El desprecio, de Alberto Moravia

En 1955, el mismo año en que Alain Robbe-Grillet, en Francia, da por muerta la “escritura clásica” con El mirón, en Italia, Alberto Moravia da por muerta la literatura moderna con El desprecio. Los títulos ya los carga el diablo.

El mirón apela a la superficie de mundo y propone una literatura epidérmica, quizá re-vitaminando aquella afirmación de Valèry de que lo más profundo es la piel. El desprecio, por su parte, cree en la entraña, en la literatura de la víscera, capaz de contarnos lo que sentimos y de conjugar ese verbo (sentir) en todas sus formas. Para ser superficial, hay que inventarse la propia novela como objeto, mecanizarla; para ser visceral, hay que sumar y seguir sumando los sentimientitos.

Leída en 2012, El desprecio da primeramente mucha grima, porque su lectura parece la visita que le hacemos al abuelo en su cama mortal. Basta ver el incipit para tactar la cretona: “Durante los dos primeros años de matrimonio las relaciones con mi mujer fueron, hoy puedo afirmarlo, perfectas.” Esta primera línea nos aboca abisma aburre abate se nos abate encima después de esta primera línea: la telenovela, el folletín, toda la ranciedad del vínculo conyugal, que nos lo van a contar muy por lo pequeño. En sus 100 primeras págs. esta novela parece un libro escolar de Falange, de la sección femenina; casi aprendemos a coser con él. La mujer matrimoniada, estando buenorra, es puramente la mujer azul, paralítica laboralmente, que para dejarle al marido que le meta la polla primero tiene este que comprarle una casa, y decirle cari. Mucho asco aquí.

Además, pasajes como este: “Battista era de estatura mediana, aunque bastante ancho de hombros, de cintura baja y piernas cortas… cejas espesas… el torso y la parte superior del abdomen…”. Nunca entendemos en Malherido Inc el inventario anatómico, aka, descripción tradicional para rellenar las novelas. Y encima, muletillas de tullido como esta: “Lo que me propongo explicar a continuación…”

Superado el meridiano de la trama -apolilladísima de sí-, toma altura el relato gracias a un par de momentos inspirados: uno es la traída de la Odisea, como relato conyugal paralelo, y la teoría de uno de los personajes -tan deliciosamente moderna- de que Ulises no vuelve a casa con Pe porque, en realidad, no quiere; porque no la aguanta. Eso, amigos, sí es saber de amor. El otro: la complejidad que cobran de pronto los personajes, sobre todo el de la esposa del narrador (Emilia), cuya obcecación en un desprecio hacia su marido que no parece tener explicación rebaja mucho las ganas que tenía uno de dejar este libro a la mitad.

Estamos, con esta novela, metidos en harinas de “novela psicológica”, y el centro del cuento es muy similar al de la obra de apertura de todo este cuestionable subgénero novelesco -cuya degradación a día de hoy se conoce como “literatura femenina”-, o sea, La princesa de Clèves, de Madame La Fayette. Así, nos encontramos con párrafos biliares por doquier, del humor y sus barometrías: “Me quedé un rato callado. Luego, de golpe, por a fuerza misma del dolor que me aguijoneaba, sentí el impulso de la acción. Salté del sofá, fui en pijama hasta la ventana, como si quisiera levantar las persianas y dejar entrar la luz pero volví sobre mis pasos y grité con voz fuerte:”; con verbalizaciones del lenguaje corporal: “Mi mujer caminaba con desgana, con lentitud a contracorriente y, sin embargo, con una sensualidad intensa y misteriosa”; y con silogismos de la conciencia: “Y tuve la completa seguridad de que ella me había visto mientras les espiaba desde la terraza, y que ella sabía que yo sabía que me había visto.”

La resolución de la trama -más o menos plagiada de El gran Gatsby– es poco verosímil y muy de ya-me-cansé-de-tricotar-sentimientos, vamos-acabando.

Pero el libro –Godard hizo una película, culito de Bardot-, en la cuenta total, es apreciable.

Esta entrada fue publicada en Antañón. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a El desprecio, de Alberto Moravia

  1. VD dijo:

    Muletillas de tullido. I like. Un vicio muy actual, a todo esto.

    Moravia huele a libro de viejo. Habrá que leerlo un día d’estos aunque el neorrealismo aburra con imaginarlo.

  2. VD dijo:

    Por cierto, ¿qué coño le ha pasado a los lectores de Mal-herido? Joer, Grillete, Moravia, más no se puede. No entiendo nada.

  3. rus dijo:

    muletillas de tullido: “y es que…”

    • VD dijo:

      Discrepo. Las muletillas de tullido son las expresiones empleadas por el narrador para tratar a los lectores como subnormalitos. Lo demás es habla, coloquio, pueblo. Y el pueblo nos gusta, ¿sabes lo que te quiero decir?

Los comentarios están cerrados.