Leonardo, de Guillermo Aguirre

La foto –>
no es gratuita: en Leonardo sale una teta, la Teta Blanca. Pero empecemos por el principio.

El principio es que la segunda novela de Guillermo Aguirre (29 años) es una novela deglutiva, acrisolante, santo aleph de lecturas propias. Lee uno y percibe detrás de la celulítica (celulosa) las lecciones de los maestros, su tono al menos, el siglo XIX vuelto postureo en Malasaña.

El autor hace algo raro, postmodernito: toma una voz acaudalada, caballera, como de Joseph Conrad o Jack London (ahí la cita de Adolphe, de Benjamin Constant) y la proyecta sobre los amoríos madrileños de 2012, un Madrid (como en Electrónica para clara, su debut) inundado por obra y gracia de Rafael Reig, influyente fluvial.

Pero hay más; más plagio, más apropiacionismo, más copia. Leonardo nos habla de la Teta Blanca, obsesión muy de tener 29 años -por supuesto-, una teta, un seno, una mama autónoma, sin cuerpo que lo defienda; y ahí vemos El pecho, de Philip Roth. Y la ballena blanca de Moby Dick. 

Así, leer Leonardo, en un punto, tiene algo de revisar los deberes del autor, cómo los hizo y cómo le quedaron las sumas y los puntos sobre las íes. Su mimetismo literario, lejos de irritar, se ve con cara satisfecha, de profesor que anota en cada página ese progresa adecuadamente que tanto bien hizo a la juventud española, cuando la escuela era otra cosa y aún era posible progresar.

Hay pasajes gratos de transitar:

Un marco de madera noble, haya barnizada en oscuro mate, de unos cuatro centímetros de grosor en todas sus direcciones, procuraba asedio a la lámina que resplandecía con luz propia en el centro del recinto.

Ese procurar asedio buena prócura es.

La novela no sé de qué va; pero va hacia adelante saltando sobre metáforas y chicas que quisimos.

186 páginas.

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4 respuestas a Leonardo, de Guillermo Aguirre

  1. Jonan dijo:

    ¿La foto no es gratuita? ¡Coño, y aunque lo fuera, qué más da! No te excuses nunca por una foto así, Juanito, no es tu estilo….

  2. Amómino dijo:

    Joder, yo he sido incapaz de leer ni una palabra después de ver la foto, y eso que siempre me he considerado un intelectual de cojones.

    • Zote dijo:

      Yo, mesmamente, he dejado de ser un intelectual en el mismo instante de ver los pezones de la zagala… No sé si es consuelo, Amónimo.

  3. Julio dijo:

    Pues no termino de enterarme yo de qué quiere decir con esto, señor Malherido, precisamente usted que se precia de ser tan claro (y yo que lo valoro por ello).

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