Fantasía roja, de Iván de la Nuez

Es curioso cómo los ensayos políticos, particularmente los que atañen a asuntos actuales sobre los que el lector puede tener ya un posicionamiento intuitivo, no consiguen perforar el propio perímetro de sus propuestas. O dicho más malheridamente: me quedo putamente como estoy. El título, el resumen, la portada, ya avisan de que este ensayo va a poner en cuestión el hermanamiento intelectual con el castrismo, esa sinfonía épica de escritores y pensadores de todo el mundo y décadas varias en favor de Cuba como antídoto o aguafiestas del capitalismo malvado. Entonces lees el libro y ahí nos quedamos todos, tiesitos, cada cual con su postura inicial, in-argumentada, verdaderamente decorativa.

Por tanto lo mejor de Fantasía roja es aprender y ver quién es quién, qué dijo, qué película rodó, qué personaje salió, qué autores dijeron y qué fotos tomó Korda, Alberto. Todo ello, al compás de una prosa precisa e irónica, que prescinde de notas al pie, referencias bibliográficas y, vamos, todo el aparataje propio de esto de pensar en libro.

El personaje más fascinante es Feltrinelli, que se inventó el logo del Che y que tenía noviecitas de 20 años, pues no por nada era editor y de izquierdas. (Esto es lo típico que digo a voleo y luego alguien se enfada: repito: ¡es a voleo!)

Como leer a Pascual Serrano, su Desinformación, o ver Inside Job, uno entra ya convencido o inconvencible, o no entra, en estos páramos reflexivos, porque todo ensayo político es en verdad un mitin, y los mítines no hacen otra cosa que dilatar una convicción.

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