Libertad, de Jonathan Franzen

De entre todas las gilipolleces que ha dicho o le han hecho decir o ha querido decir o he entendido yo que ha dicho (inspiración) Jonathan Franzen en sus entrevistas, dos afirmaciones llamaron poperosamente mi atención. Una: cuando dijo que a él, hasta Las correcciones, le consideraban un mindundi literario, y que eso le dolía mucho y le animó a hacer la gran novela americana del rencor. Dos: cuando dijo que su gran novela americana (Las correcciones, nuevamente) supuso en su particular carrera literaria la primera incursión en territorios de intimidad y autobiografismo: antes, Franzen, escribía sobre estantiguas identitarias, modelos para armar, maniquíes del sentimiento y otros crash test dummies de la peor de las literaturas: la del pudor.

Leer Movimiento fuerte, novela anterior a Las correcciones, es leer el modo de empleo de la llave Allen de la literatura, ese ser para el catecismo de la composición, pudoroso y nunca pundonoroso, conmilitón y nunca generalote: yo me entiendo.

Partamos de la base de que en este blog sensacional admiramos Las correcciones y la consideramos efectivi como una de las mejores novelas de lo que va de siglo XXI. Apuntemos también que Cómo estar solo es una gavilla de ensayitos muy apañados. Digamos que las gafas de Franzen molan. Su nombre mola. Seguramente su mujer también es estupenda. Lo tiene todo para recibir el aplauso y portaestandar la llama olímpica de la “literatura de elite”. Está uno a partir piñones con Franzen.

Pero Libertad no es una gran novela; tampoco es una novela excelente; acaso no sea siquiera una buena novela. Al menos de literatura adulta; como literatura juvenil hay que reconocerle su mérito.

Lo decepcionaba que Jonathan, siempre tan enrollado, ahora estuviera así.

…dudando si debía ir a ponerse un pantalón o sencillamente seguir exhibiendo el paquete (…) Pero de pronto (…) empezó a empalmarse.

En internet hay porno que no está nada mal. O eso dicen.

Joey se preguntó hasta qué punto tendría que endurecerse, y cuánto dinero tendría que ganar para participar siquiera en la competición por mujeres como ella. Bajo el bóxer, su polla se agitó de nuevo…

Esa noche en Filadelfia se produjo un breve incidente lamentable: bajó al bar del hotel con la intención de ligar. Enseguida descubrió que el mundo se divide entre los que saben sentirse a gusto solos en la silla de un bar y los que no saben.

En ese momento, conocer a una adolescente de primera era como oler fresas cuando uno tenía hambre de filete.

Algunas de las frases que copieteo up this line me han provocado un notable bochorno; otras me han aburrido y todas, en verdad, me han relajado un montón: si esto es una puta obra maestra una puta obra maestra la escribo yo mañana con un bic y diez mil post-its.

Lo que nos cuenta Franzen en Libertad está tan absolutamente trillado que daría pereza desde la primera línea (un matrimonio, la infidelidad, la violación cuando eres adolescente (Hotel Newhampshire, John Irvin: él lo contó mucho mejor), los hijos que van a la universidad, el hijo que quiere que su padre lo admire, la atracción por las jovencitas (Philip Roth agotó el tema hace veinte años)…) si no fuera porque Franzen escribe con mucho entusiasmo, con socarronería y ritmo, como si a él, realmente, le interesara lo que está escribiendo.

Me pregunto qué ha hecho Franzen durante los últimos diez años, porque a uno no se le va una década escribiendo 666 páginas tan tontas.

La estructura, particularmente, es insostenible. Por problemas ópticos queda difícil saber cuándo una parte es una parte y cuándo un capítulo titulado es un capítulo de una parte: Salamadra podría haber hecho algo muy profesional para que uno se entere de en qué región de la obra se halla: hacer más grandes las letras de las partes que las letras de los capítulos. El autor salta de un personaje a otro sin mayor sentido transitivo que el capricho de su Mac, incluye escenas estudiantiles que podrían arrancarse del libro y abaratarlo apreciablemente: ¿a qué vienen?, finge una autobiografía que parte en dos y deja el segundo cacho para el final… porque sí.

