Mesa revuelta #1

El pájaro speed y su banda de corazones maleantes, de Rafael Chaparro Madiedo, nos lo trae Tropo desde Colombia y el camposanto: autor muerto a los 32, vagamente mítico en su país -según solapas-, de fotogenie genialoide y tendencia a la prosa estupefaciente y lucy in the sky with diamonds sin poner comas ni puntos durante un rato que él considera oportuno para desahogar la psicodelia y a veces poner las letras verticales y otras alargar las vocales de la palabra lluvia y todo para. Que unas chicas chupen whisky y pollas, y unos papitos las cortejen y aceleren sus motos y sus. Glándulas. Yo estoy mayor para la aventura rutinaria de la genialidad.

Todos perros, de Álvaro Luque Amo. Pues Álvaro es de 1990 y eso ya da pistas de la infinita misericordia que embarga a este reseñista: juventud que escribe, juventud que animamos. Su libro ganó un premio con Pérez Reverte de jurado y la Uni de Sevilla de pagadora, pero aún así somos misericordiosos. La novela, brevita, pinta médula en una escena de juegos preguntones entre amigos, una tarde en el porche. Esto se baraja con historias de hombres perseguidos y argentinos apuntados con la Glock a la cabeza (se agradece) que, sin embargo, no se sabe qué tiene que ver con lo anterior y subsiguiente. Muchas veces ve uno a la juventud que escribe empezarse escribiendo con la cosa de los amigos, y asina lo hizo Bruno Francés de aquella en su Carpe diem y María Folguera, de esta, en Sin juicio, libros los tres -contamos ya Todos perros– que proponen juegos peligrosos como biopsia de las personitas. Álvaro cae en dos manías juveniles también muy vistas: vocabulario y referencias. El joven, cuando se pone a escribir, y si su padre no se puso sobre todo, ha de defender su osadía, y suele artillar la tal con un exceso de palabrejas glamurosas, que poco aportan, y un exceso de demostraciones de lecturas y películas, que aportan también poquito. El juego de las preguntas es muy ingenioso y me lo pido para mis domingos.

Diario de un escritor delgado, de Germán San Nicasio. Esto no los remite Eutelequia, adorable editorial impronunciable, pendulante entre el offset y el digital. Lo de Germán es en offset. Nacido 1978, GsN publicó con 25 años en Espasa “una historieta de estructura facilona y apariencia ligera que en realidad era un plagio descarado de José Ángel Mañas, Ray Loriga y toda esa banda del nuevo realismo sucio, muy de moda por entonces.” Ahora anda buscando editor para su siguiente novela, como afirma y contabiliza en su diario, catálogo de rechazos y desazones [Nota rápida: la editorial Páginas de Espuma no rechaza su novela con otro “retintín” que ser un sello exclusivamente dedicado al libro de relatos, extremo este que el autor parece ignorar y que le genera, en cambio, una animadversión excesiva hacia el editor rechazón]. Este libro me ha interesado mucho en diagonal, que son 300 y su puta madre páginas del yo doméstico del autor. Me ha interesado, claro, por filiación, pero también por cómo uno puede escribir 300 y su puta madre páginas sobre sí mismo y, al cabo, no salir en la foto. La voz y razones del Diario de un escritor delgado son las de toda una generación que escribió o lo intentaba, y sus referentes, y hasta las citas de Umbral o las películas recordadas e incluso los nombres propios de periodistas y arquitectas son extrañamente obvios y consabidos y todos los 70s los tuvieron en las manos ese mismo día de hace diez años. La cosa con los diarios parece ir de sinceridad, de abrirse en canal y no callarse nada. En realidad, la cosa con los diarios es la misma que con cualquier otra pieza verbal: escribir bien. Y aquí (no señalo nada que no señale su autor: “Abro el documento de Microsoff Office Word titulado Diario de un escritor delgado. Releo al azar. Una puta mierda, como no podía ser de otra manera”) se echa de menos la influencia real de Umbral, tan citado -cada 3 páginas- y tan poco imitado entremedias, con la sintaxis y la imaginería. En la portada sale el propio autor muy sufrido de corbatas sin camisa y tiritas en el puente de la nariz, los ojos al carbón, pórtico preciso de la self-deprecation que encontramos de luego, en las 300.

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2 respuestas a Mesa revuelta #1

  1. jonan dijo:

    ¿Qué es eso de poner una foto de una tía en bragas y un pavo con pantalones blancos retozando en la playa? ¡Hay que poner retozando a dos tías en bragas, hombre! O sin bragas, ya puestos.
    La foto de la arquera mola más, pero sobra el bikini. En mi humilde opinión.

  2. VD dijo:

    Tomo nota. Nunca se sabe. Yo no daba un duro por un tal Alberto Olmos y, no siendo Cide Hamete Goytisolo, la verdad es que el chaval no lo hacía mal.

    El temita de las editoriales lo dejamos porque empieza a ser preocupante. Que te digan que no reciben manuscritos hasta 2100, salvo las editoriales de quinta regional -benditas sean-, es el pan nuestro de cada día. Pero soy de los que cree que si hay talento, siempre habrá editores suicidas que le echen huevos. Al fin y al cabo, a estas alturas de la película, la literatura más que un oficio es un plan de jubilaciones de puta madre.

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