Retrato del fascista adolescente, de Antonio-Prometeo Moya

Me ha interesado mucho de pronto y a tutiplén la figura de Antonio-Prometeo Moya. Acaba de sacar libro y pensaba uno -uno cualquiera- que estaba desaparecido desde que publicara libro hace cinco o seis años, cuando en verdad estaba desaparecido desde mucho antes; desde el principio.

1975. APM publica Retrato del fascista adolescente, y Millás, Juanjo, afirma: “Supuso el despegue de nuestra generación literaria”. Voces autorizadas -o sea, con 60 los años ya- atestiguan que aquel Retrato dio que hablar, dio que leer, agitó lo suyo y estuvo en boca de todos los demócratas, que, como se sabe, eran muchos.

2011. Berenice reedita el Retrato, con portada muy similar a la original, y con prólogo incomparable de APM. Un festín. Antonio guión Prometeo Moya escribió estos cuentos entre los 23 y los 26 años, empeño que, a su propio juicio, debe considerarse como el experimento más radical visto en la literatura española desde la guerra civil. Qué tiempos. Uno podía escribir libros con 24 años sin que la fulanía lo menospreciara, considerarse a sí mismo un genio sin mayores pudores y usar la palabra Fascista en el título tranquilamente. Eso da señales precisas del futuro que tenía aún la literatura; de su deliciosa soberbia social.

El libro, en realidad, no me ha gustado. Sólo algunos cachos -niega el autor haber escrito cuentos-. Cachos como Metamorfosis del expresionismo o (cojan el aire): Iniciación a la etopeya de un rehabilitador de delincuentes comunes. 

Lo acabé hace una semana y no sé si me acuerdo de por qué no me satisfizo. Pienso. Pienso que pensé que esto era lo de siempre: el joven adelantado a su propia psique, sobrecultivado, sobreengreído, que vomita literatura sin masticar y piensa que su ilegibilidad va a ser confundida con el genio. Las juventudes hitlearianas de la literatura: quieren que se note que están desfilando, que están escribiendo, que han leído a Faulkner y que les sale sola la esvástica barroca. Es todo estética del golpismo, anhelo de derrocar los nombres propios para poner el propio nombre y seguir con el tinglado. Esto es lo que se me ha ocurrido ahora que lo he repensado.

Lo notable del texto es que no parece viejo, setentón; cualquier joven de hoy lo podía haber escrito con un poco de coca y el diccionario abierto a voleo con la vara de su avaricia, de su hormonal desplante.

Lo usual.

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3 respuestas a Retrato del fascista adolescente, de Antonio-Prometeo Moya

  1. julian bluff dijo:

    Hola a todos!

    La pedanteria -y un tío o una tía que con veinte años pretenden publicar algo, lo que sea, son unos pedantes- sólo se palía mediante el conocimiento y para que este pueda ser adquirido es menester que el tiempo transcurra. Besos y hostias.

    Un tío o una tía de veinte años pueden saber muchó, muchísimo, y tener muchas, muchísimas, experiencias que contar. Con un tope: veinte años. Más allá de ese tope no puden ir. Lo correcto es entonces que escriban literatura juvenil, generacional, manga, porno y eso… y continúen con el aprendizaje hasta que lleguen a asimilar que nada de lo que se les ocurre o les sucede pasa de ser el calco, renovado, de unos arquetipos eternos.

  2. VD dijo:

    Faulkner no se lee; Faulkner se estudia. ¿Tú has escuchado a alguien decir, querido Juanito, “me estoy leyendo la Crítica de la razón pura”? Pues eso.

  3. Oke dijo:

    “… sobreengreído, que vomita literatura sin masticar y piensa que su ilegibilidad va a ser confundida con el genio”. ¿Qué nombre va a tener airear un secreto, acaso una intimidad, que nunca se ha explicado? Ego-algo o setenta euros la hora, creo. Y esto es gratis. Un ilegible al que aflora la tolerada frustación sin mal genio. Buen chambao, Mal-herido Inc.

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