Y está el tema. El Gran Tema. El gRAN tEMA. Ese sin el cual una GRAn NOvElA no es una gran NOVELA. La libertad, en este caso. Déjenme que les cuente una anécdota:

estaba yo en un bar de cuando los bares podían elegir si permitían fumar o permitían el aburrimento, unos permitieron el aburrimiento y se aburrían tan pocos clientes en el local que la caja registradora bostezaba billetes de muy bajo importe; el bar en el que yo estaba era de estos de aburrirse sin fumar pero tenía otros alicientes -en fin-; un día el camarero anunció que ya se podía fumar en el bar, porque había que pagar el traspaso y -en fin- los alicientes; en petit comistré me dijo: puto gobierno, a quién se le ocurre dejar elegir a la gente, no me dejes elegir, cojones, oblígame a que nadie fume que si tengo que elegir yo mismo la cago seguro.

Sobre estas cosas que sabe un camarero cocainómano y que suelta a las 5 de la mañana sin darse más aires que los de el bloc de las comandas ha hecho una GrAN NOVelA Jonathan Franzen, amigos.

Se compadecía de sí misma por ser tan libre.

¿La libertad no es eso, el derecho a pensar lo que uno quiere? Y, sí, lo admito, a veces es un coñazo.

Y eso es lo que considero tan refrescante del Partido Republicano. Dejan en las manos del individuo la decisión de cómo podría ser un mundo mejor.

Un minipunto a la corrección política -diciendo una soberana sandez-:

Se contaban por millares las cosas que Walter aborrecía de la modernidad en general y de la cultura del coche en particular, pero entre ellas no estaba el aplomo de las jóvenes conductoras, la autonomía que habían logrado en los últimos cien años. Al ver la igualdad de sexos, tal como se manifestaba en la presión del bonito pie de Lalitha sobre el acelerador, se alegraba de vivir en el siglo XXI.

Merece la pena, no sólo por Franzen -también por olvidarse del cine civil que ahora practica Woody Allen-, ver de nuevo Bananas y comprobar cómo se pueden decir cosas inteligentes sobre la libertad sin dárselas de gran escritor. Y adiós:

l think Mr Mellish is a traitor to this country because his views are different from the views of the president and others of his kind. Differences of opinion should be tolerated, but not when they’re too different.

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16 respuestas a Libertad, de Jonathan Franzen

  1. Lady Braga en Malherido. Es el fin DE EL bloc, perdón, del mundo.

  2. Gabriel Syme dijo:

    Libertad es una gran novela, incluso si tiene poco de innovadora. La innovación es cuestión de número: el primer tenedor, o sea el número uno, seguro que no era tan bueno como los que yo tengo en casa, de Ikea, que deben de hacer el número cuatrocientos mil millones: ¿y qué?

    En cuanto al título, algunos lo entenderán en sentido irónico (qué libertad tienen esos personajes, a los que arrastran el azar y las pasiones -esto es muy griego-) y otros en sentido recto: cada decisión, sensata o demencial, es un acto de libertad y merece la pena descojonar activamente la vida por defenderla.

    Por lo demás, y eso no lo dice el Juan éste, es una de las novelas más reaccionarias que leí en los últimos tiempos. Porque en el final subyace un “back to basics” moral que es manifiestamente inmoral (pero profundamente consolatorio para el lector): todo da igual. Después de la melange de folleteos, cada oveja termina con su pareja, como debe ser, como Dios manda, porque todos están empatados a cuernos y nadie tiene reproches que no puedan ser contrarrestados. No hay resentimientos, no hay dolor ni pena ni hostias. Y esto, además de ser muy poco griego, es difícil de tragar.

