Melville, de Andrew Delbanco; Leviatán o la ballena, de Philip Hoare

Un estío de cetáceos, ballenero, plúmbeo pretendía yo con la lectura consecutiva de tanto papel sobre marinerías, arpones y grandes chorros de agua. Las ballenas tienen su público, sus niños, su Job. Las ballenas son gordas y nadan y las cazan los japoneses. Las ballenas, ay, qué tiernas.

Un rollo. Delbanco (un inglés, creo; no, un estadounidense de origen X) biografía por lo largo a Herman Melville, que es un señor que escribió libros y se murió de hambre, allá en los XIX. La biografía -como todas las biografías de escritores, ahora que lo pienso- es aburridísima, llena de datos colaterales que a un buen español le resultan inocuos, inanes, incomprensibles. Mucha política de aquella, muchos intelectuales que nadie recuerda; cartas que van y vienen y la mujer de Melville haciendo calceta. Piensa uno, de tanto cagarla leyendo estos libros, que las vidas de los autores las tienen que narrar, primero de todo, ellos mismos; si no les dio tiempo, o no sabían cómo empezarse, que las hagan sus hijas; y si las hijas también nos fallan, que las haga alguien con prisa: esto de dedicar años y años a saber qué color de calcetines llevaba un señor la tarde en que se le ocurrió una metáfora, como que no.

Delbanco nos radiografía Nueva York, por ejemplo, y la verdad es que Nueva York es interesante, pero no cuando lo que quieres leer es la vida de Melville. Hay que saltarse muchas páginas para llegar a la vida de Melville, a cuánto cobraba y cuánto vendía, qué dijo de sus propios libros, qué autores le gustaban y con cuáles hizo buenas migas, cómo se le ocurrieron sus novelas: eso es lo que quiere uno leer, no es tan difícil.

De su primera novela, Melville vendió 6mil ejemplares, lo que estaba bien para el siglo XIX que, a diferencia del siglo XXI, no tenía muchos escritores, sino pocos lectores. Luego de Moby Dick no agotó la edición, no vendió más de dos mil copias, motivo por el cual hizo algunos libros “para comprar tabaco”, que sabía que eran muy malos, e iban los críticos y le decían que había hecho un libro bueno. Qué cruz, la crítica.

Y poco más. Melville ganó alguna fama con sus primeros libros porque ponía palote entre las X de su siglo -subrayaba el palote- al referir las juergas canacas que se daban los marineritos de occidente cuando iban por las islas polinesias. Las polinesias eran muy consentidoras, daban masajes con aceite, daban juego, le hacían a uno sentir el puto Brad Pitt. Eso vendía en el XIX y venderá en el XXII. Pero Moby Dick, pues no.

Luego he leído por encima y aburriéndome Leviatán o la ballena, de Hoare, Philip, que en 2010 publicó Ático de los libros muy bellamente y dio algo que hablar por los internés. Es un coñazo de cuidado. En realidad a mí es que no me interesan las ballenas, y lo malo es que al autor del libro le interesan. Al igual que (nosécómosellama) con Zona, el objeto del ensayo no le interesa a nadie, y si se lee con interés -como pasaba con Zona– es porque el autor, en estos ensayos íntimos, cuenta cosas de sí mismo que nos enternecen. Hoare es bastante cursi e infantil, y va dando vallenatos de su vida y las ballenas que casi parece todo un plagio de Liberad de Willy. También nos habla mucho de Melville, de todo ese salobre literario, de la santa ballena y de lo mucho que sufrió para llegar a fin de mes con sus prosas de derrota.

La verdad es que Melville hizo Bartleby el escribiente y, no saliendo una sola gota de agua, fue lo mejor de su obra. Yo Moby Dick la dejé hace mil años en ese capítulo de treinta páginas -o se me hicieron 30- donde nos cuenta qué tipos de ballenas hay. Dice Vila-Matas que luego eso ha sido moderno, incrustar texto a-literario en la novela. Yo creo que a día de hoy sigue siendo -amén de un plagio- una plasta (el capítulo cetáceo, digo).

Es todo cuestión salina, de punto de sal, de no pasarse con la sal; de salar sabio.

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4 respuestas a Melville, de Andrew Delbanco; Leviatán o la ballena, de Philip Hoare

  1. Omega Man dijo:

    Y el prólogo, del puto Muñoz Molina, para variar.

    • Juan dijo:

      Ah, se me olvidó comentar que el prólogo de AMM, a diferencia del que hizo con los cuentos de Onetti -fenomenal-, es muy flojo.

  2. Edu dijo:

    Supongo que hoy o mañana caerá la reseña de la de Jon Bilbao.
    Apuesto a que te va a decepcionar.

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