Siberia, de Juan Soto Ivars

Si el primer paso determina la dirección de destino, Juan Soto Ivars ha dado ese primer paso dos veces, o de forma doble, con un pie a dios y otro al diablo. Más o menos a la vez, JSI rompió a publicar en Ediciones B y en El Olivo Azul, con un divino (o diablesco) best-seller en el primer sello, y con un demoníaco (o celestial) autobiografismo fungible en el segundo. La conjetura de Perelman y Siberia, vamos. Aquí le hacemos radiografía del segundo, que somos muy del frío.

Siberia -y tiene un Siberia Per Petterson, un autor al que no me canso de dejar de leer en la primera página- va de Jonás, de sus rayas y de sus mujeres, de cocaína las unas y de Malasaña las otras; de una segunda novela que trata de escribir; de escribir general; y de todo en general, que es de lo que van siempre las novelas indies. Todo en general es lo que trata siempre de contar un joven autor, porque de mocitos a la literatura hay que echarle cojones -sí, cojones- y querer contar toda la vida entera en 200 páginas.

Decía Henry Miller que su primera novela, su primer intento, era una puta mierda, pero que se daba un diez (sic) por haber sido tan ambicioso.

Siberia no es una puta mierda, pero tampoco es gran cosa. Le sobra intención literaria -lo que da en pasajes de prosa aproximativa (esa que hace tan bien Almudena Grandes: parece literatura)- y le falta una mica de trama, de, como el primer paso, destino. Dado que hay una violación -muy merecida, por cierto- y una especie de consecuencia sibilina, la obra toda debería haber potenciado el delito y, al tiempo e inevitablemente, vuelto más fascinante el fascinante giro final de la historia, ya en Yecla (Murcia). Aún así, el circular de las palabras se sigue con parsimonia, mediano interés y empatía española, y las reflexiones sobre literatura y el hecho de escribir, paradójicamente -las escribe un bisoño-, resultan lo más sustancioso del libro.

Juan Soto Ivars forma parte de una generación bastantito echada a perder, la de los nacidos en la década de los 80. A su edad, la anterior ya había escrito más libros que editores a los que se los había enviado, pues es la de los 80 una generación de mucho name dropping y mucho facebook, y de poco quedarse en su casa haciendo la literatura. A lo tonto, JSI ya ha escrito o/y publicado dos libros, que es bastante más de lo que han escrito tantos chupapollas de esa quinta, a la que en este blog seguimos como quien sigue el final de la mecha para prenderle fuego.

Cuando Jonás se despertó a la mañana siguiente, luego de un sueño agitado, descubrió que se había convertido en un imbécil.

JSI -como, en realidad, cualquier escritor que no venda cien mil ejemplares- enfrenta ahora la dificultad -incluso, la necesidad- de dar un segundo, tercer, cuarto paso: el siguiente, en suma. Escribir es siempre seguir escribiendo, y seguir escribiendo es siempre darse por perdido. El autor, sin querer, lo explica muy bien con esta frase:

es lo único que me interesa ahora que me he bajado del tren, cuánto me costará el billete cuando intente volver a subirme.

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8 respuestas a Siberia, de Juan Soto Ivars

  1. Jorge Orwell dijo:

    A Siberia había que mandar a Almudena Grandes de una patada en su grasiento culo; a la Siberia comunista de Stalin, quiero decir, lejos del mundanal y capitalista ruido que tanto molesta a la foca republicana.

  2. ¿Hay violaciones merecidas? ¿Quién puede ser merecedor/a de una violación?

  3. VD dijo:

    No me compares, Juan. Hasta hace cinco años publicabas con la punta de la polla. Hoy día es otro cantar. En tercera regional, sin cobrar y pidiendo perdón.

  4. Moa dijo:

    Estoy esperando tu reseña del libro de Lila Azam El encantador… o no piensas leerlo??

    • Till Eulenspiegel dijo:

      Otro que va de Lolita, de una minoría étnica y apadrinada por los Brooklyn. En fin, gracias por compartirla. A ver cómo folla, quiero decir, escribe, que a efectos prácticos es lo mismo.

  5. Capi Polli dijo:

    Siberia. Buenas noches, Toledo.

    Toledoooooodoooooooo… LOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOP

  6. Chesterfield dijo:

    Coño, Juan, ¿y no has tenido un punto de fuga durante la lectura de este mojón? Estás perdiendo facultades… Te estás ablandando con los amiguetes… Tirando tu prestigio por la borda… Resto de un naufragio…

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