    Las zarandajas esas sobre la estructura y tal son propias de un escritor gustándose: como escritor o como crítico. Por qué leemos narrativa o vemos películas: porque lo necesitamos. Porque la vida apesta a sinsentido. Y en la ficción, a diferencia de la vida, hay un designio, un hacedor. Cuanto más se le vean las costuras al relato, casi mejor. Luego nos la traemos a la realidad, a título de metáfora, e igual decidimos que podemos esperar un día más para morirnos. Y eso es to, eso es to, eso es todo, amigos.

    • VD dijo:

      El último párrafo me gusta.

      En cuanto al Frazen de Libertad, lo ha insinuado nuestro Juanito: quiere ser Roth pero no le sale. Está bien, merece la pena, pero está a años luz de The Human Stain.

    • srcocodrilo dijo:

      Eee… Citation needed!

      Eso de las costuras del relato y el último párrafo en general, lo dijo ayer Marta Sanz en en radio 3. 😉

      • Gabriel Syme dijo:

        No sé quién es -perdón- Marta Sanz. Entro en el enlace que amablemente ofreces, srcocodrilo, y compruebo que su programa radio es de lunes a jueves, a las 17:00. De modo que si lo dijo ayer, 1 de agosto, hacia las cinco y pico de la tarde y yo escribí mi comentario ayer, 1 de agosto, a las siete y pico de la mañana, no veo cómo pude plagiarla. Mis sandeces me las invento solito. Verbi gratia.

  3. Rodrigo dijo:

    “Algunas de las frases que copieteo up this line me han provocado un notable bochorno: si esto es una puta obra maestra una puta obra maestra la escribo yo mañana con un bic y diez mil post-its”.

    Ya la intentaste colar Juan con EE con ayuda de tus aduladores y pseudocríticos.

    ” la perplejidad de un personaje es “como las páginas en blanco que siguen a un libro que se ha terminado, la novela de una amistad” (19), la mañana “llega para destapar una sorpresa de muertos y condones, y hierba fresca” (29), la intimidad es un “coto vedado” (61), la contraseña que el muerto supuestamente le deja a su amigo es “una palabra fértil, una semilla que al instante de sembrarla en una cajita blanca germinaba en forma de enciclopedia, guía telefónica y diccionario ilustrado” (82), un lunar es “semilla sobre el somier” (90), uno de los personajes propone “estropear los tiovivos del compromiso, averiar la montaña rusa de manifestaciones y colectas, desatornillar algunos iconos mefistofélicos de la izquierda millonaria” (179), alguien es “humano como una lágrima” (206), el narrador almuerza “masticando lechuga, tomates e hipótesis” (216), la desgracia se “atraganta en el alma” (222), alguien está “en el último casillero de la vida” (252), las notas de un piano suenan “desmayadas de imprecisión”, una guitarra es “punteada primorosamente” y una voz es “brusca de sedas y chatarras, de alcohol y sombreros antiguos” y el corazón se convierte “en un invitado molesto dentro del pecho” (254)”.

  4. Anónimo dijo:

    Es una gran mierda de novela. Aburrida y sin sustancia.
    Norman Walser.

  5. julian bluff dijo:

    ¡Hola a todos!

    Me dan mucho yu yu las traducciones al castellano de Frantzen. “Las Correcciones” la eche un vistazo y di con un varias frases que me era imposible entender, en sólo dos páginas. Con la última me ha comentado algún amigo, que sucede cuartos de lo mismo, echándole mi informante la culpa a la traducción, sin ambages. Para que se hagan una idea de que es a lo que me estoy referiendo, dos ejemplos bien significativos: Kavalier y Clay, de Chabon, y la Linea de la Belleza, de Hollinghust. Sé que tiene que tratarse de las traducciones porque la obra anterior de estos autores la había entendido sin el menor problema -convenciéndome, sobre todo el británico- y la redacción de estas otras novelas es, en ambos casos, un puro fárrago. Saludos.

