Una verdadera novela, de Philippe Sollers

Tomar un libro cualquiera por su título y su formato, por su producción misma, hay que hacerlo cada tanto para centrifugar las propias lecturas, tan atentas a los caudales rectilíneos de la actualidad. No tenía uno puta la idea de quién era Philippe Sollers, pero las trazas de su novela / no novela resultaban atractivas: una verdadera novela que publica en España una editorial centrada en la edición de libros de cuentos (Páginas de Espuma); una cubierta relajantemente color camel; una tipografía (ojo) nostálgica, de caja estrecha y timbre (sic) antañón: recuerda la impresión de este libro a los ensayos sobre literatura de los años sesenta o setenta, cuando las páginas de los libros parecían hechas a mano y no expedidas por un cajero automático.

Gilipolleces.

Lo de Sollers son unas memorias, que luego deparan en diario y, finalmente, en totum revolutum (ensayo, opinión, ocurrencia) que hubiera sido bueno atajar: el último tercio del libro es insoportable.

Sollers, también. Su ego, francés, es casi franquiciable. Como novelista, da por hecho que entrará en la Pléiade, cuando apenas lo conocemos -editamos- aquí en España, y es sabido que en Francia no meten a nadie en su selecta panoplia de inmortales literarios si antes no los ha leído un señor de Santander. Como periodista, fundó Tel Quel, revista o algo de cultura o algo: dice que nadie hizo una revista mejor. Dice que su novela Mujeres “no sé en qué ha sido superada” como tratado sobre la sexualidad. Dice, dice.

Sin embargo, la soberbia entretiene. Sollers es como un Sánchez Dragó a la bordolesa: culto, desordenado, egomaníaco, sincero. Escribe sueltito y cortito y al grano. Aunque uno no sepa quién es, se le hace conocido en las primeras páginas.

La frase de arranque de sus memorias tiene mucho mérito: “Alguien que más tarde dirá yo entró en el mundo humano el sábado 28 de noviembre de 1936“.

Seguramente soy el único que ha leído este libro en doscientas bibliotecas a la redonda. Tampoco merece más.

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9 respuestas a Una verdadera novela, de Philippe Sollers

  1. VD dijo:

    Éste no me lo leo. Tiene pinta de egocoñazo.

  2. julian bluff dijo:

    Ojo a la “Novela Luminosa”, de Mario Levrero, ya comentada aquí. Que también es un poco de acá (ML es uruguayo) otro poco de allá y un poco más de aculla y que, sin embargo, HAY QUE LEERSE. Dentro de la literatura pastiche, o sea se “diarios”, de lo mejorcito en castellano. Junto con los de Popy, que también hay que írselos leyendo. Estos últimos: aquí, en la red.

    ¡Qué paséis un buen puente, membrillos!😉

    • Zote dijo:

      Bufff, éste se cree que uno no tiene que hacer otra cosa mejor que leer y leer ese tipo de veleidades arriesgadas e inútiles… Vamos, vamos… Y cuide esas diacríticas, y las que no.

      • VD dijo:

        Queremos a nuestro Juanito por eso mismo, Zote, por los deportes de riesgo. Cosas mejores que hacer sólo se me ocurre una.

        Saludos.

  3. Isma dijo:

    Sí, claro: hacerte pajas.

  4. vanbrugh dijo:

    ¿”Deparan” en diario? Qué uso tan… sorprendente del verbo deparar, Juan. No te creía aficionado a esas bobaditas léxicas. Lo usas como si quisiera decir lo mismo que “devenir”. Claro que “devenir en” es otra bobada léxica de talla solo ligeramentre inferior. En fin, mientras no te aficiones…

  5. vanbrugh dijo:

    Y reconozco que “bordolés” suena bonito, tiene un parentesco muy estimulante con “cordobés”, por ejemplo, enseguida se le nota que es un patronímico. Pero lo habitual para los de Burdeos viene siendo “bordelés”.

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