CT o la Cultura de la Transición, Guillem Martínez (ed.)

Emparedado entre un sello de Creative Commons y una acreditación de Greenpeace no puede haber nada bueno. CC asegura en la primera página de este libro que podemos disponer de él alegremente, dejárselo a un amigo, memorizarlo del revés, citarlo, comentarlo, olvidarlo en un puto bar y no sufrir si se lo lleva el más gilipollas de la barra; en fin, todas esas cosas que nunca nadie hizo con ningún libro hasta que llegó Creative Commons. ¡Gracias, CC!

Greenpeace dice que este libro es “amigo de los bosques“; y dice más: ” El proyecto Libros Amigos de los Bosques promueve la conservación y uso sostenible de los bosques (2), en especial de los bosques (3) primarios, los últimos bosques (4) vírgenes del planeta.” Visto así, no parece que haya tan pocos bosques.

Entre el procomún y la amistad nemorosa, están unas ideas, unos ensayitos, unas firmas de veinte lo menos sujetos pensantes que peroran entorno al acrónimo CT, sigladera que nos explica Guillem Martínez en el prólogo y que luego vuelve a explicarnos porque es complicado inventarse conceptos con este calor.

Cultura de la transición es la cultura propia de la Transición. Es curioso que cultura de los 80 sea la cultura propia de la década de los 80 y cultura de los 90 lo suyo en la última década del siglo XX. También tenemos la cultura malaya, propia de los malayos, y la cultura decimonónica, propia de los decimononos; miren que el Real Madrid tiene hasta filosofía de club, y el Fútbol Club Barcelona también. Quiere decirse que a nada que nos aburrimos hacemos cultura y, si es con los pies, filosofía. Quiere decirse que Cultura de la Transición es una obviedad sacada de madre para eludir la putada de que unos señores no se mueren, sino que siguen publicando libros y haciendo películas como hace treinta años.

Entiende el antologador y prologuista que cultura de la transición merece un etiquetado propio: CT, y, claro, todo un libro (este) de mareamientos de la perdiz democrática, dado que esas siglas han provocado que España tenga “la cultura más extraña y asombrosa de Europa” y que su perdurable hegemonía haya “supuesto una limitación diaria y llamativa a la libertad de expresión”. Es por eso que este volumen independiente y revolucionario no se puede comprar en la Casa del Libro -se agotó-; hay que comprarlo en El corte inglés. Publica Random House Mondadori.

Nos hemos quedado a un paso de la guerrilla, en efecto.

Yo creo que en España hay que empezar cuanto antes con las clases de envasado. El idioma inglés no domina el mundo porque Estados Unidos domine el mundo, sino porque sabe hacerse cortito. España no. España inventa CT, por ejemplo. Comparen CT con ASAP o con LOL o con BTW o con WTF: CT parece el aula de pretecnología de un instituto de Albacete, la nota perdida de una muchacha desmemoriada (Comprar Tampones), el fusil que usaba mi abuelo en la mili… cualquier cosa menos algo que dé gusto decir en un chat o tumbado en la chaise longue del hotel Alicia. No ve uno que CT vaya a correr fortuna oral, por mucho que aquí mismo le estemos haciendo gasto.

Mi juicio sumarísimo sobre este libro también puede ser cortito: irritante. Cuando follen conmigo y me duerman a polvos busquen el volumen debajo de la cama y comprueben cómo un bolígrafo bic puede llegar a dar miedo. A continuación comentaré algunas de mis anotaciones.

La primera y más insoportable impresión que deja el tránsito por esta gavilla de etCTeras es la de hallarnos ante un sistema de conexiones amicales que, como cortocircuitos en verdad, van electrocutando la buena fe del lector. De los bosques no sé, pero de sí mismos sí que son amigos.

Es casi imposible encontrar un artículo en este libro en el que no se cite a un autor de otro artículo del libro; la cosa sería menos apestosa si -como debiera indicar cualquier buen libro de estilo- se estilara la prevención de anunciar con un simple “mi amigo…” o “mi querido…” la relación que guarda el orador con el adulado o referente de su discurso; esto, unido a uno que otro concitado innecesario (“en una conversación privada, el crítico de televisión…”, “Pero, como escribió la periodista…”; y se añaden los nombres esperables), procura al lector un pasmo especular de alta graduación: ¡Que corra el vino! ¡la bodeguilla en ciernes!

