El sentido interrogativo, ¿una novela?, de Padgett Powell

1.

1922. James Joyce estructuró el capítulo 17 del Ulisses en forma de preguntas y respuestas, creando lo que me inspiro en etiquetar como “narración rebotada”. Las preguntas redirigen constantemente la trayectoria del relato, lo quiebran en lo imprevisto. Se responde rápidamente -un bote- y el relato-pelota-de-goma busca una nueva arista sobre la que decir.

1943. Gonzalo Torrente Ballester publica su primera novela, Javier Mariño. Incluye un pasaje central armado a base de preguntas y respuestas. Lo cierra reconociendo, casi cansinamente, que sí, que esto va en imitación del Ulisses.

1977. Se publica póstumamente Libro de las preguntas, de Pablo Neruda. Es un poemario compuesto exclusivamente por frases interrogativas. ¿Qué distancia en metros redondos / hay entre el sol y las naranjas? (link)

1997. La revista The Paris Review otorga un premio a Entrevistas breves con hombres repulsivos #6, de David Foster Wallace. En 1999, el autor publica un libro de relatos con ese mismo título, donde incluye 4 pasajes efectivamente de entrevistas (no tan) breves con hombres (no tan) repulsivos y que constituyen lo único interesante del libro. Se trata de entrevistas sin verbos de atribución donde las preguntas están omitidas. Al leer un texto formado literalmente sólo por respuestas -un texto rebotado-, las preguntas (un vacío) adquieren un particular estatus ominoso: el poder.

Años 90. En la película Solo en casa -o en alguna de sus secuelas- alguien le pregunta al niño interpretado por Macaulay Culkin: ¿Cuántas preguntas consecutivas puedes hacer sin esperar siquiera a que te contesten? / Treinta y siete.

2010. !!!, también pronunciados como Chk Chk Chk, tocan en La Riviera (Madrid). El cantante, Nic Offer, y su banda toman cañas y tapas después del concierto en un bar cualquiera, cercano a la sala, donde yo también me entretengo. Establecemos contacto visual y verbal y veo, después de cuatro frases protocolarias que apenas pueden llamarse conversación, que del bolsillo de su americana sobresale un libro. ¿Qué lees?, le pregunto a mi ya gran amigo Nic Offer. No entiendo el título que me cita, o el autor que me dice; tampoco recuerdo la cubierta del libro -Nic lo sacó del bolsillo y hasta pude hojearlo; pero ni por esas-. Sólo recuerdo la última frase que me dijo -mi íntimo amigo Nic Offer-: Es un libro sólo de preguntas.

2012. Enrique Vila-Matas escribe sobre El sentido interrogativo, ¿una novela? en el diario El País. Es un libro compuesto, frase a frase, por preguntas.

2012. Agosto. Haciendo un gran esfuerzo moral, adquiero al precio de 17 euros el libro El sentido interrogativo, de Padgett Powell, editado por Alpha Decay. Un amigo, al conocer mi adquisición, me apunta lo siguiente por mail: “Una acción bochornosa, por decir lo menos: comprar un libro de Alpha Decay en la Casa del Libro.”

2.

El sentido interrogativo, ¿una novela? es una rareza, una extravagancia, un juego, una propuesta de unicidad: siempre apetecen los libros que se proponen como únicos -bibliografía precedente al margen-.

El libro, por su fragmentarismo y la disposición vagamente aleatoria de esos fragmentos, remite cómodamente a Me acuerdo, de Joe Brainard (1970),

¿Te acuerdas de las series The Edge of Night y As the World Turns? (p. 42)

a La soledad del lector, de David Markson (1996),

En una escala cuyos extremos sean el arte elevado y el arte bajo, ¿dónde colocarías a Norman Rockwell? (p. 22)

a Poemas plagiados, de Esteban Peicovich (1999),

¿Es acertado decir que una naranja es epónima? ¿Por qué un plátano es amarillo y no plátano? (p. 69)

a Autorretrato, de Edouard Levé (2005)

¿Toleras bien los defectos del habla en los presentadores de los telediarios? (p. 68)

A todos ellos es muy inferior.

