Contra el rebaño digital, de Jaron Lanier

Durante años, los enrollados de internet se lo han pasado en grande pegándose con analfabetos digitales y ministros tectónicos a sabiendas de que no tenían ni puta idea del asunto. Jaron Lanier sí la tiene. Y lleva rastas. Rastas reaccionarias. Qué confusión.

Debate editó el año pasado I am not a gadget (No soy del Barça) con un título castizo y confundidor: Contra el rebaño digital. Dado que todo el mundo se cree tan original como una lata de cocacola caducada, y tiene blog y facebook y un póster que no cuelga del dormitorio de nadie más en occidente que del suyo; y dado que Jaron parece negro y, repito, lleva rastas, y dado que toca una flauta muy rara en el 60% de las fotos suyas que aparecen en google images, parece de inmediato que lo que nos va a contar está de nuestra parte, del lado bueno, del lado, sí, tíos, de la cultura libre y el amor universal.

Lo cierto es que del amor universal sí está; el libro llega podridito de new age, hippismo revenío, fuerzas positivas, comunidad con los alienígenas y comida macrobiótica. “Estamos rodeados de algo llamado amor”, dice en un momento dado. Yo estoy rodeado de algo llamado gilipollas, pero acepto cualquier ecosistema alternativo.

Después de darnos a entender que él también es un enrollado, Jaron avisa de que va a poner mucha “negatividad” (casi pide perdoncito) en la mayor parte de su libro. Y empiezan los fuegos artificiales.

“He concebido este libro como una larga declaración de fe en los opuestos de la teoría computacional, la noosfera, la Singularidad, la web 2.0, el long tail y todo lo demás.” 

Jaron Lanier, que tiene un ego más grande que mi puta madre (soy un idealista y un revolucionario, lo hice todo hace treinta años, yo inventé el software libre: estribillo cada 4 páginas), parte -os voy a contar todo el libro- para su diatriba del concepto de “anclaje“. Es:

Que muchas de las páginas webs o aplicaciones que hoy entendemos imprescindibles, necesarias y hasta connaturales son fruto de la casualidad y, sobre todo, de la pereza. El usuario -dice J- se ha acostumbrado a manejar y manejarse en determinados entornos internautas y, por conservadurismo, ha llegado a considerar como puntos de llegada lo que no deberían ser otra cosa que lugares de paso del desarrollo tecnológico. A este anclaje ha ayudado el discurso totalitario de los “amos de la nube” que, como mandan y hacen la gran pasta, contribuyen en la medida de sus fuerzas a que esta ilusión de internet-anclado prospere.

Jaron tiene muchos amigos genialoides tecnófilos, y los va nombrando, pero nunca nombra a los genialoides tecnófilos que hoy en día llevan el riendel de las tres uves dobles; lo que sí que nombra son sus dominios: Facebook, Google y Wikipedia. Los detesta. Nunca he conocido a nadie que odie la wikipedia, con lo solícita que es para escribir noticias a la carrera sin saber de la misa la media naranja o para hacer prólogos a autores que uno acaba de conocer en el escaparate del carrefour.

“Wikipedia trata de borrar por completo el punto de vista”

La animadversión que siente Jaron por la tríbada falsaria punto com le lleva a compararlos con regímenes dictatoriales:

“Si una iglesia o un gobierno estuviera haciendo esas cosas, sería considerado autoritario, pero cuando la culpa es de los tecnócratas, parecemos modernos, frescos e innovadores. La gente acepta unas ideas presentadas de forma tecnológica que serían detestables bajo cualquier otra forma. Me resulta muy extraño oír a muchos de mis viejos amigos del mundo de la cultura digital afirmar que son los auténticos hijos del Renacimiento, sin darse cuenta de que utilizar los ordenadores para reducir la expresión individual es una actividad primitiva y retrógrada, por muy sofisticadas que sean las herramientas.”

Jaron -y de ahí lo del rebaño– entiende que el paradigma que triunfa en la red anula al individuo, al autor, la creación individual y el bricolaje de los sábados. Habla mucho de libros, de escaneo, del libro único en la red, y afirma que tal opción es empobrecedora en su homogeneización abusiva, y que nos emparenta con la Edad Media o Corea del Norte, “donde sólo hay un único libro”.

