Valle-Inclán: los botines blancos de piqué, de Francisco Umbral

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En el diario del año coincidente (1997, supongo), afirma Andrés Trapiello que los botines blancos de piqué del título que Umbral le puso a su hagiografía de Valle-Inclán no son tales, no son piqué, son otra cosa, otra zapatería de época, otros empeines.

Esto ya da cuenta de la habilidad y autoindulgencia de Francisco Umbral a la hora de inventarse la historia, el documento, cuando se pone a hacer ensayos, cosa que, en rigor, sólo hizo con Larra y luego con Valle-Inclán, gracias a dios.

Umbral escribió todo el tiempo sobre sí mismo, y esto incluye aquellos libros suyos que escribió sobre los demás.

El de Larra estaba muy bien, quizá porque era corto, porque era joven (Umbral), porque joven era Larra y su corta edad excusaba las páginas en las que no se tenía nada que decir.

Aquí, sin embargo, tenemos casi trescientas páginas que Umbral rellena sin decirnos siquiera cuándo nació Valle-Inclán, ni quiénes fueron sus editores ni qué suerte corrió su obra en el extranjero, ni en qué calle vivía ni cómo perdió el brazo que tantas fotografía buscaron en balde. Es un ensayo fallido, este.

Y lo es -ironías- no porque Umbral sea como es cuando tiene que elaborar bibliografías y vidas y no pueda dejar de lado, así sea una vez cada cinco páginas, su fuerza lírica y el gusto por leerse -para amarrar con datos el bio-barco-, sino porque ni siquiera su estilo, esta vez, fluye. Los ojos “como platos” me ha dejado leer en Umbral el exabrupto “qué rayos”.

Su estilo personal aquí se le ha despegado de la Olivetti y está todo, qué duda cabe, muy elaborado y bien escrito, pero sin ese fulgor esa chispa esa pasión y esa sorpresa que encontraba uno en Larra, anatomía de un dandy, por citar la otra obra procesal.

Es curiosa la distancia que hay entre escribir bien y escribir tú. Y entre escribir como todos y escribir bien y escribir bien sin ser todos.

Lo más jugoso aquí es freudiano, o así. Tenemos a Umbral hablándonos desde dentro de Valle-Inclán (ya la cubierta del libro establece la similitud absoluta -también física- entre Umbral y Valle-Inclán, sendos genios) y esa ventriloquía egocéntrica no deja de tener su interés porque, a fin de cuentas, es lo más cerca que estaremos nunca de ver al Valle-Inclán interior. Se trata aquí de una aproximación psicopática a la mente creativa de un muerto ilustre; pero el juego, para 270 páginas, no da. Enseguida vemos que cuando Umbral dice que Valle-Inclán viene de Quevedo está diciendo que él viene de Valle-Inclán y obviamente también de Quevedo; y cuando dice que no anota la realidad sino que la crea, lo que nos dice es que él, Umbral, en sus libros, hace eso mismo: inventar el mundo. Etc.

Hubiera sido más honesto y eficaz que Umbral nos dijera abiertamente cómo fue su acercamiento a la obra de Valle-Inclán, cómo le influyó y en qué consistió su propia lectura. Debería haber hecho Umbral una biografía de lector, y no de escritor que se cree a la altura del escritor que comenta.

El método (ejem) de Umbral para elaborar su ensayo consiste en poner un título más o menos aleatorio junto a un número ordinal y soltar todo lo que se le ocurra sobre el asunto. Así, este ensayo está lleno de reiteraciones, frases comunales, ideas vueltas a exponer. Llega a ser irritante la cantidad de veces -unas quince- que Umbral anuncia que de esto “se hablará más adelante” o que tal o cual cosa es de tal o cual manera “como explicaremos más adelante” y luego, según va uno para delante, no acaban de cumplirse nunca estas promesas iluminadoras. O si se cumplen uno ni se entera, de tanto esperar esto y lo otro y lo de más allá más adelante.

En fin, que no.

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18 respuestas a Valle-Inclán: los botines blancos de piqué, de Francisco Umbral

  1. Juan Bonilla dijo:

    qué va, lo hizo también con Lorca, y con Ramón, y con Cernuda -a quien dice que visita en Londres cuando Cernuda ya estaba en México- y hasta con Raphael y con Lola Flores y con Baudelaire -a quien le asigna anécdotas de Rimbaud, o quizá era al revés- y con el sursum corda. Pero de este Valle Inclán del que aquí se habla, hay una versión muy anterior, años sesenta, más comprimida y juvenil, menos cansina. Más umbraliana y recomendable.

    • Juan dijo:

      Al poner en el post lo de que Umbral no había hecho muchos más ensayos, supuse que sí los habría hecho, pues tanto hizo; y lo dejé porque algún comentarista saldría con el dedo en ristre. Y tal. A mí el de Cela, el cadáver exquisito, me gustó muchísimo, por la prosa -el desastre es el mismo-, y eso que lo escribió después de éste, tan notarial.

