Juventud en Viena, de Arthur Schniztler

Soy consciente de no ser un artista de primera categoría. A. Schniztler

Viena no siempre fue un aburrimiento un lujo una diástole del dinero o la parada de tren de una película de Richard Linklater. Viena fue venusina, en términos púbicos, de montes y eso, de putas todas y ellos encelados, a trasmano del siglo XIX y enderechando el siglo XX: años gloriosos que ya quisiera uno para sí.

Ya en La Viena de Wittgenstein (seguramente descatalogado y, por tanto, recomendabilísimo de catalogar de nuevo, amigos editores indies con tantos John Hawkes en la cabeza: acaso no hay más autores que las medianías yankis, o qué), Janik y Toulmin certificaban el esplendor de una ciudad donde, al volver cualquier esquina, alguien estaba teniendo buenas ideas o ideas absurdas o polémicos pensares, que todo es lo mismo. Allí Freud, Weininger, Adolf Loos, Stefan Zweig, Hofmannsthal, el propio Schniztler y otro montón más de luminarias psicopáticas -cuyo apellido cuesta bastante de escribir- se dedicaban a lo único importante en la vida de un vienés: el sexo y ser famoso antes de los treinta años.

En El mundo de ayer, Zweig, por su parte, daba noticia del puterío derramado por la ciudad de Viena, entendiendo que tanta puta no podía ser casualidad, y que algo de culpa debía de tener la música clásica.

Bueno, pues ahí mismo, en ese epicentro genital, se ubica la memoria de Arthur Schniztler, uno de mis autores menores favoritos, un gran menor, un enorme enano de la literatura. Su vida en Viena, en esos años que él etiqueta como “de juventud” se le iba entre el ligoteo -a la vieja usanza: hablar con una chica ya era como hoy meterle la polla en la boca, y así lo cuenta él, con ese envanecimiento– y el arte literario, mayormente el teatro. Hay que hacer constar que, lo que era follar, se follaba con las putas y con la criada, mientras que a las señoritas se las acompañaba nomás por las sombras de las avenidas y se les compraba algodón de azúcar, por ver si se corrían, digo yo. Con todo, AS hizo unos dramas y unas novelitas que, leídas hoy día, parecen ir de sexo de verdad, y no de ese juego floral de cortejar damiselas. Pueden entender lo mucho que me pone lo mucho que le ponía a Arthur la vecina vienesa viendo el desnudo de Nicole Kidman en Eyes wide shut, como es sabido, filme derivado de Relato soñado, del propio Arthur.

Una vez Arturo habló con su padre:

En el curso de dicha conversación, me ardía en los labios la pregunta de qué podía hacer un joven para no entrar en conflicto con las exigencias de la moral, de la sociedad o de la higiene. La seducción y el adulterio no estaban permitidos, las relaciones con cocottes y actrices eran arriesgadas y salían carísimas; luego había cierto tipo de muchachas que aún entrarían en la categoría de chicas decentes a pesar de haberse alejado un poco del camino de la virtud, pero con las cuales, en palabras de mi padre, uno corría el mismo peligro de “acabar pillado” que en el caso de las seducidas; de modo que sólo quedaban las prostitutas, que, por más que uno tomara las medidas profilácticas imprescindibles, seguían siendo un riesgo para la salud y un asunto bastante desagradable. No quiso entrar en disquisiciones, sino que, con un expeditivo gesto con la mano, respondió de un modo tan simple como enigmático: Se abstiene uno.

Apoteósicas y fibrilantes, estas remembrazas, majos.

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10 respuestas a Juventud en Viena, de Arthur Schniztler

  1. Esquilo dijo:

    ¡Nada de olvidarse de Musil!, que ya lo citabas hace un rato y que tiene sus polvos, aunque tarden mil páginas en llegar.

  2. julian bluff dijo:

    Hola a todos!

    Justo lo que me pasa a mi con la inmensa mayoría de los escritores contemporáneos. Que me abstengo. ¿Las razones? Justo las mismas que cita Schniztler, o sea, las de siempre: morales, higiénicas y hasta sociológicas.

    Un saludo!

  3. Jonan dijo:

    Te se ha olvidao el Joseph Roth, el mejor de todos.

  4. VD dijo:

    Y por eso, por lo que cuentas, siempre he creído que la Mutzenbacher no es de FS sino de AS, pese a lo que digan. Media Viena se la folló. Tenía que ser de escándalo.

    Dejo el link por si a alguno le interesa la rareza:

    http://en.m.wikipedia.org/wiki/Josephine_Mutzenbacher#section_1

  5. Lansky dijo:

    Hace más bien que mal, probablemente, que a la mayoría de los escritores contemporáneos no los publiquen, incluso publican a demasiados, insisto: en mi opinión, creo yo.

  6. “Schnitzler”.

    Son apellidos tan difíciles que lo has escrito mal, Juan. Pero no pasa nada. Te propongo un juego mnemotécnico para la próxima vez: SCHNITZLER es la mezcla entre “Schnitzel”, o filete empanado austriaco, y Hitler.

    Yo me lo aprendí así.

    Un saludo desde Viena.

  7. Aplaudamos el sobeteadísimo rollo de las putas y las gonorreas, esos tiempos de la vieja Europa en los que no existía el clítoris, y bla, bla, bla. Qué cansancio.

    A John Hawkes, además, no le hace caso ni su puta madre así que déjalo tranquilo. Y cómo coño se hace para poner comentarios anónimos en el formulario, copón.

  8. Eduardo Estuardo dijo:

    Tenía un bonito culete, la Kidman.

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