Esta adscripción de lo más molón de la red al totalitarismo lo explica a renglón seguido:

“Las primeras generaciones de marxistas no odiaban a esos trabajadores destacados [los artistas], pero sí trataban de nivelar el estatus en la sociedad. Mao introdujo una sensibilidad distinta, según la cual sólo era digno de renumeración el trabajo duro del estrato base en la jerarquía de Maslow. Los campesinos, que trabajaban en los campos como lo habían hecho desde hacía milenios, eran dignos de elogio, mientras que los individuos de los estratos más altos, como los intelectuales, debían ser castigados. // El movimiento de la cultura libre, curiosamente, ha promovido un resurgimiento de esa sensibilidad.”

Su defensa de los autores sigue con un análisis del sector industrial que se ve beneficiado en el nuevo escenario:

“Por desgracia, sólo existe un producto capaz de mantener su valor mientras todo lo demás se devalúa bajo el estandarte de la noosfera. Al final del arco iris de la cultura libre abierta, yace una primavera eterna de anuncios. La cultura abierta eleva la publicidad desde su papel como acelerador para situarla en el centro del universo humano.”

O, dicho de otro modo:

Si te interesa saber lo que sucede realmente en una sociedad o ideología, sólo tienes que seguir la ruta del dinero. Si va a parar a la publicidad y no a los músicos, los periodistas y los artistas, entonces esa sociedad está más interesada en la manipulación que en la verdad o la belleza.”

“La cultura está destinada a convertirse sólo en publicidad”, concluye.

Jaron justifica este pesimismo ante la evidencia de que la cultura libre no ha creado absolutamente nada nuevo, dado que se limita a versionar las creaciones y productos surgidos en el capitalismo de la abuela, o a recuperar estilos propios de otras décadas. Según él, la música pop del siglo XXI es la primera en la historia que carece de personalidad.

“Deseo que las nuevas generaciones de la cultura digital me escandalicen y me dejen obsoleto, pero en cambio me veo atormentado por la repetición y el hastío.”

“Existe una regla práctica que se cumple en cada versión triunfante del movimiento 2.0: cuanto más radical se dice que es un experimento social online, más conservador, nostálgico y familiar será el resultado.”

Estas afirmaciones, tan deliciosamente reaccionarias, las dice este tío con el apunte inmediato de que ÉL creó, junto a un amigo y un par de pizzas, el movimiento del software libre, la realidad virtual entera y Second Life un poquito.

“El dogma políticamente correcto que sostiene que el código abierto es el mejor camino hacia la creatividad y la innovación no está respaldado por los hechos.”

“Al final del camino de la búsqueda de la sofisticación tecnológica parece haber una casa de juegos donde la humanidad retrocede hasta el jardín de infancia.”

Y llora, Jaron, llora, Jaron, llorón Lanier llora mucho:

Me parte el corazón hablar con jóvenes llenos de energía que idolatran los iconos de la nueva ideología digital, como Facebook, Twitter, Wikipedia y los contenidos agregados de tipo libre /abierto /Creative Commons.”

Un rastafari reaccionario era lo que necesitaba el mundo. Por lo menos da qué pensar, el cabrón. Eso sí, se siente un cierto latido loser en su discurso, pues a fin de cuentas él creó Second Life y Second Life se ha ido a la mierda y hay otros que lo han hecho mejor que él y que follan más y tienen coches más grandes y páginas más extensas en la wikipedia; y eso, seguramente, le jode.

Los sistemas filosóficos más complejos y exhaustivos suelen surgir de frustraciones personales bastante ridículas, sugiero.

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5 respuestas a Contra el rebaño digital, de Jaron Lanier

  1. Lansky dijo:

    ¡Qué asco de tipo y de libro! Y seguro que lo vende como churros. Gracias por esa boca tan bonita de la que habla por telefono, porque si no ya me dirás qué aliciente me das hoy, malherido

  2. Pustulio dijo:

    Me recuerda a los “38 estratagemas de la dialéctica erística” de Schopenhauer, escritos porque el gilipollas de Hegel siempre le ganaba las discusiones en el café.

  3. VD dijo:

    Pobre Whitman y pobre Teilhard de Chardin. Mira tú a lo que han quedado reducidos. Entretanto yo seguiré con mi Matt Howden, con mi Dai Sato y con mi Dolron. Como en las enciclopedias: todo es cuestión de saber buscar y tener gusto.

  4. jonan dijo:

    ¿Alguien me podría explicar qué coño es la noosfera? ¿Tiene algo que ve con el Instituto Noos de Urdangarín, ese gudari de nuestro tiempo?
    Por cierto, Lansky, la de la boca que habla por teléfono está requetebien, pero a mí me mola más la foto de la lavandería… básico que es uno, supongo.

  5. Otto dijo:

    Qué bonita palabra ‘tríbada’, qué significado tan imprevisto, qué suyo Espinosa.

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