  2. julian bluff dijo:

    Contaré aquí algo que no sabe nadie y que muy pocas personas conocen ¿¿?? (me ha salido de los güitos ponerlo así; pegaba) y de lo que yo mismo me enteré hace relativamente poco a través de una tía: mi querida abuela, que en paz descanse, fue criadita de Valle-Inclán y, al parecer, don Ramón alguna que otra vez la sentó en su regazo y se dedicó a hacerle monerías. ¡Pobriño, don Ramón! Aquellos sí que eran escritores de verdad.

  3. julian bluff dijo:

    Hombre ¡tanto como niña! ¡ojo!. Los catorce, por lo menos, yo calculo que sí los tendría. Y… bueno… mucho, mucho, no la tuvo que molar a la mujer, cuando, que, a mi conste, no lo comentaba. Y aquí somos mucho de comentarlo todo ¿no?.

  4. julian bluff dijo:

    Disculpas se me ha cortado antes el cometario. Me sentiría como un bellaco, si no dijera aquí, que escribir esto:
    “Su estilo personal aquí se le ha despegado de la Olivetti y está todo, qué duda cabe, muy elaborado y bien escrito, pero sin ese fulgor esa chispa esa pasión y esa sorpresa que encontraba uno en Larra, anatomía de un dandy, por citar la otra obra procesal.
    Es curiosa la distancia que hay entre escribir bien y escribir tú. Y entre escribir como todos y escribir bien y escribir bien sin ser todos”
    … es escribir bien. Muy bien. Y bajo el signo de la “umbralidad”. Que igual, por oficio y beneficio, es el que nos corresponde verazmente a todos los escritores españoles. De casta.

  5. Anónimo dijo:

    También escribió librillos parecidos sobre Ramón, sobre Lorca, sobre Cela y sobre Baudelaire. El mejor es el de Ramón, que es de quien más copió. Umbral es lectura adolescente. Criticarlo es criticar la adolescencia literaria.

    • Juan dijo:

      Si Umbral es lectura adolescente, hay muchos autores jóvenes sin adolescencia, por desgracia.

      • bernardinas dijo:

        Ciertamente, ese es el problema, uno de ellos.

      • bernardinas dijo:

        Y, si no recuerdo mal (no me voy a levantar ahora a mirarlo, como diría él) todo el libro se monta en torno a la confusa idea del ‘wagnerianismo’, más humo que luz, que diría el otro (JRJ) de ‘La lámpara maravillosa’. Lo adolescente de Umbral es esa ‘urgencia metafísica’ (también lo dijo él) de hacerse sonar sin interrupción. Eso es lo adolescente, necesario solo en su momento. Luego empalaga, y aburre.

  6. Jonan dijo:

    Piqué es un buen central, con altibajos, tal vez, pero que sin duda merece su puesto en el Barça y en la selección española. Ahora bien, nunca en la vida, pero es que nunca, llevaría botas ni botines blancos, que otra cosa no, pero es blaugrana hasta las trancas. Visca el Barça!!!

    • Jonan dijo:

      Vale ahora en serio. Este “ensayo” sobre Valle-Inclán tuve la desgracia de leerlo hace tiempo por interés en don Ramón María, no en Umbral (de hecho es el único del libro y medio de Umbral que he conseguido leer… del otro, ya digo, sólo pude con la mitad). Y menudo truño. A pesar de no haber soltado un duro por él, puesto que era de biblioteca pública, me sentí estafado (al menos, por la parte alicuota que me toca).
      Umbral sólo sabía escribir con cierta gracia la columnita de EL MUNDO y a veces ni eso.

  7. Juan dijo:

    Ya dijo Umbral aquello de “Cuando me arranco al bosque de los sueños, a la Shakira oscura del dormir, y me cobro a mí mismo, me voy lentamente completando.”

  8. Javier dijo:

    Juntaba las palabras de puta madre. Decir, no dijo mucho. Y su soberbia y su orgullo y su YO YO gigantesco. Pero cómo juntaba palabras. Da gloria oírlas. De puta madre.

  9. julian bluff dijo:

    Javier, no te equivoques. Escribir consiste en juntar palabras. Y escribir bien en juntar palabras de puta madre. Lo de decir poco, o mucho, es tarea de los ideólogos, de los políticos, de los demagogos. De los filósofos, los teólogos, los necios… Los escritores, de verdad, han de preocuparse sólo de juntar palabras. Y hacerlo de puta madre. Es así ellos como tienen a su alcance deparar la felicidad entre los otros: sin grandilocuencias, sin susurros, sin soflamas… solo con cada palabra justa colocada en su sitio correspondiente😉

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