Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras

Son muchos, y Pérez Reverte, los que propagan las excelencias de esta novela del siglo XVII; yo la he leído porque la recomienda Rafael Reig.

La he leído en un libro que tiene él mismo muchos los años: 32; es un tomo de La novela picaresca, enladrillado en prosa que Aguilar hizo nosécuándo. Mi tomo es de 1982.

Alonso de Contreras narra su vida, su vida de verdad, y con más juicio de lo que puede preverse en el propio título, donde la vida va antes que el nacimiento, éste antes que los padres y la crianza son dos líneas del primer capítulo; lo demás -160 páginas- es ir al corso, escaramuzar y meter la polla.

Esta novela, fenomenal, no tiene sin embargo de picaresca otra cosa que la pereza del compilador, del historiador de la literatura y de los lectores mansurrones (Umbral). La picaresca, de toda la vida de dios, trata de un imbécil y un pobrehombre, y Contreras, capitán, nos sale y nos queda de chulito folladamas y matamoros. Es lo que se conoce como un buen español.

Ahora sólo hay machos en México, y por eso se salvajea tanto en aquel país, mientras en España los machos lo más macho que hacen es escribir un blog. Pero miren, pinches mexicanos, lo que era un macho español:

Yo, con la cólera, dije que había de hacer lo mesmo de los dos que tenía; dijeron que querían más diez cequíes que treinta moros. Y así, delante de ellos, les corté las orejas y narices y se las arrojé en tierra diciendo: «Lleva también éstas», y atándolos espalda con espalda, me alejé hacia la mar y los arrojé a sus ojos.

Contreras, según cuenta, mató primeramente a los 14 años, a otro niño. Luego no paró de matar y por eso se hizo militar, para no malbaratarse lo hijoputa:

…acerté a estropear a uno de ellos, que era el cabo, que se iba muriendo de las heridas, y antes que acabóse lo ahorqué de un pie y colgado de él entré en el puerto donde estaba toda la gente de la ciudad en las murallas…

De esta hijoputez habían de beneficiarse también las mujeres:

En este tiempo me aficioné de una mujer casada, que fuimos amigos algunos días, y otra a quien yo conocía, también casada, traíame en cuentos de celos, tanto que me obligó a hacer una ruindad que, por tal, la cuento. Y es que me fui a su casa, delante su marido, con resolución de cortarla la cara.

Al macho no le pones tú los cuernos, nena:

Estuvimos casados con mucho gusto más de año y medio, queriéndonos el uno al otro. ()… Yo tenía un amigo que le hubiera fiado el alma. (…) Los cogí juntos una mañana y murieron.

Nota al pie: el editor nos aclara que en el manuscrito, tachado, Alonso escribió: “Los maté.”

¿No da gusto ser español leyendo estas cosas?

Hay mucho follar y mucho miedo -macho- a ser maricón o que te lo indiquen. Las amenazas son a lo Pulp Fiction total:

Aunque en rebeldía, supe que Solimán de Catania había jurado que me había de buscar y, en cogiéndome, había de hacer a seis negros que se holgasen con mis asentaderas, pues creía que yo me había amancebado con su amiga, y luego me había de empalar.

Y la ropa; los españoles sin Zara sabían más de ropa; ahora no sabemos lo que es un cárdigan ni una bailarinas, que nos lo dice la novia cuando nos las regala por el cumple. Pero Contreras sabía la ropa porque la ropa la robaban todo el tiempo, como si fuera un objeto de lujo, o la carrocería de uno mismo, ese automóvil para circular por San Ginés.

Todo este matarile, folleteo y roperío viene en prosa rigurosamente excepcional. Contreras, como buen español, escribía bien con la punta de la polla. Para esforzarse ya estaba la guerra.

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3 respuestas a Vida, nacimiento, padres y crianza del capitán Alonso de Contreras

  1. VD dijo:

    La culpa fue de Felipe IV, ya lo decía Manuel Machado. Desde entonces en España, hasta que llegaron los Moratín, se escribió no con cojones sino con guante y terciopelo. Púdrase Luzán, pues, en los infiernos afrancesados.

    Creo, mi ilustre Juanito, que los siervos de la gleba las prefieren teutonas. Lo carpetovetónico no es cool, a Dios gracias.

  2. Creo que ser educado y gamberro al mismo tiempo —serlo bien— es casi tan prodigioso como ser capaz de andar al unísono hacia adelante y hacia atrás.
    Yo le agradezco a usted que demuestre saber hacer como mínimo lo primero.
    Un saludo.

  3. Anónimo dijo:

    Que satisfacción leer un libro como este ahora que vivimos en la era de la homosexualidad

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