No se debe a un conocimiento previo la visión de comandita que uno echa sobre un determinado plantel de autores -en realidad, bastaría con mirar un poco en google-, sino que el propio coro de voces delata a cada paso su propia partitura comunal, de la que podemos señalar algunas notas sobresonantes.

Sin esa partitura, no menudearían como lo hacen las dualidades, puntos de contacto sociocultural entre los artículos, a los que a buen seguro un antologador menos apresurado hubiera puesto freno. Contar dos veces en doscientas páginas el afer Echevarría con Babelia no parece muy riguroso; citar a la muy poco conocida autora Mercedes Soriano dos y no sé si hasta tres veces no da muestras de un amplio espectro de lecturas ni de haber comprado cada uno su phoskitos pa los cromos del pensar, la verdad; ídem del bote para La cultura, un invento del gobierno, artículo de Rafael Sánchez Ferlosio publicado en El País en los 80 cuya concurrencia simultánea en lo menos dos de estos ensayitos también da que pensar sobre la variedad de figuras que van a salirnos si todos unimos exactamente los mismos puntos.

Nota al margen para el diario El País, hoja parroquial al parecer de la CT y, al mismo tiempo, lugar habitual donde firman muchos de los colaboradores de este volumen. Cuando no firman, salen en una foto contestatariamente vestidos de Christian Dior.

Por favor.

El artículo que me ha gustado es el de Jordi Costa sobre cine. El improbable director Juan Luis Izquierdo -que algunos reseñistas profesionales han asumido como real– le sirve al crítico cinematográfico para verter sus propias opiniones sulfúricas sobre el reciente peliculeo español, con su consabida defensa de Elio Quiroga frente a Alejandro Amenábar y una reivindicación de Iván Zulueta por sobre Pedro Almodóvar, entre otros disparates filomarginales. Esta pieza, simpática e inteligente, me ha dado sin querer la clave de mucha de la tontería que se acumula en este libro: la clave es la profesionalidad, la profesión, el concepto mismo de la manufactura del producto artístico. O, dicho de otro modo, Almodóvar no es Almodóvar porque siga una ideología progre de beneficios evidentes, sino porque se droga menos, se levanta antes y trabaja más. Parece difícil echar de su sitio a Muñoz Molina o a Amenábar si siguen produciendo mientras los marginados y aherrojados por la sociedad lloriquean su preterición en el bar de debajo de su casa. Dan varios en este libro la impresión de que escribir una novela o rodar una película es lo fácil, lo usual, y que lo difícil es que intervenga en la sociedad: que intervenga en la sociedad es una gilipollez comparado con ser capaz de terminar una obra, amigos. Y no digamos con ser capaz de ir acabando obras según pasan las décadas: llamemos a esto CT, si quieren.

El machista Don Drapper decía en algún capítulo de Mad Men a unos hippies volanderos que el gran secreto del mundo era este: no hay conspiración. A lo cual yo añado -y señalaría nombres concretos en este libro, sí, pero no hace falta que se me enfaden todos-: qué miedo me dan los que con tanta certeza creen corruptos a los demás, conspiradores a los otros, ilegítimo al resto; están a sólo un paso de perpetrar su propia conspiración justificada.

“Hemos aprendido la lección de la CT: entras si tus ficciones sirven al modelo (…) En caso contrario, no entras.”

Vayan con cuidado.

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20 respuestas a CT o la Cultura de la Transición, Guillem Martínez (ed.)

  1. Sofía Alberoni dijo:

    Vaya. Creo que se ha superado a usted mismo. La mejor reseña que he leído jamás a Mal-Herido.
    Bravo.

  2. Gabriel Syme dijo:

    Dos apuntes insustanciales: 1) puede que sea una secuela ambientalista de la lectura de la cosa ésta, pero en la frase “peroran entorno al acrónimo CT”, ‘en torno’ quizá debió escribirse separado y no tojunto; y 2) quizá porque así lo exige la gravedad del tema (la Cultura), falta la foto de la chati. Todo lo demás, bastante bueno como siempre: la curtura será lo que seriese, pero la Cultura que se escribe a sí misma con mayúscula es una industria.

  3. Preocupín dijo:

    “No vivimos en la«matriz»,ni tampoco vivimos en el«espectáculo».Lo cierto es que el mundo en que vivimos es mucho más prosaico.” Joseph Heath y Andrew Potter (Rebelarse vende). Pero Don Drapper lo dice con otra caída de ojos, a decir de mi mujer.