La lectura de El sentido interrogativo produce exasperación: las preguntas no resultan adictivas: muchas me las he ido saltando si sus primeras palabras dirigían a temas que no me interesaban. Al igual que David Markson en Punto de fuga (2004), lo más atractivo -pero en Markson todo es atractivo- del libro del inspector Padgett está en el afloramiento puntual de señales o pistas sobre el sentido último del experimento:

¿Crees que aún puedo tener interés en hacerte preguntas? (p. 43) ¿Te apetece preguntarme algo? (p. 71)

Conjetura: debido al cariz de casi todas las preguntas -digamos: un sesgo cortés, coqueto, romántico en su formulación- sospecho que están dirigidas a una mujer, a pesar de que la traducción española opta por el género masculino en todos los adjetivos y participios, y de que se señala en la contracubierta que el texto está “dirigido directamente al lector” -lo dudo-. (¿Utilizas velas perfumadas de boutique…? ¿Te gustaría ir a clase de ballet ahora mismo?)

Spoiler (!). Mi interpretación es que las preguntas las dirige un hombre hospitalizado a una mujer, que puede ser su esposa o una enfermera. ¿Me perdonarás la impertinecia? ¿Crees que te empujaría a hacerlo el saber que tal vez me haya pasado con los calmantes a la espera de inminente dictamen médico que resolverá si el resultado de mi reciente biopsia es positivo o negativo? (p. 104)

¿No? ¿Sí?

Sobre todo, no me hagan preguntas.

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6 respuestas a El sentido interrogativo, ¿una novela?, de Padgett Powell

  1. julian bluff dijo:

    Hola a todos!

    Bueno, pienso… al contrario de lo que Mal-Herido parece sugerir en su blog -y me dirijo a todos en lugar de dirigirme a él porque Malherido no participa ya, desde hace bastante tiempo, en las conversaciones post postum- que el poder se halla donde están las respuestas, y no de la parte de la que se formulan las preguntas. Cualquiera hasta el más gilipollas, hasta el más miserable puede preguntar. Sólo los que son elegidos para responder pueden hacerlo. Ahí le duele, ahí, justo, es donde se encuentra el poder.

    Fenómeno curioso es el de “formspring”. Una herramienta, un divertimento informático, dirigido a acorazar “egos”. El tipo de la calle, el gordito, el gafotas, el que compra congelados La Sirena y los yogures del Mercadona, el experto en porno vintage, trascendiendo en una especie de oráculo. La paisana culturetas del Nasti a la que se le decoloran las mechas metamorfoseada en la sibila. Echenle ustedes hilo a la cometa que tiene que volar muy alto.

    El que responde ostenta (y digo ostenta, y no, detenta, a propósito) el poder, el que calla lo conserva hasta que ya nadie le pregunte nada.

    Si se fijan, Mal-Herido no contesta nunca. Ya.

  2. Lansky dijo:

    Y luego está ese género tan nuestro (o suyo, no sé): los catecismos, a base de preguntas y respuestas. Quizás es eso y a los letraheridos no se os ha ocurrido: ¡es un catecismo!, un catecismo laíco, no digamos tonto, porque lo son todos.

    Verbigracia:
    -¿Cual´es el designio de Dios para el hombre?
    – Dios, infiniatmente perfecto…etc.

    un saludo

    • VD dijo:

      De hecho, el capitulillo del Ulises es una examen de conciencia. Es más, hay algo de psicoanalítico en la idea. Siempre he pensado que hay algo en ese capítulo de Svevo, autor con quien Joyce compartió una gran amistad.

      Muy acertada la interpretación del sentido de las Interviews. Pero sigo quedándome con el relato de la piscina y el trampolín y cómo consigue DFW un efecto de ralentí o cámara lenta con la focalización.

  3. Anónimo dijo:

    No puedes gastarte 17 euros en un ejemplar de Alpha Decay. Tienes que empezar a robarlos. ¿Sabes qué se siente cuando echas un vistazo a tu biblioteca sabiendo que más de la mitad de los hermanitos han salido de su punto de venta arropados con alguna de tus chaquetas? algún día te ensañaré un par de trucos…

  4. De lo mejor de la literatura interrogativa, hacia el final del relato ‘El genio’ de Donald Barthelme: “How did Monet get there? Is the value of the Monet less because it has gotten wet? Are there tooth marks in the Monet? Do sea horses have teeth? (..) Should art be expensive? Should artists wear beards? Ought beards to be forbidden by law? Is underwater art better than overwater art?…” Y sigue, pero hasta aquí puedo reír.

  5. Elvio E. Gandolfo dijo:

    Dos famosas novelas argentinas empiezan con una pregunta.
    Rayuela, de Cortázar: “¿Encontraría a la Maga?”
    Respiración artificial, de Piglia: “¿Hay una historia?”

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