    • Gabriel Syme dijo:

      Hola, bluff.

      Se me vienen a las mientes algunas traducciones memorables: la de Cumbres borrascosas (por Carmen Martín Gaite); la de El hombre que fue jueves (por Alfonso Reyes); la de las narraciones de Poe (por Julio Cortázar).

      Una buena traducción es una interpretación, una recreación: aunque la partitura sea la misma, ¿en qué se parecen La valse de Ravel, dirigidas por Mutti o por Ono, la 4ª de Chaikovski, dirigidas por Böhm o por Berstein? En todo caso, nunca sabremos cómo les sonaba a los autores en su cabeza. Si te gusta una novela traducida, ten por seguro que lo que te gusta es cómo escribe el traductor.

      Así que los mejores traductores serían (fueron, en todo caso) los mejores escritores, pero a la hostia a la que se edita hoy en este país, no tenemos suficientes escritores que pudieran ocuparse de ese tipo de trabajos “alimenticios” (si es que dominaran otro idioma, además del suyo; si es que dominaran el suyo, para empezar).

      Sí, hay muchos libros que se caen de las manos por culpa de la traducción. Pero, que yo recuerde, la traducción de Libertad, de Franzen (por Isabel Ferrer) es de las aceptables.

  6. Título original: Freedom dijo:

    La tenía en el Kindle “pirateada”; me la metieron doblada y escuchad, escuchad: ¡No-la-voy-a-leer!

  7. pacobartebly dijo:

    A mí es que el Franzen me entretiene siempre, hasta cuando se pone tonto. También me gusta el bocata de calamares del Antonio, y eso que tiene aceite para lubricar una planta nuclear; así que supongo que es cosa mía y de mis estómagos, que están hechos pa to.

  8. Wapshot dijo:

    “…si esto es una puta obra maestra una puta obra maestra la escribo yo mañana con un bic y diez mil post-its”
    No diez mil post-its, te harían falta diez mil vidas para escribir algo que estuviera remotamente a la altura de Libertad.

  9. Yo empecé a leer LIBERTAD en español (en versión pirata del Kindle), y acabé comprándomela en inglés para poder digerirla. Hay un problema de traducción que me parece bastante difícil de solventar: la novela está escrita en inglés coloquial y, al traducir algunos de los giros al español coloquial (veánse los ejemplos citados en el post), se produce una disonancia de registro. El caso es que en el inglés de EE.UU., hay una distancia menor (y menos diferencias lingüisticas) entre el registro coloquial y el registro culto, o para ser más exactos hay un registro coloquial culto, que se opone al lenguaje literario y, sobre todo, a las fragmentarias hablas coloquiales de las llamadas minorías. Y este registro coloquial culto se ha ido convirtiendo en la lengua literaria por excelencia (piensen en Carver, Roth, David Foster Wallace, algunas páginas de De Lillo, el mismo Franzen). Pero me da que en español existe una distancia más grande entre el registro coloquial y el culto, o más bien no existe un registro coloquial culto que se introduzca en la narración literaria de una manera tan natural como ocurre en el inglés de EE.UU.

    • Gabriel Syme dijo:

      Soy traductor (de inglés, pero no traduzco literatura, por suerte para ella) y, si está disponible la traducción, por principio, jamás leo el original inglés (del francés y del ruso y del japonés, ni hablamos). Es un placer leer cómo los buenos traductores sortean cualesquiera problemas (y cómo los malos naufragan en ellos). Mi lengua materna es el castellano. Nunca me han susurrado palabras de amor en otro idioma (igual me pone). Creo que uno debería leer, no en cualquier idioma que entienda (incluso si supone sacrificar cierta parte del contenido), sino en el idioma en que el vello se le pone de punta. O lo que fuere.

  10. Sofía Mazagatos dijo:

    Pues yo soy una gran admiradora de Jonatan Franzen aunque aún no he tenido el placer de leer ningún libro suyo.

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