protagonizados por el mismo personaje resurrecto o inmatable. También -y es mi teoría genial del post- la condición de hombre de bien del autor, su talante progre(sista) hasta el fanatismo, su insoportable feminismo, matrimonian particularmente bien con el tema Muerte, lo compensan o redecoran, lo afrontan, mientras que en el resto del volumen ese amor a la vida (así sin más) inclinan una mica toda su escritura hacia las buenas intenciones y la Bondad, lo que seguramente dificulta a algunos lectores reconocer los recovecos siniestros de la vida en esta literatura.

Yo creo que cuanto más dolor pone uno escribiendo, mejor.

Después de Elena y Juan, josé y Las cosas que no hacemos y Monólogo de Napoleón: los que más me han gustado. Monólogo de la mirona: el que más me ha gustado.

Como buen cuentario español contemporáneo no podía faltar el relato de cienciaficción (Fahrenheit.com) y la dedicatoria plural cuento a cuento a docemil personas.

Y como buena relatadera de Andrés Neuman no podían faltar un par de decálogos sobre escribir cuentos. “Toda historia que termina a tiempo empieza de otra manera.”

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