Europa Central, de William T. Vollmann

La novela de mil páginas ya dije un día que sólo tiene un tema: el de un hombre escribiendo una novela de mil páginas. El tocho, de normal, es premeditado, y eso da a todas y cada una de sus páginas una elasticidad mayor y una sintaxis vírica, que sólo busca generarse a sí misma en detrimento de la filigrana, el detalle o la síntesis. Esta gente escribe para desbordar su propio juguete, a la búsqueda de novelas que son más grandes que la vida.

Leyendo Europa Central de Vollman (o Coltmann: link) he pensado sobre todo en por qué no he leído Contraluz, de Pynchón. A fin de cuentas, es la misma mierda. Un autor americano de halo mítico, soberbia razonada, ambiciones imperiales, prestigio indeleble, avalistas argentinos y ediciones en tapa dura. Y creo que no pude pasar de la página 50 de Pynchón porque su novela sobre un hombre que está escribiendo una novela de mil páginas buscaba un lector que se considerara a su vez tan hombre como para leer esas mil páginas, independientemente de todo lo demás. Yo ya me considero bastante hombre por leer un haiku escrito por un marica analfabeto; no necesito estas tonterías gimnásticas. Contraluz es un divertimento insoportable, o una soporífera sucesión de aventurillas high culture, pero no una novela que transcienda su propia halterofilia.

Sin embargo, Europa Central, que tiene todo y más para no gustarme, es efectivamente una gran novela, imprescindible, canónica, perdurable si es que la literatura del siglo XXI fuera siquiera a perdurar. Uno no lee Europa Central, como sí Contraluz, para decir que lo ha leído entero, sino simplemente para leerla. Es un libro, en este sentido, que se lee por dentro, mientras Contraluz o La broma infinita se leen siempre por fuera, muscularmente, con ardor juvenil de jogging minucioso por las noches, para sacar tableta.

Europa Central va de Hitler y alrededores, aunque Hitler sale poco; sale más Shostakovich y Roman Karmén y Ajmátova y otra poeta, Elena, de buen ver. También hay un cúmulo impreciso de operaciones militares, y unos cuantos generalotes o mariscones de campo que pierden batallas o ganan nuevos frentes, todo al trantrán de una prosa apasionadísima, documentada, entusiasta y con coca.

El gran acierto -monumental- de esta novela sobre algo acerca de lo cual se han hecho quizá más novelas de las que deberían permitirse es la elección de un narrador sucesivo altamente extraño: es un narrador testigo, y es un narrador omnisciente; es un narrador múltiple pero parece siempre el mismo; habla desde el yo pero, muchas veces, enuncia un nosotros germánico o ruso, todo ello seguramente es lo que hace de esta novela algo muy distinto a los mamotretos historicistas que clásicamente retratan el conflicto aquel, como Vida y destino y demás letra de notario.

En fin, un pez gordo.

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9 respuestas a Europa Central, de William T. Vollmann

  1. VD dijo:

    Que conteste Bolaño:

    “Escogía La metamorfosis en lugar de El proceso, escogía Bartleby en lugar de Moby Dick, escogía Un corazón simple en lugar de Bouvard y Pécuchet, y Un cuento de Navidad en lugar de Historia de dos ciudades o de El Club Pickwick. Qué triste paradoja, pensó Amalfitano. Ya ni los farmacéuticos ilustrados se atreven con las grandes obras, imperfectas, torrenciales, las que abren camino en lo desconocido. Escogen los ejercicios perfectos de los grandes maestros. O lo que es lo mismo: quieren ver a los grandes maestros en sesiones de esgrima de entrenamiento, pero no quieren saber nada de los combates de verdad, en donde los grandes maestros luchan contra aquello, ese aquello que nos atemoriza a todos, ese aquello que acoquina y encacha, y hay sangre y heridas mortales y fetidez.”

    Lo que no hay es putas ganas de leer, Juanito. Pues eso: que ni los jodidos farmacéuticos ilustrados le echan huevos hoy día.

