Punto de fuga, de David Markson

Me ha llamado la atención la salida simultánea en Argentina y México en sellos de de un par de libros de David Markson muerto en 2004 en 2011  el imperio español los vende. 12 euros cuesta la edición mexicana de Punto de fuga y 24 o 22 que no me acuerdo la argentina de La soledad del lector. Según dictan solapas Markson inició una tetralogía y murió en 2004 y la primera era La soledad del lector, supongo que protagonizada por Lector, y la segunda, VerdeHalago, Punto de fuga, protagonizada por Autor.

Estos libros son la hostia.

Son la hostia los libros raros y únicos y herramentales. Instrumentales, quicir. Hacer herramientas martillos berbiquíes con las letras yo lo valoro muchito. La herramienta es que, surgido y surtido el libro único, ese milagro técnico, luego cualquiera puede hacer su libro único ya no milagroso: su Me acuerdo, su Novela del corsé, su Cien novelas río y sus Rúe Percebe / La vida instrucciones de uso. Y además está la cosa -vista con ese Me acuerdo embebido en decenas de novelas en español últimas- de que esa fórmula que ocupa en el autor inaugural una obra entera puede asimismo trasladarse discretamente a una parte pequeña de otra obra y aportarle un algo; un capítulo, o un párrafo de Me acuerdo, etc.

Lo de Markson es muy Me acuerdo, más el Meacuerdo malo de Perec que el emocionantísimo de Brainard; más cultura que infancia. Pero en Markson mola lo que en Perec, era, ya digo, malo.

Punto de fuga (a la mexicana) nos amontona no citas sino datos y anécdotas, incluso anécdotas que son datos. Cientos de ellas, de ellos, de. Y, cada tanto y sin avisar con cursivas o timbales, cuélase una voz directa en tercera persona sobre Autor, señor que tropieza con las paredes y su vejez, que piensa en la muerte y que piensa en su propia constitución cultural. Toda una vida de lecturas salvada in extremis por los pelos, por los filamentos a menudo ridículos de la cita, la fruslería o la curiosa conexión. La vida se asoma a través del tonelaje de la cultura en esas escasísimas anotaciones sobre Autor, y es que la vida la perdimos leyendo y cultivándonos como cadáver.

Con unos ejemplos se ve mejor [fin]:

Dostoievsky escribió El jugador en dieciséis días.

Stephen Crane escribió La roja insignia del valor en diez.

A los 21 años. 

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Una no semificción semificcional.

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Camilo José Cela luchó del lado fascista durante la guerra civil española.

¿Quién es aquél que puede decirme quién soy?

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La decisión de George Orwell de que su nombre real fuera el que se grabara en su tumba.

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Nunca he matado a un hombre pero he leído muchos obituarios con placer. Dijo Clarence Darrow.

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7 respuestas a Punto de fuga, de David Markson

  1. VD dijo:

    La madre que te parió, Juanito. Éste te lo tango ya, pero ya, ya. Suena a Shipley pero en versión portátil de andar por casa. Gracias por compartirlo.

  2. The Translator dijo:

    Durante mi infancia hubo demasiado silencio; tanto silencio hubo en mi infancia que me cuesta aun pensar con propiedad. Papá y mamá no me hablaban. Qué iba yo a hacer; así es la vida. En casa la charla espontánea a la hora de cenar no existía, cada quien miraba el plato y comía, cada cual llevaba sus razones personales, mas, a la vez, eran todas una y más o menos la misma: entrenarnos. Los Michaux éramos mimos, ¿sabes? Mimábamos en el circo Gran Langois. Fuimos los primeros en dar el espectáculo como familia y ganamos cientos de premios en Francia. Salvo por lo del silencio, ya te digo, mi infancia estuvo bastante bien.

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    Algunas palabras que acaban en “ero”: enero, madero, cochero, vertedero, sonajero, hervidero, aguacero, recadero, posadero, cordero, bandolero, palomero, majadero.

  3. julian bluff dijo:

    Perec es un coñazo canónico y meter citas en los libros, una catetada muy gorda.

  4. Satán baja dijo:

    La gran novela de Markson “La amante de Wittgenstein (Destino) es una gozada… también llena de referencias a escritores, monólogos interiores y Beckett por un tubo…

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