La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

Morel inventó el pantallazo, en una isla, y sobre amigos. Capturar pantalla, toda o un trocito, y así la web y la vida no se actualizan ni puede hacerse click o gong sobre ellas, porque, aunque parecen iguales al original, son en verdad taxidermia, nueva, inmortal.

Y eso es todo. La invención de Morel, El pantallazo de Morel, no va más allá de lo que iba esa idea que se le ocurría siempre al becario de Lost, y que siempre desechaban los guionistas en nómina porque tenían ideas mejores, con osos.

Bioy Casares hizo esta novela para su amigo Borges, que la consideraba “perfecta”. Yo, cuando me dediquen un libro, también lo consideraré perfecto. Perfecta será como dedicatoria, y hasta como entretenimiento burgués, reinterpretación ociosa de las novelas de aventuras del siglo XIX, pero con vocabulario pedantón y amores helados; pero como novela, es, sobre todo, un coñazo.

Me aburre infinito el pantallazo de Bioy. Leo en diagonal para saber de qué va la cosa, porque si leyera cada palabra que escribió Bioy me daría un ictus. Qué engolado, inverosímil y pretencioso es todo. Qué inutilidad de talento. No hay ni tanto así de vida o pertinencia.

Si le quitas las incongruentes citas de Cicerón queda en cuento de Pumuky, con efectos especiales de los años 80.

El episodio piloto de un homenaje al cubo de Rubik.

Esta entrada fue publicada en Antañón y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares

  1. Eso mismo pensé yo cuando me la mandaron leer en la carrera y al profesor se le caía la baba explicándonos lo magnífica que era.

    Hace unos años la volví a leer pensando que era una mierda (ese es el recuerdo que tenía de la primera lectura) y como no me esperaba nada bueno, no me disgustó tanto…

  2. Evilasio Sarralde dijo:

    Creo que Bioy Casares quizá intentó introducir un elemento de duda y falsedad argumental mediante el uso de conjunciones adversativas.

  3. Clea dijo:

    ¡Por fin una foto interesante!
    En cuanto a la novela: me has destrozado un mito.

  4. Zote dijo:

    Es una magnífica escritura, la de Bioy. No apreciarla es otra cosa, propia de…

  5. Juan, empiezo a temer que eres un magnífico escritor pero un pésimo crítico. Hablas de lo pretencioso que es el bueno de Bioy pero olvidas que la literatura es una puta partida de ajedrez creada ad hic haec hoc para hijos de puta ociosos y pretenciosos. Ya lo decía nuestro querido Bamby de Alcalá o te da un ictus y se te desnatan los sesos o

  6. edgar dijo:

    A mi también me aburrió bastante, y además me sentí estafado como en esa película en que una niña “ve” un asesinato y, como es el centro de tensión de la trama, hasta el final no te dicen que está ciega. Cuando el argumento es pobre solo te salva la escritura, y a mi, en este caso, no me pareció ni siquiera engolada. Ojalá.
    Pero perfecta sí es (en lo liso, en lo poco innovador). Y probablemente eso es lo único que podía decir Borges. Se le llama quedar bien sin decir nada, que es uno de deportes que mejor practican, entre otros, muchos intelectuales.

    http://emigrantesofisticado.blogspot.com/

  7. Hola Juan:

    Ya veo que has abierto de nuevo los comentarios como en los viejos tiempos.

    Leí esta novela hace bastante tiempo y recuerdo que no me disgustó. Tenía pensado leer algo más de Casares, aunque siempre me pareció que si no llega a ser el amigo de Borges hoy sería un escritor bastante olvidado. El acuerdo era claro: Borges aportaba a Casares entidad literaria y Casares invitaba a cenar a Borges.

    Quizás lea algo más de él o de nuevo esta novela, me apetece ver qué me parece ahora.
    saludos

    • VD dijo:

      “El acuerdo era claro: Borges aportaba a Casares entidad literaria y Casares invitaba a cenar a Borges.”

      ¿Tú crees, David? Mira que el chosco era un maldito genio pero un chupasangre de cuidado. No sé hasta qué punto le interesaba (es nuestra obligación moral dudar) que acabásemos pensando sus seguidores que todos los escritores que lo rodearon en vida eran tipejos mediocres que poco o nada tenían que ofrecer a la literatura. Lógicamente en estos ménage à trois estilo Swift-Pope-Gay siempre hay uno que se queda con las ganas, pero en este caso creo que Borges es el que se hacía las pajas, con perdón, y los demás observaban famélicos. Yo sospecho de un fulano que es un 40% Papini (la presencia de Maïnlander es la prueba definitiva de que lo leía y con muchas ganas). De todas formas no son comparables, porque hideputas como el chosco, pocos. Hay que tenerlos muy grandes para afirmar públicamente que el Faust fue un error de Goethe.

  8. A ver, VD, explico la broma un poco:

    Casares tiene un diario que habla de su relación con Borges, que yo no he leído, sólo hojeado; y en ese hojeamiento vi que se insinuaba, por parte de Casares, que Borges siempre se dejaba caer por su casa a la hora de comer y áquel insinua que Borges era un gorrón; o quizás, ahora que lo pienso, leí esta anécdota en las palabras de algún escritor y por eso hojeé el diario de Casares. No sé si en mi (desafortunada) broma estaba evocando, sin citarlo, a Aira (no es seguro).

    Como decía, en mi comentario, a mi “La invención de Morel” me gustó y Casares es un autor con el que quiero volver. Me apetecen algunas de sus novelas; y también quiero volver con Borges.

    Creo que en este 2012 leeré algo de los 2.

    Por cierto, me encanta la palabra “chosco”.

    saludos

    • VD dijo:

      Na’, es la forma cariñosa que tenemos de putear los “gallegos” al boludo resabidillo. Pero oye, no conocía la anécdota del Borges gorrón. Joer, las tenía todas: enano, feo, cegato, merluzo, falsificador y ahora gorrón. De todas formas me quedo con una anécdota contada por la Kodama en la cual afirmaba (no sin cierto resentimiento) que en los hoteles dormían en habitaciones separadas porque Borges así lo “imponía”. En fin, que cuando el río suena mierda lleva.

      Y perdona Juanito por abusar de tu hospitalidad.

Los comentarios están cerrados.