  2. Mb dijo:

    En la Feria del libro del año pasado, me regalaron el libro que publicaste con una selección de tus post. He empezado a leerlo esta semana y, aparte de gustarme tu estilo, cómo escribes y la forma de expresarte, estás despertando en mi la curiosidad e interés en autores y obras que no conocía. Esta mañana he leído el capítulo de Tu rostro mañana de Javier Marías. El fragmento del libro que dejas al final de ese post es muy bello, sin duda. Gracias.

  3. Umbral tenía una piscina olímpica en la dacha para arrojar la mierda que le iba llegando, a falta de piscina tú te envaneces de hozar en la mierda como un coprófago bulímico. Todo es cuestión de clase, de orden, de especie, de familia. ¿Anélido o coleóptero? Hete aquí el barrunto. No le pidamos peras al omos.

  4. Lansky dijo:

    Lamentablemente, esoy de acuerdo contigo en la valoración negativa de contraluz, aunque no por la s viriles razones que das. No hay carpintería: no es una novelasino una sucesión de historietas más o menos (frecuuente) interesantes. Con prestigio se puede vender cualquier boludez

  5. José Martínez Ros dijo:

    Es un libro magnífico (de hecho la reseñé en su momento cuando salió), y se me quedaron especialmente clavados los capítulos acerca de Shostakóvich y Gerstein. Putas para Gloria es otro Vollmazo de impresión. Lo que no sé si le voy a perdonar es su reincidente opinión sobre Pynchon (aunque no es su mejor novela desde lejos: no hay nada como El arco iris de la gravedad, ¡NADA!) y la casi peor sobre el grandísimo Danilo Kîs, que por cierto engendró culturalmente a su admirado Aleksandar Hemon, aunque teniendo en cuenta que no le gusta Borges y Kîs es su oculto gemelo balcánico lo entiendo. Ah, y comparto totalmente su opinión acerca de Vida y destino. Un cordial saludo.

  6. Pustulio dijo:

    Danilo Kîs es tan aburrido como pretencioso. Para leer serbios mejor Un puente sobre el Drina de Ivo Andric y A las que amamos, de Alaksander Tisma, que va de putas, a las que amamos.

  7. Vamos a ver: Cierto que Europa Central es una monstrusidad maravillosa, pero Vida y destino es otra gran novela, con varios momentos geniales, como por ejemplo las consecuencias que se derivan de la llamada telefónica de Stalin al físico Viktor Strumm (hacia la página 1.000). En cuanto a Contraluz, el fallo es que se tiene la sensación de que leerlo es inútil. El majadero que elogia El arco iris de gravedad seguro que dio positivo en el control antidoping al acabar la lectura. Sólo se puede leer si uno se lo propone a muerte (cosa que yo hice pero tiré la toalla en la página 1.050), y digo yo que leer es otra cosa, ¿no? El que un libro tenga pasajes interesantes, como sin duda aparecen en las obras de Pynchon, no significa que este hombre no debiera ir a un taller literario para que le explicaran cuatro cositas.

  8. José Martínez Ros dijo:

    Sr Fierro, su comentario me ha hecho recordar su comentario me ha hecho recordar cierta cita famosa acerca del barniz de cultura que no enmascara la imbecilidad fundamental. No me extraña que escriba poesía. Un cordial saludo.

    • Estimado José Martínez Ros, El arco iris de gravedad (EADG) es una obra fallida de principio a fin. Me parece inexplicable que goce de ese predicamento. Cuando uno de estos tochos literalmente ilegibles sale a la luz se le encasqueta el adjetivo “postmoderno” y lo cierto es que resulta útil para que algunos se ganen la vida, como estamos viendo por aquí. Lo que ocurre con Pynchon es que tiene otras obras que están mucho mejor, como Mason y Dixon, pero EADG y Contraluz son obras para admiradores acríticos.

      En cuanto a la frase “No me extraña que escriba poesía” es espléndida para conocerle a usted y para situar el valor de sus juicios literarios en la medida adecuada. Para despreciar hace falta cierto talento, y a usted le ha salido un elogio involuntario que aprovecho para agradecer.

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