Oficio editor, de Mario Muchnick

Creía uno que editor era un estatus, no un oficio; una clase social, un patronazgo, incluso una categoría nobiliaria, pero no, resulta que es un oficio. Trabajan, los tíos.

Lo que trabajan los tíos editores es lo que nos cuenta, muy por lo menudo, Mario Muchnick en Oficio editor, continuación repetitiva de aquel Lo peor no son los autores que ya nos interesó algo en los año 90, a finales.

Mario Muchnick, su vida, es tener un padre editor que tenía un amigo editor que le dio el primer trabajo de editor a Mario Muchnick, editor. Los comienzos son sufridos, quién lo niega. Zafón o algo se llamaba aquel editor; francés. En Francia. En París. Editor de best-sellers.

Luego Mario decidió editar de verdad, y se vino o se fue a Barcelona. En Barcelona todo el mundo editaba, pero sólo él era argentino: o sea, todavía más chulo que un catalán.

Fundó un sello -lógicamente no lo llamó Pentescostés editores o La bruja piruja ediciones o Lalalá Ediciones; no: Mario Muchnick Editores– y con él tuvo sus éxitos, sus erratas, sus fusiones o algo con Seix Barral, sus movidas con distribuidores, sus movidas con otros socios y, en fin, que en un momento dado detrás de Mario Muchnick Editores no estaba Mario Muchnick, sino otro fulano.

Esto de que detrás de Tusquets Editores no esté Tusquets, un señor llamado Tusquets, es de las cosas más confundidoras de la cara financiera de la literatura. Hay que llamar a las editoriales con nombres no genealógicos, como a los hijos bastardos, por el bien de la herencia.

En suma. Muchnick, socarrón, verboso, pagado de sí mismo hasta lo indecible, nos cuenta paso a paso cómo es eso de trabajar siendo editor. Trabajan todo el puto día, los editores. Yo creo que hace falta reconocer esta verdad secreta con un monumento de mucho tonelaje, y mármol, y bisel. La representación marmórea de una cena prohibitiva quizá fuera lo conveniente, pero todos pueden dar ideas para este recordatorio eterno de lo muchísimo que trabajan los editores.

Que si leer el manuscrito, que si poner una foto en la portada, que si viudas y huérfanas; que si mirar la lista de ventas, que si tal. Un Stajanov no podría ser ni medio-editor; apenas le daría el tiempo para abrir las cartas.

El posicionamiento moral de Muchnick es, siguiendo la nomenclatura o algo (bobísima) de Eunadi, la de editor-sí (uf). O sea: publican por la calidad de la obra y nunca por el valor comercial de un texto. Luego están los editores-no, que publican basura para hacerse ricos. Es así de simple…

[Yo creo que aquí debemos dejar de reírnos y seguir con el post]

El libro es muy interesante en lo que al negocio se refiere, abrir una editorial y llevarla contra el mundo año a año hasta que no hay manera y cierra o toca jubilarse; y es apenas llevadero en todo lo demás, esencialmente encomendado a escenificar la egomanía de un despacho; u oficio.

Esta entrada fue publicada en Bestseller, Ensayo, Memorias. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Oficio editor, de Mario Muchnick

  1. VD dijo:

    Pero ¿aún existen los editores? Yo pensé que los habían sustituido en los 90 por replicantes que envían spam del tipo “no recibimos manuscritos hasta el puto 2666”.

    Los libros del Taller cuestan baratitos. 1 eurito en los rastros de antiguos yonkis. Muchnik publicó en su día unos cuantos rarunos. Hasta inspira respeto y todo.

  2. masscomblog dijo:

    Hay una pequeña errata:

    Es EINAUDI, no Eunadi.

  3. Luis dijo:

    Juan, o que diga Alberto, o que diga Juan (ya no recuerdo cuál carajo de los dos firma el blog, y luego me censuran), ¿tú con quién editas ahora?

  4. Anónimo dijo:

    Hola,
    en realidad este libro sería continuación de “Banco de pruebas” que, a su vez, es la continuación de “Lo peor no son los autores”. Más anecdotas del oficio de editor y del endogámico mundillo de las letras.

    Saludos.
    Subcomandante Marcos.

    P.D.: no sé si alguna vez lo dije en este blog, pero lo mejor que he leído en los últimos años (después de la “Novela luminosa” y “El discurso vacío” de Levrero) son los “Diarios” (I y II) de Iñaki Uriarte (publicado en Pepitas de Calabaza).

Los comentarios están cerrados.