  4. julian bluff dijo:

    Hola a todos. Hola, Juan.
    Tocas, de pasada, como el que no quiere la cosa, uno de los puntos claves del reconocimiento público de los escritores. Uno crítico. No otro que el del aggiornamiento. O sea, el de la diligente y satisfecha, cohabitación (y lo que se tercie) del escritor en la pomada.
    Si es espontáneo es tristísmo: un verdadero artista jamás se tiene que acomodar al establishment (si tienes que comer jamón york en vez de jabugo, pues te jodes y comes jamón york) si es premeditado es trístisimo (que es un putadón del quince aseverar ¡¡por escrito!! que molán un montón de cosas que lo que hacen, en realidad, es tocarte -o por lo menos sudarte- los cojones).
    Dies, quince, veinte… (ni siquiera dos, si de verdad son grandes) escritores no pueden revelarse de acuerdo, entre si, en los temas esenciales de la vida. No me lo creo. No me los creo.
    En resumen, que los literatos respecto de los que podrían resular creíbles estos libros… ummh… generacionales, jamás iban a prestarse a ceder sus escritos para algo como eso y los que sí que se avendrían a hacerlo ya sólo por ese mismo hecho se estarían poniendo, ellos mismos, en entredicho.
    Un escritor de verdad es un egoista; no un hipócrita.

  5. Lansky dijo:

    deberías aprender a escribir como Olmos y su última novela, cojonuda y con mucho sexo, hasta el punto de que ha envilecido de envidia a los envilecidos previamente, y encima en Mondadori.

    • VD dijo:

      Hay que reconocer que al principio resulta un poco prosaica y algo seca, pero conquista a medida que avanza. La literatura es verdad y en Ejército enemigo hay verdades a tomar por culo. Quitaría links, simbolillos chorras y gráficos nocillos, pero me quito el sombrero una vez más. Tres de tres, pues.

  6. El chirría dijo:

    Desde luego te explicas mucho mejor que Patrulla Moral de Salvación (PMS), dear damaged

  7. VD dijo:

    Hay cosas que sí, hay cosas que no. Lo habitual.

  8. jonan dijo:

    ¿No hay foto? Haber puesto una de la Cantudo en bolas,hombre, o de Bárbara Rey (en sus tiempos mozos, claro). O de Victoria Vera, que tenía su aquél…

  9. Pingback: Maketo power » Hoy en la Ciutat Invisible, presentación del libro sobre CT

  10. La Cultura de la Transición es eso de los progres ¿no?

    • Nigredo dijo:

      La CT es algo así como la Cultura Tanatoria, que aún no ha dejado de existir. Esa es una de las tesis del librito. La prueba de que no ha dejado de existir es la prosa misma del Gran Olmos: un discurso que se debe, letra a letra, a aquello que critica. Es su reflejo ácido y humeante, y sin ello no podría vivir.

  11. David Sechard dijo:

    Yo tan sólo le he dado un buen repaso, sin profundizar, pero me parece un libro ridículo con toda la gauche divine de la cultura, o parte de ella, de Cataluña. Pero si ellos están encantados con cualquier excusa para hacerse los rebeldes y transgresores. Viven atrapados por sus fantasmas, por la culpabilidad de ganar un buen dinero supongo. Resulta tan patético como cuando echan pestes sobre La Vanguardia y al ser citados en el Cultura/s o cuando les encargan un articulo en el mismo se ponen a masturbarse en las redes sociales. Incongruencias. O cuando les llaman de algún centro cultural y los bañan con dinero público para montar algún estúpido festival. Son prostitutas de la cultura. Además, la portada y cierto tufo nacionalista ( de aquí o de allí, todos son unos mediocres) me parece muy poco inteligente. Kiko Amat, otro supuesto transgresor bien establecido, ha escrito (http://www.kikoamat.com/web/2012/06/libro-del-mes-junio-2012-vv-aa-ct-o-la-cultura-de-la-transicion/) sobre este libro: “…cómo estamos donde estamos, en este país pobre y bobo y de derechas”. ¿Se puede ser más simple y bobo? Estos culturetas que se llenan la boca con “la derecha”, mientras pasan por alto todas las criminalidades que los socialistas han hecho en Cataluña, realmente apestan. Mensaje unidireccional. En resumen (dicen) que la cultura está alienada con el poder (obhh) unos tipos que llevan viviendo de la cultura varias décadas. Ah, no, perdonen, que esos son otros, ellos son los buenos. ¿Por qué no habla Kiko Amat sobre el Cultura/s, suplemento donde él colabora? ¿No quieren hablar de poder y cómo se compra a los “intelectuales”? Ahí están todos.Y sigue el personaje: “Una cultura paupérrima, servil, elitista y repugnante. Y muy de derechas”. ¿Y la de izquierdas no es igual? La gente de cultura que mete la política de por medio son unos mediocres o unos caza subvenciones. ¿Dónde están las propuestas Juan? Mucho adjetivo manido, mucho lugar común, pero ninguna alternativa. Ellos viven muy bien con la crisis. Y, personalmente, dudo que la transición tenga mucha culpa del estado de la cultura en este país, pero estos señores de la gauche divine son unos nostálgicos y unos víctimistas.

