Papel a punto de, Estíbaliz Espinosa de

Estíbaliz Espinosa casi debuta en cristiano con este poemario diabólico: 666 ejemplares son.

Gallega y ciber-rastreable hasta cotas inenarrables, Estíbaliz estaba demorando el despliegue de su talento, que guardaba para sí o publicaba en gallego, lo que también es guardar.

Ahora la editorial de Almería El gaviero ha sonsacado a la autora estos poemas mayúsculos en este libro cuadrilátero: Papel a punto de.

Es un poemario muy bueno: y ya sabéis que, dicho esto, no habría por qué justificarse ni dar el coñazo con un argumento, que todo es bailar de arquitectura. Pero habrá que bailar.

Estíbaliz Espinosa nos ahorra en el libro, y ya es empezar bien, todo lo que sea que le agigola los días: el makeup, la compra, la regla, las amigas o los amigos, el envejecer, la mujernez, el facebook. Quiere decirse que en el poemario no hay tonterías.

En el poemario hay mucha escritura como materia de sí misma, y ya desde el título se nos propone la sintaxis como un ADN fiabilísimo de las cosas que nos pasan. El ser en los poemas de Espinosa es siempre un ser para el papel, desde el papel o, mayormente, desde la errata. Todo está escrito para luego ver si era así como se salvaba uno.

“Nos viramos al grafito. / Nos cometimos mutuamente”: el plural no es de modestia sino de eternidad: “Somos fiambres de letras, papel sucio, tinta a punto de.”

Se corta una frase como se corta una vena.

La afirmación infinita de Eloy Tizón (“sé que mientras estoy escribiendo no puedo morir”) se instituye como filosofía a pie de página y exvoto verbal; porque la escritura se vislumbra como esa feroz cosmología (“Bukoski río abajo, Bernhard río arriba”) que todo lo entiende en libro y nada entiende allende sus márgenes, que son los límites precisos de una identidad.

8/10

Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.