Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar

Uno diría que el siglo XXI en las letras españolas se ha iniciado con un gran concurso de redacciones por el día del Padre. Resultan ya incontables las novelas que, en rigor, no son novelas sino cantos personales a la paternidad, la maternidad o el starlux. A mí, de primeras, me va más el mdma de la modernidad, incluso el avecrem de la trama, que estas manzanas antiguas sobre el tablero de la seño.

A santo de Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar, podemos hablar también de la nostalgia. Porque la obra toda de Pérez Andújar apuntala además ese otro movimiento literario español de nuestros días que consiste en contar la infancia y el barrio y la tele de aquella y los tebeos de entonces y de entonces tantas cosas. Y podemos hablar, con esta novela, con este libro, del Yo, y de la diferencia que hay entre lo doméstico y lo íntimo y de cómo esa diferencia es la herramienta precisa para distinguir lo literario de lo meramente llorón.

Y más. Podemos hablar de Barcelona, de ese otro puto movimiento letrado que lleva diez años diciéndonos lo asquerosa que es Barcelona, por clasista y por snob y por racista y por turística y porque, parece, no les dejan salir de allí y ser felices en Cuenca.

No tengo tiempo para todo. Así que centrémonos en el libro, implosivo y neto.

En rigor, Paseos con mi madre no pasea con la madre mucho rato; sólo un par o tres de capítulos, de quince que trae. El resto son textos moleculares encomendados a un tema o a un personaje, a unas calles o a una pequeña historia. Como en todos los libros que supuestamente van a tratar de la madre o el padre, el autor, mayormente, habla de sí mismo.

Javier Pérez Andújar, en sí mismo, no es más interesante que cualquier otro ciudadano de San Adrià de Besòs. Por eso es que tiene que escribir mejor que cualquier otro ciudadano de San Adriá de Besòs. Enseguida nota uno que Francisco Umbral se halla entre sus dioses tutelares, y en la página 35 va y lo dice no sea que alguien crea que le influyó Juan Benet. Andújar, a mis ojos, se muestra como un Umbral humilde, lo que es en verdad muy poco umbraliano, y eso hace que su prosa no quiera brillar tanto ni ser tan subrayable. A pesar de la exposición que hace el autor de su fe en la metáfora, lo que curte su prosa son en verdad símiles o comparaciones, que vienen siendo como las metáforas preventivas o el tropo tímido propios del paisano que llega a la gran ciudad con la cartera llena y, sin embargo, pide el plato más barato en el restaurante de la literatura.

Creo que aquí se ahorra talento.

También se hacen variados juegos de palabras (“hay un barroco burgués forjado en frases subordinadas, como el dinero se forja sobre la clases subordinadas”), y, ya que estamos, se incurre en el rojerío a muerte y con efusión de sangre -en exceso, para mi gusto.

Y todo, en resumen, para hacer un muy buen libro, seguramente de lo poco bueno que he leído en español en 2012. Un muy buen libro que no es nada del otro mundo -nueva reflexión-, pues su estructura de suma y sigue, su sencillez absoluta, la aleatoriedad del orden en que se colocan los capítulos, nos pone sobre aviso nuevamente de que, a veces, el gran libro por venir no será especialmente original ni especialmente rompedor ni especialmente complejo (a veces, repito) sino sólo treintamil palabras soltadas con toda el alma.

Lo triste, pongamos, es que estos libros contra burgueses concretos de ciudades concretas salen y se leen, y por quiénes los leen y quiénes los pagan uno constata que en España, de ninguna manera, habrá nunca nadie que se dé por aludido.

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13 respuestas a Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar

  1. Lansky dijo:

    bueno,,,no todos se han hecho pajas en Tokio y tienen que trabajar con materiales nacionales

  2. VD dijo:

    Es admirable tu afán por leer autores patrios y darlos a conocer. Y es que lo cortés no quita lo valiente.

  3. julian bluff dijo:

    Sobre lo anterior, lo de la literatura española actual … una pregunta al vacío

    Juan ¿cómo conjugas leer todo eso e intentar escribir bien, puro, claro, neto… ? ¿no te asustan un poquito todos estos libros qué lees?

    • VD dijo:

      Qué coño van a asustar Gracq, digo Bluff. Asustar asustan los escolásticos hombre, San Anselmo, Pedro Abelardo, Alain de Lille, no los mierdernos que escriben mierdeheces.

  4. Lansky dijo:

    La ‘nueva’ literatura española (no ‘en españo’l) actual en su conjunto no tiene casi interés (como la anglosajona, por otra parte, aunque emnso, pero ellos son los amos), y lo digo comparando con otras épocas. Por provocar, pero el asunto es tan serio como cierto, no hay ni un sólo escritor joven de hoy minimamente comparable a Galdos, aunque hay una cincuentona que al menos lo intenta (y un vasco setentón también). Ya vale de ser tan complacientes, joder.

  5. Anónimo con afán literario. dijo:

    Oye, ya que ando por aquí en vez de viendo porno, ¿Hay algún escritor contemporáneo que merezca la pena ahora mismo? Quiero decir, alguien que escriba un libro de verdad, que aunque estuvieses en casa de tus padres y sin haber trabajado en dos años mereciese la pena birlarle diez euros o veinte a un colega para tener el libro entre las manos, algún Henry Miller que haya por ahí escondido o aunque sea un Louis Aragon o algo más fantasioso pero que dé buenos golpes, ¿o he de seguir esperando a que se mueran para que salgan de debajo de las piedras? (Sí la respuesta es sí, pues no hace falta que contestéis)(Sé que con esto os animo a contestar) Venga mover los comentarios antes de que este tío ponga otra entrada que es que no para.

    Saludos desde la mierda

  6. Zote dijo:

    Yo vengo ya años, décadas acaso, infatigable, inamovible en mi idea de leer autores ágrafos, sin parangón en la literatura Universal, o española, y me va de bien… En espera, claro está, de la erupción de algún portento de músculo verbal.

  7. VD dijo:

    Hay buenos momentos y gente más o menos joven que apunta maneras: la idiota de Agosto, octubre, la lucha sexual en Tatami, el planteamiento formal de El grito, algunas cosillas de Alba Cromm o el mito de los aeropuertos de El Hacedor (de Borges), Remake. Cada uno hace lo que puede con la pluma; otra cosa es saber vender la moto a las editoriales.

  8. Anónimo dijo:

    Hay un escritor joven que lo hace francamente bien: “el joven Marías”, que decía Benet. Así están las cosas.

    Subcomandante Marcos.

  9. Anónimo dijo:

    Anda por ahí el subnormalizante Marcos…

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