  12. Roser dijo:

    ¿Y de que van los artículos? Di algo.

  13. Buffalo Bill dijo:

    “una obviedad sacada de madre para eludir la putada de que unos señores no se mueren, sino que siguen publicando libros….”. ZAS!!

    A ver que tardan en invitarlos a La Nube, o algún programa de TV3 o C33 o al Cabaret Elèctric.
    En fin, gente de la cultura que presume estar asfixiada, oprimida y con las alas cortadas y bien felices ellos con sus poses. ¿Y el toro de la portada? La culpa es de España! Y de CIU. Nunca de ellos, que realmente mueven el bacalao en la cultura. Encima de vendidos quieren erigirse como luchadores. Qué desfachatez. Snobs burgueses que no han conocido privaciones culturales.

    Muy triste como ha acabado Kiko Amat.

  14. ProPolis dijo:

    Una lectura a la contra de la que venís haciendo.

    La portada no puede ser más explícita. No es es este un país de ganado bravo. Nuestro becerro de oro siempre fue la cabra de la Legión. Somos más Soborne que Osborne (prototipo, por otra parte, de toro aborregado). La CT o Cultura de la Transición es como llama Guillem Martínez a lo que imperaba antes del 13M de 2004. Entonces voló por los aires el espantajo de ETA y encaramos a una hidra de mil bocas mentirosas. La misma que ahora no damos degollada. El libro – que suma varios “repasos” a la literatura, el feminismo, la tele, la música… la industria mediática de los últimos 35 años – serviría de guadaña para segar mil tribunos a sueldo.

  15. Álvaro dijo:

    La crítica que se hace al libro es bastante superficial. El argumento de vender mucho (se ha agotado en la casa del libro), trata de disminuir el supuesto pedigree underground de quienes lo han escrito. No estoy seguro de que los autores pretendan ser tan “malditos”. Yo creo que aspiran a suceder a la cultura que ellos mismos están describiendo. Para bien y para mal se trata de una contestación conceptual a un contexto cultural y mediatico cuya superación resulta más que evidente.
    La entrada de Propolis me parece más acertada ( y no soy un multinick de él, simplemente he pinchado su link). Es cierto, el tiempo dirá cuantos de estos autores se colocarán en una situación de monopolio cultural como la que ahora describen/denuncian. Pero eso no quita mérito a lo afortunado del concepto. Cultura de la Transición.

    En fin, que los artículos del libro reseñado pueden ser algo desiguales (lo de Jordi Costa con Amenábar empieza a resultar algo limitado para describir una realidad más grande, además de cansino para los que leemos Mondo Brutto), pero el libro es una aportación, por lo menos interesante.

    La reseña de este blog, me parece el primer episodio de alguién al que le molesta un cambio que se produce en su entorno: La negación

  16. Nigredo dijo:

    A ver, apreciado Malherido… Publicas en una editorial cuyo jefazo es muy amigo de unos cuantos pobladores del libro que criticas. ¿Llamarías a esto coincidencia, conspiración, acertijo que el mercado del trabajo literario le pone cual palo a las dulces y rodantes ruedas de tu destino de escritor? ¿Se trata esto de un desliz de la Fluidez y la Permeabilidad? Posible moraleja: Lo que hay en todas partes es tribus y tribus, no Dios. O es que se repite una y otra vez el malentendido aquel que vocifera aquello de que nadie sabe para quien trabaja. O es que ser antiecologista es guay. O es que, pese a nuestras pataletas y lloriqueos, todos seguimos siendo unos mastuerzos y unos etCéTeras. Saludos.

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