Némesis, de Philip Roth (con spoilers exhaustivos)

Roth publica cada año una novela, en esa muestra de jovialidad de vejestorio que tan diligentemente está conduciendo, sin ir más lejos, la filmografía de Woody Allen hacia el espanto. Las nuevas novelas de Roth no son tan malas como las nuevas películas de Allen, sólo igualmente rutinarias.

Roth en Némesis parece más viejo que nunca, por el simple motivo de que no hay ni pizca de folleteo en todo el libro. Considerando que Philip Roth ha escrito sobre follar con tanto descaro y tanta pringuez como el más consumado de los pajilleros, la ausencia de sexo en Némesis pone en cuestión no la altura literaria del autor, sino la leyenda de que los hombres, hasta el último suspiro de nuestra vida, queremos traer niños al mundo; o corrernos, va por creencias.

Némesis se sitúa -para variar -en Newark a principios de los años 40. Un profesor de gimnasia de 23 años cuida de unos niños no entre el centeno, sino entre algo peor: italianos. A Newark ha llegado la polio y los italianos, acostumbrados a la pasta, gustan mucho de enfermarse y quedarse tiesos con los tenedores en la mano. Los italianos sanos, entendiendo que la polio es una muestra más de discriminación sobre su comunidad, van a otros barrios a escupir en el suelo para igualar a todos en desgracia. Lo consiguen, o al menos hacen ver a la polio -que es como una tía bizca que da besos salivosos a los niños- que hay que infeccionar más allá de los inmigrantes. Empiezan a caer los niños que cuida el guardián entre el cemento del patio. La muerte se enseñorea de la infancia y Dios no da ninguna respuesta. Entonces los críticos ven claro que Némesis es gran literatura.

Lo más interesante de la novela, al margen de su tono inocentón y casi pudoroso (en Roth, por favor), es la intuición dramática (incluso: la técnica) que lleva a Roth a crear conflictos mediante paradojas y contradicciones: el profesor de 23 años no ha podido ir a la guerra por culpa de la miopía, pero su estancia en territorio pacífico se acaba volviendo más fúnebre que en el frente de Francia; el profesor recibe una oferta para irse a otro campamento infantil, salubre y con novia allí, declina la oferta y a los cuatro días cierran su propio campamento infantil; el protagonista es un prodigio físico y atlético, pero eso nada puede hacer contra una enfermedad que no se sabe por dónde llega (los italianos, los anormales, los perritos calientes de la tienda de la esquina…). Toda esta inmovilidad en la paradoja dota de temperatura existencial al relato: Dios, dónde paras, cabrón.

El giro final de la novela recuerda a las tramas de Lars von Trier. En ellas la solución a un problema es siempre la causa del problema, cinta de Moebius de la lógica argumental -chequeen Epidemic, por ejemplo-; y aquí viene el gran spoiler de esta reseña destripalibros: es el propio profesor el que ha contagiado la polio a sus alumnos.

Técnicamente, Némesis aloja un gran defecto o un arriesgado punto de vista, según lo mires. Es: que narra un narrador testigo, localizable por un par de primeras personas aquí y allá, y, sin embargo, el relato nos cuenta lo que piensa o recuerda o siente el protagonista (profesor), error de principiante (como solemos decir los que no tenemos puta idea de nada) que en Roth parece inadmisible o, según lo mires, virtuoso. Es sólo en la parte final del libro cuando ese yo que contó nos cuenta cómo sabía todo lo que sabía para poder contarnos lo que nos contó, pero eso no justifica que conociera con precisión qué recuerdo acudió a la mente del protagonista en una circunstancia concreta, ni tantas otras cosas con las que ha armado el cuento.

La novela, en una muestra más de fatiga vital del autor, acaba con una imagen poderosa y optimista, como es lo propio de tener ochenta o noventa años, que para pesimismo ya tienes el espejo y las pastillas.

Esta entrada fue publicada en Narrativa 2011 y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Némesis, de Philip Roth (con spoilers exhaustivos)

  1. Ya con la novela Indignación se vio un Roth con poco fuelle; aunque un viejo genio de la escritura es como un buen boxeador tocado, siempre da la sensación de poder dar la sorpresa con un golpe inesperado. Sinceramente, de Roth sólo me apetece leer su obra pasada. De todos modos hace bien en seguir publicando. Con más fuerza vital la mayoría de las novedades no se acercan a su nivel.
    Imagino que sigue escribiendo para sentirse vivo. Esto que suena a cursilada no es nada poético. Aún recuerdo a Miguel Delibes, anciano, quejarse de no poder escribir desde algunos años antes. Ya estaba muerto cuando se lamentaba así.

  2. ¡Tercer mejor libro del año según 50 críticos para Babelia!
    Flojita la novela, sí, igual que la lista de Babelia

  3. Rudo dijo:

    Me ha gustado la reseña. (La reseña en sí misma).

  4. Coge fama y échate a dormir. Desde The Human Stain y The Dying Animal Roth no ha escrito un jodido libro realmente bueno. ¿Dónde cojones ha quedado, me pregunto yo, las putitas a lo Delphine Roux, el puñetero sujeto subalterno spivakeano, el Eros y Tánatos freudeano y toda la puta narratología que consagraron a Roth? Me temo que al final, como a todos los Tutankamon, le preocupa morir sin haberle besado el culo al rey de Suecia.

Los comentarios están cerrados.